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PALMAS AL MAESTRO DE LAS LETRAS: ESTUARDO DEZA SALDAÑA

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1126

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En un contexto en el que cada vez la gente escribe menos, Estuardo Deza Saldaña era un hombre que escribía sus textos a mano. De su pluma nacieron grandes poemas para niños que hoy su hijo, Luis Deza Arroyo, atesora con devoción.

Aunque no era un hombre que se caracterizaba precisamente por ser muy alegre, Deza Arroyo cuenta que tampoco vio alguna a vez a su padre con mal talante. Al contrario, rescata lo cercano y cariñoso que era con cada uno de sus hijos.

“Siempre estuve muy interesado en hacer un archivo de todos sus escritos, pues él escribía a mano y era necesario digitarlos a máquina”, recuerda.

Alguna vez cuando era pequeño, Deza Arroyo le preguntó a su padre el origen de su segundo nombre, Leomar, el mismo que usaba como pseudónimo para firmar sus textos, a lo que este le respondió que era la combinación del nombre de sus abuelos: Leonardo y María.

Deza Arroyo cuenta que su padre nació en Contumazá (Cajamarca), en 1928 y a los 17 años se graduó en Trujillo como docente, después de lo cual vendría a enseñar al nivel primario del Colegio San José, cuando todavía se ubicaba en la calle del mismo nombre, y tiempo después al Rosa Flores de Oliva.

De sus tantos poemas que escribió destaca ‘Morena’, que fue dedicado a su esposa, y ‘Cuéntame niño’, un poemario escrito en sus últimos años. Además, publicó ‘Saleño saleroso’, ‘Trópico’, ‘El país de los niños’, ‘El Corazón de mundo’, y una narrativa titulada ‘Cuentos de juventud’.

Pero Estuardo Deza Saldaña no fue solo un gran escritor. Deza Arroyo comenta que, a la par, su padre también estuvo bastante involucrado en política, militando activamente en Acción Popular, partido por el que estuvo a punto de ingresar al parlamento en 1980.

“Con el perdón de todos, pero hasta los grandes personajes de Acción Popular en Lambayeque le tenían mucho respecto. Mi padre fue el segundo al mando, siendo director de Política, recuerda.

Para Deza Arroyo llevar el legado de su padre es algo que asume con mucha responsabilidad. “Después que murió mi padre me encontré con un ex decano del Ilustre Colegio de Abogados de Lambayeque – ICAL, quien era amigo suyo y me dijo que debíamos hacerle un homenaje a mi padre. Yo le dije que me parecía bien, pero que a él ya le habían hecho muchos en vida”, recuerda.

Y razón no le falta. Dentro de los tantos reconocimientos que recibió se encuentran el Premio de Poesía ‘Porfirio Barba Jacob’, en Bogotá; el Premio de Poesía para Niños ‘Netzahualcoyolt’, en Ciudad de México; el Premio ‘Hucha de Oro’ Pola de Lena, en España; viajes de estudios a Holanda, Francia, Italia, España, Gibraltar; las Palmas Magisteriales en 1984, entre otras tantas distinciones nacionales.

Estuardo Deza murió en marzo del 2015.

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