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EL PBI DE LA DESOBEDIENCIA: ¿Cómo el Perú creció a espaldas del manual?

Escribe: Límberg Chero Senmache (*)
Edición N° 1431

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Durante décadas, la academia tradicional y la burocracia han intentado conducir el desarrollo desde la comodidad de las juntas y mesas de trabajo, incluso, en algunos países y organismos multilaterales, redactando densos manuales y prometiendo la utópica llegada del bienestar. Sin embargo, La realidad es mucho más fascinante y bastante menos cercana a la teoría tradicional de manual. Señores, el "milagro peruano" es, en esencia, la victoria absoluta de la información descentralizada y el capital autogenerado desde la base.

El progreso real, el que sostiene la olla y dinamiza los mercados, ocurrió precisamente cuando la gente decidió dejar de mirar al Estado, ignoró los planes maestros y empezó a conectarse por sí misma.

El smartphone

Escuchamos y contribuimos con formar durante gran parte del siglo XX la imagen de la comunidad rural andina o costeña como ecosistemas aislados, esperando pasivamente a que un ministerio le construyera un puente o le subsidiara un tractor. Mientras los técnicos debatían intervenciones territoriales, el ciudadano de a pie simplemente fue y se compró un teléfono… y ¿qué pasó luego?  De acuerdo con el Informe Técnico de Estadísticas de las Tecnologías de Información y Comunicación (INEI, cierre 2023), el 88.0 % de los hogares rurales en el Perú ya cuenta con al menos un teléfono celular, y un contundente 81.6% posee un smartphone con conexión a internet.

No fue la firma de un decreto lo que rompió el aislamiento histórico; fue la pulverización de las asimetrías de información. Saber a cuánto cotiza la papa, el arroz o el maíz en el mercado mayorista en tiempo real, a través de un mensaje de texto, eliminó la dependencia de los acopiadores abusivos. Esta economía de red generó saltos porcentuales en la productividad rural muy superiores a los de las zonas urbanas. Es el mercado operando de manera cruda, eficiente y maravillosamente descentralizada.

El capital autogenerado

Las cuentas nacionales en los países tienen una fe casi religiosa en lo que se puede medir a través de planillas electrónicas y facturas. Por ende, sufren de una ceguera total frente al mayor proceso de acumulación de riqueza del país: la autoconstrucción de los sectores populares.

El manual clásico dicta que el PBI mide el flujo de bienes y servicios formales. Pero, ¿cómo se cuantifica un patrimonio inmovilizado en la informalidad? Lo que hace cincuenta años comenzó como una invasión perimétrica de esteras y ponchos negros, hoy es un edificio multifamiliar de tres pisos que funciona como vivienda, taller y activo realizable. ¿Qué pasó con los barrios y casas crecidos de invasiones y desorganización?  Pues, Los reportes institucionales de la Cámara Peruana de la Construcción (CAPECO, 2023) son contundentes: aproximadamente el 70 % de las viviendas en el Perú son autoconstruidas (léase…informales).

Esto representa miles de millones de dólares en formación bruta de capital que las familias han inyectado directamente en sus propiedades, evadiendo por completo la contabilidad formal de generación de riqueza. El peruano construyó su propia clase media patrimonial a punta de ladrillo pandereta y sin esperar un crédito hipotecario del Estado. Un éxito estadísticamente invisible para los técnicos, pero materialmente irrefutable.

La tragedia de medir lo intangible

Finalmente, llegamos al problema metodológico. La población descubrió rápidamente que comercializar, proveer servicios y operar en la sombra fiscal es infinitamente más rentable e inteligente que someterse a la asfixiante regulación formal.  Según las series estadísticas del Banco Central de Reserva (BCRP) y el Banco Mundial, el sector servicios representa actualmente más del 50% del Valor Agregado Bruto (VAB) del país. Sin embargo, este dinamismo convive pacíficamente con una tasa de empleo informal del 71.1% a nivel nacional (INEI, cierre 2023).

Las rígidas metodologías internacionales no saben cómo medir un mercado hiperconectado que transacciona millones diarios fuera del radar estatal. Por lo tanto, los analistas prefieren asegurar su respuesta en frases como "estamos estancados", cuando la verdad es que la economía real circula por una autopista de alta velocidad a la que los encuestadores oficiales simplemente no tienen acceso.

Con estos datos, y mirando fuera de la caja, podemos decir que el desarrollo del Perú contemporáneo es la confirmación empírica de que el crecimiento más sólido se gestó desde la rebeldía ciudadana. Podemos decir entonces, que el milagro peruano no es un triunfo del Estado haciendo obra, sino que es el triunfo aplastante de la información descentralizada y el capital de la base frente a la inoperancia oficial. Piensa en ello amigo, al Perú lo saca adelante tu trabajo y tus ganas de conocer mercados y oportunidades.

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(*) Economista | @limbergchero

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