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CRIMEN SIN FRONTERA: PESCADORES DEL NORTE ASEDIADOS POR EL NARCOTRÁFICO Y LA EXTORSIÓN

Escribe: Semanario Expresion
Edición N° 1424

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  • El crimen organizado cobra cupos, impone miedo en los muelles y se alimenta de la debilidad del Estado. Piratas de Perú y Ecuador operan como brazo logístico del narcotráfico y la extorsión en los puertos fronterizos.
  • Pescadores alertan control creciente de banda ecuatoriana Los Lobos.

Una parvada de gallinazos rodea la caleta de Puerto Pizarro. Llegaron con la luz de la mañana. Los pescadores tardarán dos horas en llegar a tierra. Mientras tanto, los estibadores descansan entre botes pequeños desperdigados a lo largo de la playa. Otros se recuestan en las llantas de camiones frigoríficos. Más que una costa, el lugar parece una poza flanqueada por dos islas, sin olas, casi sin viento. El último puerto del norte del Perú y epicentro de la piratería marítima recién se sacude del alba.

En el extremo sur del puerto, un grupo pinta una pequeña barca. Un joven los divisa desde el malecón. Es una suerte de inspección de rutina. “Solo eso hacen”, masculla uno de los pescadores. “No se mueven de aquí”. El hombre prefiere mantener en reserva su identidad y hay una razón: su familia es extorsionada por piratas ecuatorianos.

Los piratas son grupos delictivos que abordan a los pescadores en el mar para robarles sus equipos de navegación y sus motores. En algunos casos —como documentó Mongabay Latam en enero— los asesinan. En los últimos años, el modus operandi se ha expandido y los piratas ya no se limitan a los robos en altamar: ahora cobran cupos de zarpe en cada caleta y puerto de Tumbes.

Un equipo periodístico de Mongabay Latam se trasladó a los principales puertos de pesca artesanal de Tumbes y conversó con más de 20 pescadores. También recabó información con personal de la Marina, la Policía y accedió a documentos del Ministerio Público de Perú, a partir de una filtración de la fiscalía de Colombia.

El miedo es regla en toda la costa norte de Perú. El silencio no solo ronda entre quienes sufren la violencia, sino también entre las instituciones del Estado que optan por el secretismo. A pesar de todo el hermetismo, los hallazgos de esta investigación son contundentes: la piratería y las extorsiones son un eslabón en la intrincada ruta del narcotráfico, y la peligrosa banda ecuatoriana Los Lobos participa de la operación.

Nexos con la Marina y la Policía

“Aquí mismo están los asaltantes —explica un pescador artesanal—. Nosotros que tenemos estas embarcaciones pequeñas les pagamos 120 soles mensuales (35 dólares) para que nos dejen trabajar”. La dinámica de los piratas incluye a personas que vigilan desde el malecón, para ver quiénes embarcan y, sobre todo, quiénes pagan y quiénes no.

“Cuando los piratas nos asaltan y matan, nunca están (las autoridades de la Marina)”, protesta uno de los entrevistados. La falta de confianza alcanza también al personal de la Policía.

Razón no les falta. Hace siete años, en 2018, en el mismo Puerto Pizarro fueron capturados los integrantes de la organización criminal Los Piratas. Un informe de la División de Investigación de Alta Complejidad —al que accedió Mongabay Latam— revela que un suboficial PNP les filtraba información sobre los operativos y les brindaba apoyo cuando eran capturados con motores robados. El expediente señala a dos policías más que estaban destacados en la comisaría de Puerto Pizarro y a un técnico de la Marina de Guerra de Perú.

“Aquí (en Puerto Pizarro) se presumía que iba a haber una intervención y ellos (los piratas) ya sabían que sería entre el 18 y 20 de junio (de 2025). ¿De dónde salió esa información?”, se pregunta otro de los pescadores, haciendo referencia a hechos más recientes. Arriba, el malecón poco a poco empieza a poblarse.

