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OBISPO DE CHICLAYO REFLEXIONA SOBRE LA COYUNTURA NACIONAL: “PARECIERA QUE MÁS IMPORTANTE QUE EL SERVICIO ES EL PODER”

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1044

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Monseñor Robert Prevost Martínez, obispo de la Diócesis de Chiclayo, señala que los peruanos no deben perder la esperanza, sobre todo en una fecha tan especial como la Navidad y a pocas semanas de la llegada del papa Francisco al país. Estos acontecimientos – afirma – deben servir para hacer una reflexión serena y seria de lo que sucede en el país y de lo que se desea para el futuro.

 

El líder de la Iglesia Católica en Lambayeque, quien inicia su cuarto año como obispo de la Diócesis, refiere también que es en las familias donde debe empezar el cambio social que se busca, para de este modo reducir los índices de corrupción y violencia.

En la siguiente entrevista, el prelado comparte sus opiniones sobre la coyuntura nacional y sus deseos para el 2018.

 

¿Qué sentimientos debe motivar el renacimiento de Jesús para los fieles católicos? ¿Es la Navidad una fecha especial para reflexionar sobre todo lo sucedido en el año?

Con todo lo que está pasando en el país hay que hacer mucha reflexión, tomar las cosas con mucha serenidad, pero también con seriedad, porque hay distintos acontecimientos que están sucediendo y que van a marcar el país para el futuro.

Por su puesto, la Navidad es la reencarnación del amor de Dios. Nadie puede entender la Navidad si pierde ese aspecto de la fe. Dios se hizo hombre, Dios quiso venir, envió a su hijo precisamente para comunicar su amor y para ofrecernos la vida eterna. Esta vida eterna también tiene consecuencias, efectos, impacto en nuestra vida aquí y ahora, y como cristianos tenemos que vivir este milagro de amor que es la Navidad.

 

El 2017 puso a prueba a los peruanos, sobre todo en la práctica de una de las virtudes que los cristianos deben practicar: el amor al prójimo reflejado en la solidaridad. El Fenómeno El Niño fue una oportunidad especial para demostrarla.

Sí, todos los que hemos vivido el desastre lo sabemos. Hasta ahora hay muchas personas que siguen sufriendo las consecuencias, hay muchas familias que siguen viviendo en carpas, en forma muy precaria a consecuencia del fenómeno y ante ello aparecieron las expresiones de solidaridad de muchísimas personas, de muchísimas familias de buena voluntad, que aún siguen donando víveres, ropa, juguetes ahora en la Navidad, para llevar un poco de alegría a los pueblos más alejados.

En situaciones complejas y difíciles como las que hemos vivido se descubren valores que están muy fuertes en el pueblo, esa capacidad de compartir, de preocuparse unos por otros y darnos la mano. Pero eso se contrasta con otras dimensiones y con lo que estamos viendo con los debates políticos.

Pareciera que más importante que el servicio es el poder, que más importante es ganar o dominar que el bien común. Siendo Navidad creo que hay que mirar mucho estas dimensiones de cómo queremos vivir, qué es lo que queremos para el pueblo.

 

¿Le apena lo que está pasando en el país?

Bastante, a decir verdad. Lo veo como algo muy triste y con cierta vergüenza. Ver todo lo que está pasando me da muchas razones para reflexionar y pensar o buscar con otros qué hacer para ayudar. Providencialmente estamos próximos a algo muy grande, que es la llegada del papa Francisco.

 

En medio de tanta tristeza y desconcierto se abre una puerta de alegría, entusiasmo y júbilo con la llegada del Papa al Perú.

Personalmente creo que es un momento histórico para el país. Se puede decir que es coincidencia, pero como una visión del futuro, hace seis meses cuando habíamos recibido la primera noticia de la llegada del papa escogimos como lema: “Unidos por la esperanza”, frase que expresa, manifiesta concretamente el espíritu y deseo que hay en casi todo el pueblo de recibir un mensaje de esperanza, de comunidad, de unidad, que realmente nos ayudará a superar las crisis que vivimos.

 

Por las características del discurso del papa Francisco, es muy probable que en sus homilías aborde la problemática política del Perú. ¿Lo cree así?

La situación política es muy seria y más la realidad de la corrupción que existe no solo en la política. Tenemos que empezar a entender que hay formas de corrupción muy pequeñas, como cuando no  se quiere pagar impuestos o entregar boleta o factura para no pagar el IGV, hasta niveles enormes como lo que ha pasado con Odebrecht no solo aquí, sino también en otros países de América Latina.

Todo ello tiene que ver con la familia, con cuestionarnos qué formación le estamos dando a nuestros hijos, a nuestros jóvenes. Creo que en ese aspecto hay que hacer una invitación a todos a reflexionar sobre cómo podemos trabajar con mayor responsabilidad para construir una sociedad mejor, más sólida, más honesta y transparente. Seguramente el papa también hablará de esas cosas.

