En un escenario político marcado por la desconfianza ciudadana, la fragmentación partidaria y la crisis institucional, Guillermo Pérez Sialer irrumpe como candidato a diputado por Lambayeque con el número cinco del Partido Aprista Peruano. Ingeniero de profesión, magíster y doctor en Administración por la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, dirigente vecinal y exregidor de Chiclayo, Pérez Sialer sostiene que su aspiración no nace de la improvisación ni de la coyuntura electoral, sino de una trayectoria de servicio.
Se define como chiclayano, sanjosefino y aprista por convicción. Pero más allá de la identidad política, intenta construir una narrativa de experiencia, gestión y honestidad en un momento donde la política carga con un profundo descrédito social.
“Quiero devolverle algo a esta tierra”
Cuando se le pregunta por qué quiere ser diputado, Pérez Sialer no recurre a fórmulas genéricas ni a consignas vacías. Resume su aspiración en tres razones: identidad, gratitud y servicio.
“Soy chiclayano, soy sanjosefino, soy aprista por convicción. Me he formado profesionalmente en la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, aquí he formado a mi familia, aquí he crecido. ¿Cómo no devolverle algo a esta tierra bendita de lo que he logrado de manera personal, familiar y profesional? Quiero ser diputado para servir y defender a Lambayeque”, menciona.
Su discurso incorpora además una referencia constante a su maestro Guillermo Baca Aguinaga, a quien acompañó durante 30 años y cuya enseñanza —dice— estuvo marcada por la intelectualidad y la honestidad. Pérez Sialer intenta así situar su candidatura dentro de una tradición aprista histórica, apelando a la ética como eje diferenciador frente a lo que califica como frivolidad e improvisación política.
Cinco ejes para una región postergada
Pérez Sialer asegura que ha escuchado a la población y que sus propuestas se concentran en cinco ejes: agua, empleo, seguridad, salud y educación, problemas estructurales que Lambayeque arrastra desde hace décadas.
El primer eje es el agua. Lambayeque es una región agrícola, pero carece de infraestructura hídrica suficiente para enfrentar sequías e inundaciones. El candidato menciona el proyecto del reservorio La Calzada, con capacidad proyectada de 70 millones de metros cúbicos, que permitiría irrigar hasta 25 000 hectáreas y mitigar desastres.
Se pregunta, con tono crítico, dónde estuvieron los congresistas anteriores y por qué no hubo una fuerza común para exigir presupuesto y ejecución. Para él, el problema no es técnico, sino político, de falta de decisión.
El segundo eje es el empleo y la informalidad. Siete de cada diez trabajadores operan en la informalidad, sostiene, en parte porque el propio Estado levanta barreras burocráticas que asfixian al emprendedor.
“De pronto surge un emprendedor y tiene que afrontar trabas municipales, inspecciones que no orientan sino que sancionan. La Sunafil debería acompañar, pero muchas veces sepulta la aspiración del que quiere formalizarse”, anota.
Propone la creación del Banco del Trabajo o Banco de la Juventud, dirigido a jóvenes emprendedores de 18 a 29 años que no acceden al crédito formal. Tres de cada cuatro jóvenes —afirma— buscan irse del país por falta de oportunidades.
“Los jóvenes necesitan un punto de apoyo. Yo estoy dispuesto a gestionar, defender e impulsar el banco para los emprendedores. Me daría por bien servido si cumplo esta ley al final del camino”, señala.
Seguridad y crisis del sistema de justicia
El tercer eje es la seguridad ciudadana. Pérez Sialer considera insuficiente la discusión centrada únicamente en aumentar el número de policías. Para él, el problema es sistémico.
“Hay que hacer leyes contra la criminalidad sistemática, el sicariato y la extorsión, pero dentro de un contexto social. No solamente la Policía, también el Poder Judicial, el Ministerio Público, el INPE y la Junta Nacional de Justicia. Ese divorcio que hay no le hace bien al país”, manifiesta.
Sostiene que la tensión entre organismos autónomos y poderes del Estado genera inseguridad jurídica y desalienta la inversión. Sin inversión —argumenta— no hay empleo; sin empleo, no hay bienestar. La ecuación es simple, pero la solución no.