Los Lobos de Ecuador al acecho

Cuando se le consulta a una de las autoridades policiales de la zona, que prefiere no identificarse, sobre estas posibles filtraciones, las niega rotundamente. El oficial mira hacia un punto de la calle y reanuda su relato con una advertencia: “Todo aquí es en reserva, hay información de un cobrador de cupos, pero nadie lo sindica. La realidad es que allá nadie los protege (a los pescadores). La banda que les cobra cupos es la de Los Lobos. Los ecuatorianos”.

Los pescadores de Puerto Pizarro y las otras caletas de Tumbes también señalan a Los Lobos como la principal banda que los extorsiona. Catalogada como organización terrorista por el Departamento de Estado de Estados Unidos, surgió de una división interna de la banda Los Choneros y es socia clave del cartel mexicano Jalisco Nueva Generación, según autoridades ecuatorianas.

Actualmente, Los Lobos son un importante actor en el narcotráfico, la extorsión, el sicariato y el control de las rutas marítimas para la exportación de cocaína desde Ecuador. De hecho, al sur de ese país, en la provincia fronteriza llamada El Oro también hay pescadores artesanales extorsionados por esta banda, según documentó Mongabay Latam.

De acuerdo con un oficial de la policía en Puerto Pizarro, en muchos casos Los Lobos usan menores de edad —llamados “mulas”— para cobrar las extorsiones y para intimidar a sus víctimas. Estos son reclutados en Zarumilla.

Epicentro de bandas criminales

La banda Los Lobos no es la única. También hay referencias de otra organización conformada por peruanos y venezolanos. ‘Chachá’ y ‘Pipa’ son dos nombres de pila que los pescadores mencionan para referirse a los cabecillas: “Ellos mueven todo acá”. Aunque no son directos aliados de Los Lobos, eventualmente colaboran y les proveen de información.

Otro pescador entrevistado en Puerto Pizarro cuenta que paga cupos a peruanos y ecuatorianos. Algunos indican que deben pagar doble extorsión: un monto más bajo si se pesca en litoral, que va para la banda local, y otro monto más grande para mar adentro, que va para la organización criminal ecuatoriana.

Para identificarse con la banda local y demostrar que han pagado la extorsión, los pescadores presentan una credencial que lleva dibujado a Poseidón saliendo del mar. Aunque el equipo de periodistas pudo ver la credencial, por seguridad no fue posible fotografiarla. Para Los Lobos, en cambio, es necesario presentar un carné y una bandera negra que ellos proporcionan.

En Máncora (Piura), a dos horas y media de Puerto Pizarro, un dirigente pesquero cuenta que su compañero pagaba a los ecuatorianos, pero varó su bote por mantenimiento y dejó de hacerlo por un mes. Fue entonces que lo citaron. “Lo llevaron al cementerio de Puerto Pizarro, allí uno de los peruanos le hizo hablar por celular con un ecuatoriano y este le dijo que debía pagar su cupo porque eso lo repartían con los de la zona y las autoridades”.

En Cancas, otro puerto al sur de Tumbes, un pescador cuenta que a la zona llegan dos jóvenes en un auto color plomo para cobrar cupos: “Algunos van a Puerto Pizarro para arreglar su situación, la gran mayoría se ha sometido”.

“Amigos de nosotros han muerto, varios, con disparos en la cabeza”, lamenta uno de los pescadores. “Ellos (los piratas) llevan fusiles, buenas armas. ¿Por qué están tan armados? Por la droga. La droga es oro”.

Piratas y narcos en sociedad

Los botes ya flanquean los manglares y se acercan para desembarcar la pesca del día en Puerto Pizarro. Parece un día tranquilo y de turismo. “Si esperamos dos noches, allí por la boca (donde se encuentra el río Tumbes con el océano Pacífico), veremos cómo salen los fuera de borda”, así se refieren los pescadores a las lanchas que llevan dos motores y que son identificadas como las que trasladan droga.

