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ILUSTRE SEÑOR AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD: CLAUDIO ORTIGAS FIGUEROA

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1126

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Socorro Ortigas Bustamente desciende de dos personajes que a fines del siglo XIX dejaron huella en Chiclayo. Su padre, Carlos Ortigas Moya, fue nieto de los exalcaldes de Chiclayo: José Eugenio Moya y Claudio Ortigas Figueroa, este último con presencia en el servicio público hasta la ancianidad.

 

 “La familia siempre comentó de la honestidad de Claudio Ortigas, de la dedicación al trabajo, al punto que recibió una medalla a nombre de la Nación, que está en posesión de un primo hermano al que consideramos que era digno de conservarla”, menciona.

Tras ocupación chilena, Claudio Ortigas, junto a otros notables de la ciudad como Eugenio Moya y Alfredo Lapoint, conformó una comisión para recaudar fondos y rehabilitar la dañada infraestructura del Colegio de San José, que había sido tomado como cuartel por los invasores, permitiendo así que en 1888 este reabra sus puertas.

El 26 de enero de 1888, Ortigas Figueroa, que había sido presidente municipal 20 años antes, asumió la alcaldía de Chiclayo, cargo que desempeñó durante un año, realizando una admirable labor de servicio a la comunidad. Compartió su interés por brindar ayuda a los más pobres con don Eugenio Moya.

Tras años de servicio en Chiclayo, Claudio Ortigas pasó a radicar en Lima.

“Recuerdo y tengo en mi poder una carta de Claudio Ortigas dirigida al entonces presidente Leguía diciéndole que a sus 94 años le era imposible seguir desempeñando el cargo de tesorero fiscal del Callao, por lo que pedía su cese y su pensión para la corta vida que él pensaba que le quedaba. Ese reconocimiento de mantenerlo en el cargo, a pesar de su avanzada edad, era justamente a su honestidad”, menciona Socorro Ortigas. La carta está fechada el 9 de julio de 1927.

Claudio Ortigas murió en Lima, a los 97 años, en 1930, y fue sepultado en el cementerio Baquíjano del Callao.

“Me crié en un hogar donde mis tres tías Ortigas Moya, Elena, Ela y Elba, nos recordaban siempre los valores que fueron inculcados por sus abuelos y que han permanecido en la familia de generación en generación. Nos sentimos sumamente orgullosos de heredar su impronta. Algo curioso que recuerdo es que jamás imaginaron, don Eugenio Moya y don Claudio Ortigas, que sus hijos Honorio y Matilde formarían una familia que se mantiene hasta ahora. Tengo un sobrino que ha sido bautizado con el nombre de Claudio Ortigas”, resalta.

Añade que para quienes peinan canas y a los jóvenes de la familia que llevan el apellido Ortigas es un deber recordar que descienden de dos extraordinarios hombres.

“Nos sentimos orgullosos de que una calle de la ciudad tenga el nombre de uno de nuestros ancestros (Eugenio Moya), cuyo ejemplo procuramos mantener. Mi tía Elena Ortigas Moya fue la primera mujer en ocupar el cargo de jefa del Área de Recaudación del Banco de la Nación, habiendo servido a esa institución durante 36 años”, rememora.

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