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A PROPÓSITO DE NIXA: NICANOR DE LA FUENTE SIFUENTES

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1126

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Don Nicanor o Nixa, como era conocido por todos, fue un libro infinito. Su prodigiosa memoria lo convirtió en el Ricardo Palma de estas tierras, describiendo en sus anécdotas las particularidades de un Chiclayo de gente amable, honesta, trabajadora y festiva. Escritor, periodista, hombre de política, dejó una impronta insuperable.

“Recuerdo el cariño que él tenía hacia la gente, el carisma que daba, las ganas que transmitía día a día de salir adelante. Pese a que ya no escuchaba ni veía bien, siempre se despertaba con el deseo de hacer algo positivo por alguien. Tenía destinado cada día para visitar a un amigo y nunca llegaba con las manos vacías, llevaba algo que le agradara o necesitara la persona a la que iba a visitar”, comenta Ida de la Fuentes Sánchez, su nieta.

Nixa vivió hasta los 107 años de edad y cada día lo disfrutó con gran entusiasmo. “No recuerdo que él renegara o viera algo negativo en las personas. Siempre era muy respetuoso, era encantador en él”, señala.

Ataviado de un sombrero o una boina, además de un bastón que no necesitaba para caminar, sino para “guardar el equilibrio” – como él decía – don Nicanor, nacido en San José de Pacasmayo y radicado desde adolescente en Chiclayo, hacía gala en todo momento de su fino humor, el mismo que trasladaba a su columna “A propósito”, que publicaba en el diario La Industria.

“Sentimos mucho orgullo de su legado, porque sabemos de la llegada que tuvo con la juventud, con la gente, con todos los que lo han leído. Desde su columna, utilizando su humor fino e ironía, hablaba no solo de las anécdotas, sino también hacía llamados de atención a las autoridades sobre los problemas de la ciudad, porque siempre estuvo pendiente de lo que pasaba y ansiaba con una ciudad ordenada, limpia, segura”, refiere.

Por sus ideales políticos, Nicanor de la Fuente Sifuentes sufrió prisión en el El Sexto, en Lima, en tiempos en los que la militancia aprista había sido proscrita. De ese momento de su vida nació el libro “Viajeros en el mismo barco”, donde relata sus vivencias, las mismas que solía contar con serenidad.

“No era un hombre de resentimientos, nos contaba lo que había sufrido en la prisión más bien como una hazaña, de cómo se cuidaban los presos políticos de los presos comunes. Se protegían poniendo trampitas para que no les roben las cosas. Mi padre (Nicanor de la Fuente Silva), incluso le llevaba comida los días sábados, cuando le permitían entrar. Se reía de eso, hacía bromas. Haberse abierto camino en una circunstancia tan difícil se debe, creo yo, a su carácter tan positivo. Fue siempre bien recibido y querido por la gente”, manifiesta Ida de la Fuente.

Desciende no solo de Nicanor de la Fuente el escritor y periodista, sino también del distinguido abogado, del mismo nombre, que fue presidente de la Junta de Fiscales de Lambayeque, lo que constituye – afirma – en una enorme responsabilidad.

“Me emociona tremendamente poseer todo ese legado, aunque confieso que es muy difícil porque fueron personas a las que la población respetó y quiso mucho”, enfatiza.

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