El cuarto eje es salud. Denuncia que hace 15 años no se construye un hospital en Lambayeque. Menciona el caso de Pampagrande, con 14 000 habitantes y sin un centro de salud operativo del Ministerio de Salud, y el de Olmos, donde —según afirma— pacientes mueren en el trayecto hacia Chiclayo por falta de infraestructura hospitalaria.
La crítica apunta tanto al gobierno central como a la gestión regional. El sistema está colapsado y las reformas han sido superficiales.
Educación e identidad
El quinto eje es educación. Pérez Sialer plantea que Lambayeque necesita al menos dos nuevas universidades públicas para ampliar cobertura y evitar que miles de jóvenes trunquen su aspiración profesional.
Sin embargo, su discurso no evade la autocrítica. Reconoce que muchas veces los proyectos no se ejecutan porque los expedientes técnicos están mal elaborados o porque no existe un banco sólido de proyectos sostenibles.
“La parte técnica está poblada de mediocres. Los expedientes van a Lima y los observan. Se devuelve el dinero mientras las necesidades siguen ahí”, indica.
El candidato insiste en la meritocracia como condición indispensable para modernizar el Estado. Cuestiona el amiguismo y el reparto partidario en cargos públicos.
“Hay un ausentismo de meritocracia. Los partidarios pueden participar, pero con los méritos. El país tiene que competir en un mundo globalizado, no podemos darle la espalda a la tecnología ni a la inteligencia artificial”, refiere Pérez Sialer.
También introduce el tema de la identidad lambayecana, debilitada —según afirma— por el centralismo limeño. En distritos como Olmos, con más de 300 caseríos, denuncia ausencia del Estado e insuficiente conectividad digital.
Trayectoria y confianza
La pregunta clave es por qué los electores deberían confiar en él en un escenario donde la política carga con descrédito.
Pérez Sialer responde apelando a su hoja de vida: dirigente del pueblo joven Túpac Amaru —donde aún reside—, expresidente de la Federación Departamental de Pueblos Jóvenes, exregidor de Chiclayo y director departamental del Banco de Materiales.
“No podría estar aquí si fuera un sinvergüenza. Siempre he administrado lo ajeno con conciencia. El centavo hay que cuidarlo y hacerlo producir”, indica.
Sostiene que los sectores populares son los mejores pagadores y que el Estado debe confiar en ellos. En su visión, el Banco de la Juventud no es una promesa improvisada, sino la extensión de una experiencia concreta de gestión crediticia.
Admite, sin embargo, que la desconfianza es generalizada.
“La gente no cree en la política ni en los políticos porque siempre les han llevado palabras bonitas. Ya no quieren discursos. Quieren acciones”, manifiesta.
En sus recorridos por la región, afirma haber encontrado incertidumbre, frustración y escepticismo. Pero también una demanda clara de soluciones estructurales.
El reto aprista
Pérez Sialer compite en una elección que redefinirá el Congreso bicameral. La Cámara de Diputados tendrá la función de proponer y debatir leyes que luego serán revisadas por el Senado, además de participar en la elección de altos funcionarios del Estado.
Para el candidato, quienes ocupen cargos como el defensor del pueblo, el contralor o los magistrados del Tribunal Constitucional deben tener solvencia técnica y moral.
En un país donde el uso político de instituciones ha erosionado la confianza pública, el discurso sobre meritocracia y ética suena imprescindible, aunque su implementación ha sido históricamente esquiva.
El desafío para Pérez Sialer no es solo ganar una curul, sino demostrar que la experiencia y la identidad partidaria pueden traducirse en resultados concretos. El APRA, con 46 años de militancia en su caso, carga también con su propia historia de luces y sombras.
Al cierre de la entrevista, Pérez Sialer lanza un mensaje que resume su apuesta:
“Quiero morirme con la satisfacción de que cuando mis hijos crucen por las calles digan: tu padre generó un esfuerzo grande y nos dejó bienestar. Quiero ser diputado para servir y defender a Lambayeque”, enfatiza.
La frase apela a la dimensión moral de la política. Pero el electorado lambayecano no votará por intenciones, sino por credibilidad. En una región que exige agua, empleo, hospitales y seguridad, la vara está alta.
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