 

El 2018 será un año especial, se aproximan las elecciones regionales y municipales y, además, se espera que empiece la reconstrucción de los departamentos afectados por El Niño Costero. ¿Cuál es su reflexión sobre Lambayeque? ¿Qué espera de las autoridades y los ciudadanos en el año venidero?

En las últimas elecciones generales se hablaba que se consolidaba un período de 20 años de gobiernos democráticos, pero vivir en democracia significa mucho más que votar y olvidarse de todo durante cinco años. La corresponsabilidad que un ciudadano debe sentir, el deseo, la necesidad de que todos estemos activamente participando de los procesos políticos, sociales, en la lucha contra la corrupción, de la dignidad y los derechos de la mujer, en fin, podemos citar una lista de cosas, es necesaria.

Tenemos responsabilidad como ciudadanos y como cristianos y tenemos que poner de nuestra parte para exigir y lograr cambios. Muchas cosas no serán solucionadas con facilidad, pero trabajando juntos creo que sí se puede.

Lambayeque tiene aspectos humanos muy positivos, pero nos falta mucho. Quizá, cuando aparentemente se lograban algunos cambios llegaron los desastres naturales y nos hizo retroceder más allá de lo que ya estábamos. Temas como la limpieza pública, problemas en las obras, quedan por resolver.

Hacemos la invitación a las autoridades a que en su último año puedan hacer, trabajar y aprovechar el tiempo que les queda para levantar a nuestra ciudad y región.

 

¿Y la iglesia? ¿Cómo ha cambiado en estos últimos años en Lambayeque?

Tenemos buenas iniciativas, lógicamente la visita del papa nos ha levantado el espíritu a todos y ayuda mucho. Es como un regalo de Dios para nosotros.

Estamos próximos a cumplir un año de la aplicación de un nuevo proyecto pastoral que busca involucrar con mayor responsabilidad a los laicos en la vida de la iglesia. Estamos trabajando con los sacerdotes, religiosas y laicos buscando dar más vida y generar más compromisos en las parroquias.

Por otro lado, Cáritas está trabajando muy bien ahora. Antes del desastre natural, de El Niño Costero, ya lo venía haciendo. Hay buenas expresiones con el trabajo de voluntarios y la solidaridad de muchas personas. Son cosas hermosas las que se están dando.

 

El próximo año se celebran los 150 años del hallazgo de la Cruz de Motupe. ¿Qué actividades se están organizando para destacar este acontecimiento tan importante para la feligresía del departamento?

Hace más de medio año se creó una comisión especial en Motupe para ir preparando las celebraciones que habrá a lo largo del año. En esto también vino como hermosa sorpresa la llegada del papa en enero del 2018, que es el jubileo de la cruz.

Desde un principio se decidió que una de las imágenes que se llevarían a Trujillo para la misa que oficiará el papa es la Cruz de Chalpón, entonces estará cerca de él, en el altar principal, donde se realizará una celebración de fe y de esta creencia popular que vive nuestra gente.

Ese será uno de los muchos momentos especiales que se han considerado en el año de celebración.

 

En 1985, cuando llegó Juan Pablo II a Trujillo, el entonces obispo de Chiclayo, monseñor Ignacio María Orbegozo, mandó a confeccionar la imagen de Nuestra Señora de la Paz, que fue bendecida por el papa. ¿Se ha pensado en un acto similar para la llegada del papa Francisco?

Hemos preparado una imagen nueva que es de la Sagrada Familia. O sea, la Virgen María, San José y Jesús, ya adolescente, forman esta nueva imagen que llevaremos a Trujillo para que sea bendecida por el papa Francisco. A partir de ahí trabajaremos para crear un centro para las familias de nuestra Diócesis.

Cuando hablamos de los problemas de la sociedad, de la corrupción o la violencia, tenemos que volver la mirada a la familia, ahí hay que empezar a trabajar. Entonces, crear espacios y dedicar más energías a las familias jóvenes, darles oportunidades y formación, es una de las maneras de ayudar a mejorar la iglesia y la sociedad.

Buscaremos un terreno para construir el santuario, que además será una casa de retiro para las familias.

 

Finalmente, ¿han incrementado las vocaciones sacerdotales en Lambayeque? ¿Cuál es la situación del seminario en estos momentos?

Gracias a Dios, en Chiclayo tenemos un buen número de seminaristas. Curiosamente muchas diócesis en el Perú no pueden decir lo mismo. La crisis que se ha vivido en muchos países, sobre todo en occidente, ha ocasionado que la iglesia sufra la disminución de vocaciones y seminaristas.

Se requiere de mucho trabajo y del apoyo de las familias y las parroquias. Aquí, cada año, tenemos un buen número de jóvenes que ingresan al seminario e inician un proceso de discernimiento que dura siete u ocho años como mínimo.

Espero que la visita del papa sirva para despertar la inquietud en otros jóvenes y que por lo menos puedan hacerse la pregunta. Muchos tienen miedo. Hoy los jóvenes cuando piensan en compromisos para toda la vida o en la responsabilidad del ministerio sacerdotal, corren. Yo creo que hay que tener confianza, si Jesús te llama no hay que tener miedo. 

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