El Perú podría enfrentar importantes desafíos económicos, productivos y sociales durante el periodo 2026-2027 si se concreta un nuevo episodio del Fenómeno El Niño (FEN). Así lo advierte el “Informe de Impacto Económico y Social del Fenómeno de El Niño Perú 2026-2027”, elaborado por la consultora Maximixe, documento que analiza los posibles efectos del evento climático sobre la economía nacional, los sectores productivos, las regiones más vulnerables y la población expuesta.
El estudio busca convertir el riesgo climático en una herramienta para la toma de decisiones, tanto en el sector público como privado. Para ello, integra información climática, escenarios macroeconómicos, análisis sectoriales, evaluación de riesgos sociales y sistemas de alerta temprana que permitan anticipar impactos y adoptar medidas preventivas.
Según la consultora, uno de los principales aportes del informe es ofrecer una visión integral de cómo un evento climático puede afectar simultáneamente la producción, el empleo, las cadenas de abastecimiento, las finanzas públicas y la calidad de vida de millones de personas.
Impacto sobre la economía nacional
Uno de los aspectos centrales del estudio es la evaluación de los efectos macroeconómicos que podría generar el Fenómeno El Niño sobre la economía peruana. El informe considera escenarios de distinta intensidad y analiza sus consecuencias sobre variables clave como el Producto Bruto Interno - PBI, la inflación, el empleo, las exportaciones, el tipo de cambio y las cuentas fiscales.
La consultora señala que el fenómeno tiene la capacidad de alterar los principales motores de la economía mediante diversos canales de transmisión. Entre ellos figuran la afectación de la producción agrícola y pesquera, las interrupciones en el transporte, el incremento de costos logísticos y la reducción temporal de actividades económicas en zonas vulnerables.
Asimismo, se advierte sobre posibles presiones inflacionarias derivadas del encarecimiento de alimentos y servicios de transporte. El informe también analiza los riesgos que podrían recaer sobre la balanza comercial, la deuda pública y el mercado laboral, especialmente en regiones donde la actividad económica depende de sectores altamente sensibles a las condiciones climáticas.
Otro aspecto destacado es la evaluación de los efectos que el fenómeno podría generar sobre el sistema financiero. El estudio identifica la posibilidad de un deterioro de la capacidad de pago de empresas y familias, así como mayores niveles de mora y refinanciación de créditos en aquellas zonas que resulten más afectadas por lluvias intensas, inundaciones o interrupciones productivas.
Sectores productivos bajo presión
El informe dedica una amplia sección al análisis de los sectores económicos que podrían experimentar mayores impactos durante el desarrollo del fenómeno.
En agricultura y agroexportación, el estudio examina los riesgos para cultivos como mango, arándano, palta, limón, papa, arroz, maíz, caña de azúcar, café y algodón. Las variaciones de temperatura, las lluvias intensas, la proliferación de plagas y las dificultades logísticas figuran entre los factores que podrían afectar la producción y comercialización.
La pesca constituye otro de los sectores más sensibles. Maximixe analiza los posibles efectos sobre la anchoveta, la harina de pescado, la pesca artesanal, la acuicultura y especies como la concha de abanico. Las alteraciones en la temperatura marina y la disponibilidad de recursos podrían generar cambios importantes en la actividad extractiva y en la industria vinculada al procesamiento de productos hidrobiológicos.
La minería tampoco está exenta de riesgos. El informe evalúa impactos potenciales sobre la producción de cobre, oro, zinc, plomo y plata, considerando las dificultades que podrían surgir en el transporte de minerales, el abastecimiento de insumos y la operatividad de corredores logísticos estratégicos.
Asimismo, se analizan posibles afectaciones en la manufactura, la construcción, el comercio, el turismo y el sector energético. En varios casos, las consecuencias estarían asociadas a interrupciones de infraestructura, limitaciones en el abastecimiento y aumento de costos operativos.
