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EL ESCULTOR DEL PERÚ: MIGUEL BACA ROSSI

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1126

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Para Miguel Baca Rossi no había objeto que no sirviese para formar una obra de arte. Empezó haciendo primero figuras con las migas de pan, luego con la arena de su natal Pimentel y posteriormente con los restos de yeso que encontraba en la fundición de su padre. Su destino estaba escrito o, mejor dicho, esculpido.

Nacido el 30 de octubre de 1917, Baca Rossi vivió casi un siglo (99 años) dedicado a crear belleza. Su hija, Carlota Baca Ruiz, recuerda que estudiaba mucho a sus personajes, profundizaba en su carácter, expresiones y le imprimía tanta dedicación a su trabajo que tuvo siempre una relación cercana con los personajes afines al objeto de su obra.

Recuerda por ejemplo “El monje”, obra que hoy se expone en la Cripta Arzobispal de la Basílica Catedral de Lima y que representa el dolor que su padre tuvo por la muerte de sus hermanos Augusto y Alfredo; o el busto que hizo de Andrés Townsed Ezcurra, el cual fue tan apreciado por su esposa, quien en los momentos de dolor por su partida le dijo “Miguelito, me has devuelto a mi Andrés”.

También evoca divertidos momentos como el que pasó con Augusto Maggiolo, quien le había pedido que haga una escultura de su caballo ‘Santorín’. “Augusto le pidió a mi papá estar presente en el taller para observar cómo realizaba la obra y de paso aprender a esculpir, pero a mi papá la conversación no le daba la tranquilidad que necesitaba para trabajar, entonces optó por ponerle una mesa y un poco de arcilla para que se pusiese a hacer su propia escultura y lo dejase avanzar”, rememora.

Más allá de la admiración que siente por el trabajo de su padre, ella es una enamorada de él. Afirma que su padre fue un hombre lleno de cualidades que serían largas mencionar para esta publicación: amoroso, agradecido, alegre, humano, incansable, solidario, dadivoso, apasionado, etc.

“La musa de mi padre fue siempre su esposa, Carlota Ruiz Altuna, una lambayecana 16 años menor que él con quien siempre tuvo una buena comunicación. Fueron compañeros de toda la vida y se amaron como pocas veces he visto amarse a una pareja”, sostiene.

En cuanto a ella y sus hermanos, recuerda que su padre siempre se dio espacio, a pesar de su carga laboral, para brindarles tiempo de calidad, donde la enseñanza de la disciplina no fue ajena.

“Mi papá fue muy estricto con el cumplimiento de las normas y deberes, pues nos enseñó siempre que el deber estaba por encima del placer. Ya cuando fuimos mayores también reconozco que fue muy respetuoso de nuestras decisiones y se mantuvo cerca en nuestros errores”, asevera.

El otro amor de Baca Rossi fue su Lambayeque, al cual le entregó varias de sus obras, entre las que resaltan el monumento a ‘La Virgen Inmaculada Concepción’, que está en lo alto de la Catedral de Chiclayo; ‘El chalán’, ubicado al interior del palacio municipal o el ‘San Pedro’ en la portada de la Iglesia de San Pedro de Lambayeque.

“Llevar el apellido Baca para mí significa admiración, respeto y orgullo, porque sé que su obra sobrevivirá en el tiempo y el espacio”, resalta.

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