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SAN PÍO DE PIETRELCINA

Escribe: Semanario Expresión el 2020-05-24

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Por: Kevin Bryam Oliva Ventura.

Hoy conmemorando el 133° Aniversario del Onomástico de este Gran Santo les vengo a contar una historia que llegó a mi vida en un momento de encrucijadas, penas y dolores en la fe. De la voz de mi mejor amiga y hermana Fátima Araceli del Rosario Seclén Fernández conocí la vida del “Fraile que ora” y es así como también comenzó junto a ella esta “aventura” llena de caminos empedrados, pero con paso firme en nuestra profesión de fe, denominada: GRUPO JUVENIL PADRE PÍO en la Ciudad de Chiclayo.

El 25 de mayo de 1887, en la ciudad de Pietrelcina (Región de Campania, Italia).

En el seno de una familia de clase humilde, trabajadora y muy devota; Nació Francesco Forgione.

Desde niño mostró mucha piedad e incluso actitudes de penitencia. Su infancia se caracterizó por una salud frágil y enfermiza, desde esta edad manifestó un gran deseo por el sacerdocio, nacido por el encuentro que tuvo con un fraile capuchino del convento de Morcone, llamado Fray Camillo, quien pasaba por su casa pidiendo limosna.

Desde su niñez sufrió lo que él llamaba “encuentros demoníacos”, que lo acompañaron durante su vida.

A los 12 años recibió el Sacramento de la Confirmación y la Primera Comunión.

El 6 de enero de 1903, con 16 años, fue aceptado como novicio en el convento de Morcone. La vida en el noviciado era muy dura, llena de ayunos y mortificaciones; era eso lo que ayudaba a discernir si tenían verdadera vocación; en este período las enfermedades que arrastraba desde niño fueron aumentando y permanecieron con él hasta el día de su muerte.

El 22 de enero de 1904 terminó su noviciado y pronunció sus votos temporales.

El 25 de enero de ese mismo año se trasladó al convento de Sant’Elía para continuar con sus estudios.

El 27 de enero de 1907 hizo la profesión de sus votos solemnes y ese mismo año fue trasladado al convento de Serracapriola, en esta época la gente de su pueblo confiaba en él, pidiéndole consejo, y así Francesco empezó una dirección de almas.

Una fecha especial para cualquier persona que se decide entregar a Dios, nunca se olvida. Por eso el 10 de agosto de 1910 fue consagrado sacerdote en la catedral de Benevento. Pero permaneció con su familia hasta 1916 por motivos de salud. Allí en su pueblo natal dijo haber recibido los estigmas.

Sin duda alguna lo que hizo más famoso al padre Pío fue el fenómeno de los estigmas, llamados pasionarios (por ser semejantes a los de Jesucristo en su Pasión): heridas en manos, pies, costado y hombro, dolorosas aunque invisibles entre los años de 1911 y 1918, y luego visibles durante 50 años, desde septiembre de 1918 hasta septiembre de 1968. Su sangre tenía al parecer perfume de flores, aroma asociado a la santidad.

Tanta fue la noticia de que el padre Pío tenía los estigmas que se extendió rápidamente.

 Muy pronto miles de personas acudían a San Giovanni Rotondo para verlo, besarle las manos, confesarse con él y asistir a sus misas que duraban alrededor de tres horas. Pues se trataba del primer sacerdote estigmatizado.

Ante la fama del padre, la Santa Sede envió a investigar a una celebridad en materia de psicología, el sacerdote Agostino Gemelli (franciscano, doctor en medicina, fundador de la Universidad Católica de Milán y amigo del papa Pío XI).

Cuando el padre Gemelli se fue de San Giovanni, sin haber visto siquiera los estigmas, publicó un artículo en que afirmaba que estos eran de origen neurótico. El Santo Oficio se valió de la opinión de este psicólogo e hizo público un decreto que declaraba que “No se constata la sobrenaturalidad de los hechos”.

En los años siguientes hubo otros tres decretos y el último fue condenatorio, pues en este se le prohibían las visitas al Padre Pío o mantener alguna relación con él, incluso epistolar. Pues como consecuencia de esta decisión el padre Pío pasó 10 años aislado completamente del mundo exterior.

A raíz de la Segunda Guerra Mundial, el padre fundó los «Grupos de Oración del Padre Pío». Hecho que a la actualidad suman 1400 grupos con más de 150 000 miembros.

El 9 de enero de 1940, el padre Pío reunió a tres de sus grandes hijos espirituales y les propuso un proyecto al que él mismo se refirió como “su obra más grande aquí en la Tierra”

La fundación de un hospital que habría de llamarse Casa Alivio del Sufrimiento.

El 5 de mayo de 1956 se inauguró el hospital con la bendición del cardenal Lercaro y un inspirado discurso del papa Pío XII, pues la finalidad del hospital es curar a los enfermos tanto desde el punto de vista espiritual como físico.

Hospital que funciona hasta la actualidad y sigue llevando ayuda no solo física, sino también espiritual.

El 20 de septiembre de 1968 el Padre Pío cumplió 50 años de sufrir los estigmas, celebrando una misa multitudinaria. Sus fieles colocaron alrededor del altar cincuenta grandes macetas con rosas rojas, por sus cincuenta años de sangre. Pero tres días después, el 23 de septiembre de 1968, el padre Pío falleció a los 81 años.

Su funeral fue tan multitudinario que hubo que esperar cuatro días para que la multitud de personas pasara a despedirse, pues se calcula que hubo más de 100 000 participantes en el entierro.

En noviembre de 1969 comenzaron los preliminares de la causa de beatificación del Padre Pío.

El 18 de diciembre de 1997, el papa Juan Pablo II lo declaró venerable.

El 2 de mayo de 1999, el mismo papa lo beatificó, y el 16 de junio de 2002, lo canonizó bajo el nombre de San Pío de Pietrelcina.

Pues ya teniendo una base en la historia de la vida de Padre Pío de Pietrelcina, podemos decir que al igual que el apóstol Pablo, puso en la cumbre de su vida y de su apostolado la Cruz de su Señor como su fuerza, su sabiduría y su gloria. Inflamado de amor hacia Jesucristo, se conformó a Él por medio de la inmolación de sí mismo por la salvación del mundo. En el seguimiento y la imitación de Cristo Crucificado fue tan generoso y perfecto que hubiera podido decir “con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 19).

Derramó sin parar los tesoros de la gracia que Dios le había concedido con especial generosidad a través de su ministerio, sirviendo a los hombres y mujeres que se acercaban a él, cada vez más numerosos, y engendrado una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales.

Y quiero finalizar esta columna agradeciendo a Dios por hacerme instrumento de servicio, agradecer a las personas que me permitieron escribir estas líneas para de esta forma hacer llegar la historia de nuestro San Pío de Pietrelcina a muchas más personas, también a mi familia, así como a cada uno de los integrantes de mi Grupo Juvenil Padre Pío porque ellos son el motivo por el cual sigo tratando de dejarme formar por Dios, bajo la intercesión de María Santísima y tratando de imitar las virtudes de este valioso Fraile.

Que María Santísima, Reina y Señora de todo lo creado los cubra con su manto santo y los libre de todo mal, no olvidemos ser “Inmensamente gratos a María, pues ella nos dio a Jesús” – San Pío de Pietrelcina.

 

ORA, ESPERA Y NO TE PREOCUPES…

FELIZ 133° CUMPLEAÑOS SAN PÍO DE PIETRELCINA.

 

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