En una de las caletas de la región, que mantenemos en reserva por seguridad, un pescador cuenta a Mongabay Latam que los piratas modifican sus “yates” con doble piso. En ese espacio acomodan ladrillos de droga. Llevan más de un motor y zarpan hacia altamar. Justamente, esas embarcaciones son equipadas con motores robados a los pescadores.

En 2019, la Policía capturó en Sechura a una banda de narcotraficantes liderada por Manuel Aguirre Portocarrero, mientras transportaban unos 400 kilos. Esta intervención da pistas del contubernio entre organizaciones internacionales de narcotráfico y las bandas de piratas.

Mongabay Latam accedió a un documento del Ministerio Público de Perú, enviado a la Fiscalía Nacional de Colombia, donde se detalla que la banda capturada tenía su centro de operaciones en Sechura. Tres de la organización pertenecían también a “Los Piratas de Puerto Pizarro”. Estos últimos proveían de motores robados para las lanchas destinadas a trasladar la droga hasta Centroamérica. Un punto de encuentro era el distrito de Canoas de Punta Sal (Tumbes).

En 2022, la Policía desarticuló en la playa de Punta Ballenas (Piura) otra banda de narcotraficantes llamada Los Piratas, que también pretendía enviar casi dos toneladas de cocaína a Centroamérica.

De acuerdo con información que maneja la Dirandro de la Policía, uno de los puertos con mayor actividad es Paita (Piura). La droga llega desde el Vraem y también del Huallaga y Atalaya, en este último caso con avionetas. En 2020 y 2024, la Policía destruyó dos narcopistas en el desierto de Sechura. También llegan cargamentos de Ecuador por rutas terrestres. La mercancía ilícita proviene de Colombia.

Opacidad e inacción estatal

El equipo periodístico envió solicitudes de información a la Marina de Guerra y a la Policía sobre las operaciones de Los Lobos y otras bandas criminales en Tumbes, así como sobre las acusaciones de que ciertos uniformados estarían involucrados, pero nunca hubo respuestas.

Para los pescadores, es indignante que la Policía no realice megaoperativos teniendo información suficiente. Sin embargo, el coronel Luis Castillo, jefe de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri) en Piura, explica que la ausencia de denuncias contra la piratería y extorsión es un obstáculo para poder identificar a los delincuentes.

La falta de denuncias se debe al miedo. En una investigación publicada en enero, Mongabay Latam identificó que aproximadamente 20 pescadores habían sido asesinados por piratas en los últimos 20 años. Además se evidenció que la Marina y la Policía manejan cifras distintas sobre el ilícito. Entre 2020 y 2024, la Marina registró 61 denuncias y la Policía solo seis.

Mongabay Latam se contactó con el capitán del puerto de Zorritos, Renzo Ybaceta, para consultarle sobre las acciones que lleva a cabo la Marina para proteger a los pescadores. El agente indicó que eso es trabajo de la Policía. “Las bandas criminales no extorsionan en el mar, es desde tierra. Nuestra competencia es en el mar”, señaló.

Para Nicolás Zevallos, experto en crimen organizado, las acciones del Estado peruano son deficientes en contraste con las del Ecuador, que tiene una intervención más intensa. “Más allá de que sea efectiva, hay una dinámica de control desplegado por parte del Gobierno ecuatoriano que puede hacer que se movilice la dinámica logística de las drogas hacia la costa peruana, donde hay menos control, menos vigilancia, menos persecución”.

Mientras se desarrollaba este reportaje, los piratas cometieron un asesinato, en mayo de 2025. “Nuestro hermano es Richard Silva Ancajima, él era buzo, lo asesinaron en Puerto Pizarro”, contó a Mongabay Latam el hermano de la víctima, en un pueblo agrícola del distrito de La Unión, a ocho horas de viaje. “Hasta ahora no sabemos quiénes fueron, ni hay justicia. Estaba buceando, lo alzan, hacen que suba a otro yate y lo asesinan. Se llevaron el motor”.

Los pescadores sostienen que los asesinos fueron los “piratas”. Antes ya lo habían amenazado.

 

(*) Informe de Mongabay Latam.

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