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EVOCANDO AL AUTOR DE “LA VEGUERA”: CARLOS RAMÍREZ MONTALVO

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1126

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“Hojas del árbol caído, juguetes del viento son, que son hojas desprendidas, zamba cataplún…”. Así se lee la fuga de la marinera que hace más de cien años escribió don Carlos Ramírez Montalvo, un próspero comerciante de víveres para las embarcaciones que se aproximaban a las costas de Lambayeque y que dedicó dichos versos a una jovencita que vivía cerca al río Reque.

Ramírez Montalvo fue natural de Lambayeque y estudió en el seminario porque tenía vocación sacerdotal, aunque finalmente tal afán no se concretó. A la par, tenía dominio de varios instrumentos musicales, lo que le permitió componer.

Formó una primera familia de la que nació su descendencia Ramírez Pérez y al enviudar se comprometió con doña Rosaura Córdoba Galán y Trasmonte, también natural de Lambayeque, radicada en San José, con quien tuvo tres hijos. Uno de ellos Juan, padre del maestro, escritor y decimista Raúl Ramírez Soto.

“Yo nací en 1939 y mi abuelo había fallecido dos años antes, por lo que no conocí, pero sí recuerdo muy bien la historia de famosa marinera ‘La veguera’. Siendo él un hombre muy elegante, vestía de blanco y con sombrero alón, montado a caballo, como era habitual en la época. En una oportunidad, caminando el abuelo por las cercanías del río Reque, a la parte llamada vega, que es la orilla, conoció a una chica: de la vega del río sale el nombre de la canción. Por eso la fuga de la marinera remata con la palabra Reque”, explica.

Una de las versiones más antiguas que existen de ‘La veguera’ fue interpretada por Fiesta Criolla. “Para mí es la versión más bonita que hay, aunque últimamente el tenor Juan Diego Flores ha grabado una versión más reciente”, cuenta Ramírez Soto.

Otra composición de Carlos Ramírez Montalvo es la marinera llamada “El Limarí”, en alusión a un barco chileno que fondeó frente a Santa Rosa.

“Tengo dos partituras de marineras de mi abuelo escritas por un músico de Ciudad Eten. De niño las escuché ejecutadas en arpa y en pianito, pero no hay grabaciones lamentablemente. Yo viví en Monsefú hasta 1952 y esas marineras eran cantadas y acompañadas con arpa y pianito”, recuerda.

Ser descendiente directo del autor de una de las marineras más famosas, infaltable en todo concurso o festival de esta danza popular peruana, representa para Raúl Ramírez una enorme satisfacción.

“Me siento muy orgullo de venir de un personaje tan importante para la marinera peruana, para su historia y cuya creación se sigue cantando y bailando como hace décadas”, refiere.

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