La consultora advierte además que los efectos de un evento climático severo podrían extenderse más allá del periodo de emergencia y mantenerse durante la etapa de reconstrucción, generando nuevas demandas de inversión pública y privada.
Regiones del norte
El análisis regional identifica a varias zonas del país con elevados niveles de exposición económica, social y logística frente a un eventual Fenómeno El Niño.
Entre las regiones consideradas críticas figuran Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Ica, Arequipa y Moquegua. Estas jurisdicciones concentran importantes actividades agrícolas, pesqueras, comerciales y de transporte que podrían verse afectadas por lluvias extraordinarias, huaicos, inundaciones y daños en infraestructura.
El estudio también incorpora a Áncash, Lima y San Martín dentro del grupo de regiones con exposición significativa.
En el caso de Lima, el informe señala que podría experimentar efectos indirectos derivados de problemas de abastecimiento, incremento de precios, presiones inflacionarias y repercusiones sobre el sistema financiero y las finanzas públicas.
La evaluación regional busca identificar los territorios donde la prevención y la planificación de contingencias resultan más urgentes, especialmente en materia de infraestructura crítica, drenaje, transporte, salud y protección de poblaciones vulnerables.
Uno de los elementos resaltados por la consultora es la necesidad de priorizar inversiones preventivas antes de la ocurrencia de eventos extremos, con el fin de reducir daños económicos y sociales posteriores.
Consecuencias sociales y riesgos para la población
Más allá de los efectos económicos, el informe dedica especial atención a las repercusiones sociales que podría generar el fenómeno.
La investigación evalúa la exposición de la población a riesgos directos y analiza escenarios relacionados con damnificación, desplazamientos forzados y afectación de viviendas.
Uno de los aspectos más sensibles es la seguridad alimentaria. El estudio advierte que las alteraciones en la producción agrícola y los problemas logísticos podrían ejercer presión sobre la canasta básica de alimentos, afectando especialmente a los sectores de menores ingresos.
En el ámbito sanitario, se identifican riesgos vinculados a enfermedades como dengue, infecciones diarreicas, enfermedades respiratorias y problemas asociados a la salud mental. El incremento de temperaturas, la acumulación de agua y las condiciones de emergencia suelen crear escenarios favorables para la propagación de diversas enfermedades.
La infraestructura de salud y educación también figura entre los sectores vulnerables. Daños en establecimientos, interrupciones de servicios y dificultades de acceso podrían afectar la atención médica y la continuidad educativa en zonas impactadas.
El informe incorpora además un análisis de grupos con mayor exposición social, considerando factores territoriales y condiciones de vulnerabilidad que podrían amplificar los efectos del fenómeno sobre determinados segmentos de la población.
Prevención y toma de decisiones
Uno de los principales mensajes del estudio es que los impactos de un eventual Fenómeno El Niño pueden mitigarse mediante una adecuada preparación y monitoreo continuo.
Para ello, la consultora propone un sistema de seguimiento basado en indicadores climáticos, económicos y sectoriales que permitan actualizar periódicamente la evaluación del riesgo durante 2026 y 2027.
El esquema contempla el monitoreo de variables climáticas semanales y mensuales, pronósticos estacionales y umbrales de alerta clasificados en niveles verde, amarillo y rojo.
En el ámbito económico, se plantea seguir indicadores como la producción de anchoveta, los precios mayoristas, el índice de precios de alimentos, el tipo de cambio, el spread soberano, las reservas internacionales, la ejecución presupuestal y el empleo formal.
El informe también recomienda contrastar permanentemente la información generada por organismos especializados como NOAA, IRI, ENFEN y otros centros de pronóstico, con el propósito de construir escenarios actualizados y mejorar la capacidad de respuesta.
Para Maximixe, la utilidad de este enfoque radica en que permite pasar de la simple observación de señales climáticas a la adopción de decisiones concretas en materia de continuidad operativa, abastecimiento, inversión, financiamiento, gestión de riesgos y protección social.
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