Durante el periodo 2015–2024, el feminicidio en el Perú ha mostrado una persistencia alarmante que las cifras oficiales no logran desmentir. Lejos de evidenciar una reducción sostenida, los registros administrativos y estadísticos revelan una violencia letal contra las mujeres que se mantiene en rangos elevados, con picos recurrentes y una estabilidad que, más que tranquilizadora, resulta preocupante. Así lo confirma la Nota estadística N.° 09-2025, elaborada a partir de los registros del Programa Nacional Warmi Ñan del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables – MIMP, y del Comité Estadístico Interinstitucional de Criminalidad (CEIC) del Instituto Nacional de Estadística e Informática - INEI.
El documento pone en evidencia no solo la magnitud del problema, sino también las tensiones metodológicas y funcionales entre los sistemas de registro del Estado, cuya coexistencia permite observar el fenómeno desde distintas etapas del proceso de atención, investigación y validación judicial. Sin embargo, más allá de las diferencias técnicas, ambas fuentes coinciden en un diagnóstico central: el feminicidio no ha disminuido en el país durante la última década.
Dos registros, una misma violencia estructural
Entre 2015 y 2024, el CEIC del INEI reportó un total de 1345 feminicidios, mientras que el Programa Nacional Warmi Ñan registró 1384 casos con características de feminicidio en el mismo periodo. La diferencia numérica entre ambos registros no responde, según el propio documento, a inconsistencias estadísticas, sino a los distintos objetivos y alcances de cada sistema.
El registro del MIMP está orientado a la atención inmediata, el acceso a la justicia, el acompañamiento emocional y la gestión social de los familiares de las víctimas. En ese marco, incorpora hechos que presentan características de feminicidio aun cuando la calificación judicial definitiva esté pendiente. En contraste, el registro del INEI responde a un proceso de validación estadística rigurosa, sustentado en la investigación judicial, la depuración metodológica y el cotejo interinstitucional.
Esta dualidad permite observar el fenómeno tanto en su fase temprana como en su confirmación oficial. No obstante, el análisis comparativo muestra que ambos sistemas presentan patrones similares: baja casuística en 2015, un incremento progresivo hasta 2018, un descenso en 2020 y una estabilización posterior en niveles altos.
Picos Y descensos
En el registro del CEIC del INEI, los feminicidios aumentaron de 84 casos en 2015 a 150 en 2018, evidenciando un crecimiento sostenido en los primeros años del periodo analizado. A partir de 2019, la cifra se estabiliza en un rango elevado que oscila entre 137 y 154 casos anuales, sin mostrar una tendencia clara a la baja.
El año 2024 destaca como el más crítico del periodo, con 154 feminicidios, la cifra más alta registrada por el INEI desde que se cuenta con información sistematizada. En contraste, 2020 constituye el punto más bajo del tramo 2018–2024, con 137 casos, una disminución que no se consolida en los años siguientes.
El registro del MIMP refleja un comportamiento similar, aunque con cifras ligeramente mayores. En 2023, por ejemplo, se registraron 170 casos con características de feminicidio, mientras que en 2024 la cifra descendió a 162, sin que ello implique una reversión estructural de la tendencia. La coincidencia de picos en 2018 y 2024, así como el descenso común en 2020, refuerza la lectura de que se trata de un fenómeno persistente, más allá de las diferencias institucionales.
La tasa poblacional
Uno de los aportes centrales del INEI es la incorporación de un enfoque poblacional, mediante el cálculo de la tasa de feminicidio por cada 100 mil mujeres. Este indicador permite evaluar la magnitud del problema considerando el crecimiento demográfico y evita interpretaciones que atribuyan el aumento de casos únicamente al incremento de la población.
Según el documento, entre 2015 y 2018 la tasa pasó de 0,5 a 0,9, mostrando un incremento sostenido. Desde entonces, se ha mantenido estable entre 0,8 y 0,9, sin evidenciar una tendencia descendente hasta 2024. En ese último año, la tasa se ubicó nuevamente en 0,9 por cada 100 mil mujeres.
Este comportamiento demuestra que, incluso ajustando por población, el feminicidio no ha disminuido en el país. Por el contrario, se mantiene en un umbral elevado que sugiere la persistencia de factores estructurales de carácter social, cultural y relacional, tal como señala el propio análisis del INEI. La estabilidad de la tasa refuerza la idea de que las políticas implementadas hasta ahora no han logrado un impacto sostenido en la reducción de la violencia feminicida.
El registro integrado
El documento destaca que el Registro Integrado de Feminicidio del CEIC del INEI constituye un hito en la consolidación estadística del país y es reconocido como la cifra oficial sobre feminicidio en el Perú. Su desarrollo se visibilizó en 2019 con la publicación del informe “Los feminicidios y la violencia contra la mujer en el Perú, 2015–2018”, actualizado anualmente hasta incluir los datos de 2024.
Este registro integrado se construye a partir del cotejo caso por caso de tres fuentes administrativas: el registro del Programa Nacional Warmi Ñan del MIMP, el registro de feminicidio del Ministerio Público y el registro de muertes violentas de mujeres de la Policía Nacional del Perú. El proceso incluye la eliminación de duplicidades, la verificación en RENIEC y la validación conforme avanza la investigación judicial.
Si bien este método garantiza una base depurada y rigurosa, el propio INEI reconoce que introduce demoras en la difusión oficial de la información, dado que la actualización es anual y depende del avance de los procesos judiciales. En ese sentido, el registro del MIMP, actualizado mensualmente, cumple un rol complementario al permitir la detección oportuna de tendencias y la visibilización temprana de los casos.
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