El Museo Arqueológico Nacional Brüning cumple 100 años de creación, siendo el segundo recinto museográfico más antiguo del Perú, después del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia de Pueblo Libre. En su inventario se tiene registro de más de 17 mil piezas pertenecientes a diferentes culturas que se desarrollaron en el territorio de Lambayeque. Sin embargo, debido a la falta de espacio, 15 mil están en los depósitos y no se pueden exhibir. Hace diez años, su director, Carlos Wester La Torre, espera del Estado la decisión política para concretar el proyecto de ampliación del edificio.
“Las instituciones que llegan a esta edad lo hacen porque han superado al tiempo y han sorteado una serie de obstáculos y circunstancias, se han enriquecido con las experiencias que se van acumulando. Este museo no suma solo cien años, sino la acumulación de una larga y admirable experiencia, habiendo recibido la visita de miles de personas, convirtiéndose en un emblema para el país”, señala Wester La Torre.
La historia del Museo Brüning está estrechamente vinculada a la conmemoración del primer centenario de la independencia del Perú.
El 10 de julio de 1921 el entonces presidente de la república, Augusto B. Leguía, de cuna lambayecana, inauguró el museo que se convertiría en epicentro de varios de los hallazgos arqueológicos más importantes para la historia del país.
Tras varias coordinaciones, en las que intervino como facilitador el ‘Padre de la Arqueología Peruana’, Julio C. Tello, el Estado Peruano llegó a un acuerdo para la compra de la voluminosa colección del investigador y etnógrafo alemán Hans Heinrich Brüning, estimada en seis mil piezas de incalculable valor.
La inauguración del museo en Lambayeque formó parte de los actos celebratorios del primer centenario de la independencia. El edificio actual, ubicado en la Avenida Huamachuco de la ‘Ciudad Evocadora’ fue construido y puesto en funcionamiento en 1966, en el primer gobierno de Fernando Belaunde Terry.
La colección Brüning
“Las negociaciones se hicieron entre 1916 y 1921, mediando don Julio C. Tello para la transferencia de la colección de Brüning al Estado, que para ese momento ya era una de las más ricas del país, dadas las piezas de tecnología e historia que se tenían. Dentro de toda la colección destaca la de metales, que es una de las más importantes que existen en el país y revela el talento del hombre”, menciona.
Las piezas metálicas de la colección Brüning son de oro, plata, cobre y aleaciones, pertenecientes a culturas como Vicus, Chavín, Mochica, Lambayeque o Sicán, Chimú e Inca.
“Hay objetos del período formativo también, de ahí que la colección de Brüning es muy rica en cerámica, textiles, orfebrería y demás, la cual era increíble para su tiempo y se ha ido enriqueciendo con las investigaciones arqueológicas que se realizaron después, como la de Sipán, por ejemplo, a cargo del doctor Walter Alva cuando era director del museo, en 1987, así como las investigaciones que hemos realizado en Chornancap”, comenta.
Exposición y espacio
El Museo Nacional Brüning conserva en la actualidad 17 mil piezas arqueológicas, de acuerdo a su último inventario, de las cuales solos dos mil están en exhibición. El resto de piezas, más de 15 mil, deben rotarse entre las diferentes salas cada cierto tiempo, debido a la falta de espacio para la adecuación de nuevas galerías. De ahí la necesidad de ampliar el recinto museográfico.
Carlos Wester explica que la finalidad es duplicar el número de piezas en exposición permanente, para lo cual desde hace diez años, aproximadamente, gestiona la ejecución del proyecto de ampliación y modernización del museo, que de acuerdo al estudio de inversión demandaría una inversión de 25 millones de soles (costo actualizado al 2019), que resultaría mínima considerando el impacto que tendría la obra tanto para la cultura como para el turismo en el departamento.
Antes del inicio de la pandemia por el COVID-19, el museo recibía 50 mil visitantes, entre nacionales y extranjeros, al año, cifra que se ha reducido al 10 %, pero que es remontable en la medida que los indicadores de contagio se reduzcan e incrementen las actividades vinculadas al sector turismo.
“Hemos concluido con el saneamiento físico legal del terreno, porque el área no tenía registro. Ahora ya está inscrita a nombre del Ministerio de Cultura y del museo, en tanto el espacio en el que funcionan las oficinas administrativas debe ser transferido por el sector Educación a Cultura”, detalla.
Wester La Torre confía en que el proyecto de ampliación del museo se inicie en el 2022 y concluya en el 2024, año en el que el Perú concluirá la conmemoración del bicentenario de la independencia al celebrar los 200 años de la batalla de Ayacucho.
Sitios a intervenir
Otro de los proyectos pendientes que tiene el museo es la realización de trabajos de investigación arqueológica en complejos como Apurlec, ubicado en Motupe, donde hasta el momento ha sido imposible intervenir debido a su gran extensión, pero también por el asentamiento de familias en las zonas comprendidas dentro del espacio arqueológico.
En la medida de sus posibilidades, el museo ha iniciado la realización de trabajos de demarcación satelital, a fin de identificar con precisión las zonas monumentales.
“Con el uso del satélite y de la fotografía por drone hemos empezado a construir un mapa situacional que nos va a permitir trazar una estrategia de cuál sería el propósito de la intervención y cuánto tiempo podría tardar. Allí se requiere una intervención, además, multidisciplinaria, porque hay un par de poblaciones: Anchovira y Apurlec, con las que debemos llegar a un entendimiento para integrarlas y puedan formar parte de este gran proyecto de investigación”, comenta.
También están pendientes de intervención sitios como Huaca La Pava, en Mochumí; Huaca Los Perros, en Solecape; Huaca Bandera, en Pacora; Jotoro. en Jayanca y Los Boliches. en Olmos.
“Para ello se necesita de verdadera articulación con los gobiernos locales y el Estado en su conjunto. El problema está en que alcaldes y gobernadores regionales consideran que invertir en investigación arqueológica demora mucho en dar resultados y, por lo tanto, no le encuentran el valor suficiente para repotenciar la identidad de los pueblos. Hay dificultad de entender la dimensión que tienen las investigaciones, pero también hay un problema de competencias. Las dependencias del gobierno regional, por ejemplo, no están articuladas al sector cultura para desarrollar la gobernanza que quisiéramos”, señala.
Lamenta que actualmente Lambayeque, siendo el departamento que tiene seis de los museos más importantes del país, no tenga ningún proyecto de investigación arqueológica permanente, debido a que no se asignan los recursos necesarios para ello.
“La investigación arqueológica está paralizada y es contraproducente, por ejemplo, que el proyecto Sipán, uno de los mejores, que tanto le ha brindado a nuestro país, esté paralizado. En la misma situación están otros proyectos como Sicán, Túcume, Chotuna, Ventarrón. Se ha ido perdiendo ritmo, lamentablemente solo se nos ha limitado a intervenciones cortas, cuando lo que necesitamos son investigaciones permanentes, en los que la población pueda apreciar el trabajo arqueológico. Ojalá se dé un cambio en esa perspectiva”, indica.
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