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MÉDICO DE LOS LAMBAYECANOS: RAFAEL AITA VALLE

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1126

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“Tú vas a ser un buen administrador, pero no te olvides que administración no se escribe con H”, recuerda Rafael Aita Campodónico que siempre le decía su padre. Enseñanzas como esa y muchas otras le dejó Juan Aita Valle, el gran gestor de la seguridad social en Lambayeque y, por qué no decir, en el Perú.

Para Aita Campodónico, hablar de su padre es hablar de una persona extraordinaria en todos los sentidos. Recuerda que era un hombre tan dedicado a su vocación que incluso después de una extensa jornada de trabajo se daba el tiempo de visitar las 150 habitaciones del Hospital Central del Norte (hoy Almanzor Aguinaga Asenjo) e incluso de percatarse si las conexiones eléctricas funcionaban con normalidad.

“Mi papá se despertaba a las 5:00 de la mañana para saltar la soga y luego nos preparaba un desayuno brillante para después, a las 7:00, tomar clases de matemática. Antes de irse al trabajo nos decía que todos pueden ser estudiantes, pero estudiosos solo unos cuantos. Siempre tenía un mensaje que dejarnos”, revela.

Aita Campodónico reconoce que su padre sabía conjugar muy bien la formalidad de su profesión con su carisma jovial, pues no había paciente que se salvase de su creatividad para poner apodos o de sus inagotables chistes. No en vano Aita Valle era conocido por todo Chiclayo. 

“La otra vez estuve en la inauguración de una cevichería y una señora ya mayor, de 91 años, me preguntó si era el hijo del doctor Aita, a lo que respondí que sí, y me dijo que gracias a mi papá ella se encontraba, a su edad, comiendo su ceviche y tomando su cerveza negra. Hasta ahora hay gente que me conoce como el hijo del doctor Aita y ese es un orgullo”, sostiene.

Revela que una de las virtudes de su padre era que conocía a todos sus pacientes, pues podía atender a alguien y volvérselo a encontrar al cabo de cuatro meses por la calle y decirle exactamente de qué fue a tratarse y qué le recetó.

Además, Aita Campodónico cuenta que su padre desarrolló una vena social muy grande, la cual traspasaba su labor en la seguridad social, pues lo recuerda leyendo el periódico y cuestionándose sobre la poca capacidad del gobierno para dar solución a los problemas de aquella coyuntura.

Y es que, a pesar de ser de ascendencia italiana, afirma que su padre siempre se definió como un “cholo lambayecano”.

“Mi padre nos dejó principios, nos enseñó a ser perseverantes, resistentes y consistentes en todo lo que hacíamos. Él siempre daba un poco más a sus pacientes, quienes podían venir por una dolencia, pero mi padre los auscultaba para ver si podía encontrar algún otro mal, por eso para mí es una gran responsabilidad llevar el apellido Aita, porque siempre nos ha distinguido nuestros valores, la identidad y el compromiso de servir a los demás”, explica.

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