Sube!

A soñar se ha dicho

Escrito Rosa Chambergo Montejo
Edición N° 1210

Alrededor de ocho millones de peruanos no tienen acceso al agua potable y el alcantarillado. De estos, solo millón y medio vive en Lima.

Esa es una de las tantas aristas que tiene el complejo entramado de desigualdad en el Perú.

Que en pleno siglo XXI y a 200 años de instaurada la República, miles de familias sigan privadas de dos de los servicios más elementales, resulta una cruel ironía.

Cruel ironía porque los tecnócratas no dudan en resaltar las bondades que el modelo económico, implementado con la Constitución de 1993, le ha dado al país. Y es que es cierto, la riqueza nacional creció, las reservas crecieron, el gasto público se incrementó, pero las brechas sociales continúan y es sobre estas que urge tomar acción.

El 28 de julio próximo el Perú cumplirá 200 años de vida republicana y la fecha es más que propicia para empezar a soñar despiertos y lanzarnos a la acción, a fin de resolver la tarea pendiente de la inclusión verdadera, con igualdad de oportunidades y con un Estado capaz de generar bienestar, pero con transparencia y eficiencia.

He citado como ejemplo la carencia de agua potable y saneamiento básico porque es uno de los problemas que más golpea a la población de Lambayeque.

Entre el 2008 y el 2011, entre el segundo gobierno de Alan García y los primeros meses del mandato de Ollanta Humala, Lambayeque recibió el más grande presupuesto de su historia para solucionar la falta de acceso a los servicios básicos.

Mil 125 millones de soles se asignaron al departamento para que los municipios ejecuten obras de agua y desagüe, y resulta inadmisible que prácticamente todas hayan quedado truncas, ya sea por la ejecución de expedientes técnicos deficientes, porque fueron abandonadas, porque se agotaron los recursos antes de la finalización de los trabajos, porque se judicializaron, porque se sometieron a arbitrajes o porque fueron mal hechas y no funcionan.

Están allí, como silenciosos monumentos a la incapacidad y la corrupción, los tanques elevados, las estaciones de bombeo, las pozas de oxidación o las tuberías y conexiones mal hechas en Santa Rosa, Pítipo, Lambayeque, Chiclayo, José Leonardo Ortiz, San José u Olmos.

Hubo dinero para todos los distritos, hubo proyectos que se aprobaron como si se tratase de simples cartas de presentación, hubo el suficiente peso político para hacer bien las cosas, pero no la suficiente solvencia técnica, ética y profesional para que se garantizasen obras de calidad.

Así como pasa con el agua potable sucede también con las escuelas y los centros de salud, con las vías y los puentes, con la conectividad a la internet, con las obras de riego y protección, con las pistas, las veredas, los parques y demás infraestructuras que se necesitan para equiparar la balanza del desarrollo.

Ni qué decir de los terminales pesqueros, de los puertos, los parques industriales, los aeropuertos y todos aquellos grandes proyectos que forman la larga lista de las tareas pendientes en el Perú.

El bicentenario nos encuentra en medio de una turbulencia política que pareciera inacabable, que ha puesto al país en incertidumbre, pero que tarde o temprano deberá resolverse, y ojalá que ello suceda antes del 28 de julio, para en adelante juntos, como nación, empezar a soñar con el país que anhelamos.

Los padres fundadores de la República soñaron con un país firme y feliz por la unión. Nos toca a nosotros revivir el sueño y con él iniciar la tercera centuria.

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Directora / Fundadora.

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