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UNA VIDA DEDICADA A LA DEFENSA DEL AGUA: MARIANA RODRÍGUEZ ROJAS

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1126

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Desde los 20 años hasta su último día, Mariana Rodríguez Rojas ofrendó su vida como sindicalista a la defensa del agua. De eso sabe bastante su primogénita, Erika Larraín Rodríguez, quien justo a sus hermanos acompañó a su madre en incontables jornadas de lucha, donde la consigna siempre fue velar por los más necesitados.

Erika Larraín cuenta que su madre empezó desde muy joven en el sindicalismo, dado que su esposo también era un líder sindical. “Ella observó cómo mi papá defendía a los más débiles y se contagió de ese espíritu”, comenta.

Recuerda las campañas por el Fenómeno El Niño, en las que se ponía las botas y no importada si era de noche, pues acudía a cualquier emergencia que había. Tiempo después también la llamaron para integrar el Frente del Agua y la Vida, pues creía que si no se protegía algo tan vital como el recurso hídrico, no se podía dejar nada a las futuras generaciones.

Así, llegó a convertirse también dirigente de la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento de Lambayeque – EPSEL, donde llegó a ocupar el cargo de secretaria general del Sindicato Único de Trabajadores del Servicio de Agua Potable y Alcantarillado – SUTSELAM, por dos períodos; siendo también representante del Frente de Trabajadores de Agua Potable y Alcantarillado – FENTAP.

Recuerda que junto a su madre viajó por varios lugares del interiores del país como Tumbes, Puno y Huancavelica, donde hubo mujeres que al igual que ella fueron despedidas por oponerse a la privatización de las empresas de agua y saneamiento.

“Cuando inició fuerte el tema de la privatización acá en Lambayeque, a mi mamá la empezaron a hostigar. Ya no le daban los permisos sindicales y la terminaron despidiendo. Estuvo casi dos años fuera del trabajo, pero fue repuesta judicialmente con todos sus derechos”, recuerda.

Paradojas de la vida, Erika Larraín cuenta que una de las mayores frustraciones de su madre fue que la empresa a la que tanto amó (EPSEL), no pudiese hacer nada por mejorar el problema de saneamiento de José Leonardo Ortiz, distrito donde vivió.

Toda la gallardía que tuvo Mariana Rodríguez para defender a su sindicato también la trasladó al interior de su hogar. Su hija revela que esa mujer fuerte y decidida siempre les decía que no había por qué llorar ante los problemas, pues todos tienen una solución.

“¿Te vas a morir acaso por los problemas? Si hoy no tienen solución, mañana lo tendrá. Sigan con su vida y continúen”, recuerda que les decía su madre.

No obstante, señala que si algo no les enseñó su madre fue a estar listos para cuando faltase.

“Nosotros nos preocupábamos por mi papá que era mayor que mi mamá. Ella nos decía que los seis éramos una fortaleza, si alguno se caía, los demás estaban para sostenernos, pero no nos enseñó qué pasaba si ella se iba y un día, a los 59 años, después de dejar a sus nietos en el colegio, se descompensó y a las 24 horas falleció”, recuerda.

Hoy para Erika Larraín el mayor orgullo que tiene como hija de Mariana Rodríguez son las personas con las que se encuentra y le cuentan todo lo que hizo ella por defenderlos. “Tú te das cuenta cuán grande puede ser la persona, cuando después de fallecida ves el amor que le prodigan”, sentencia.

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