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LAURA RAMÍREZ CABEZAS: CINCUENTA AÑOS AL SERVICIO DE LA SALUD DE LOS LAMBAYECANOS

Escribe: Semanario Expresion
Edición N° 1439

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  • Recientemente, la enfermera Laura Ramírez se jubiló, tras una exitosa trayectoria en el Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo.
  • La servidora de la salud fue distinguida como ‘Mejor Profesional del Año’ por Expresión.

Tras medio siglo de servicio, la vida de Laura Ramírez Cabezas dio un giro radical el pasado 30 de diciembre cuando acabó su último turno. Era la una de la tarde y sus compañeras, provistas de globos, pancartas y flores, despidieron al ritmo de los tunos a quien hasta ese día fue su jefa del Departamento de Enfermería del Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo, de EsSalud.

“No lo podía creer, no me imaginaba tanto cariño”, dice modestamente la enfermera, quien a lo largo de los cincuenta años y siete meses de trabajo supo cosechar el cariño de sus compañeros y de cada paciente que pasó por sus manos. Desde su formación en el Hospital Arzobispo Loayza en Lima, pasando por el Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud – Serums, en Tacna, los años de docencia en la universidad hasta su servicio en el Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo, Laura Ramírez demostró ser un ejemplo de profesional de la salud. Expresión conversa con ella, luego de haberla distinguido como una de las mejores profesionales del año.

¿Cómo toma el reconocimiento recibido como ‘Mejor Profesional’?

Realmente, me siento muy satisfecha. Si recojo algunas palabras de la noche tan bonita vivida el 27 de febrero, me quedo con lo que dijo alguien sobre ser agradecidos con Dios por la oportunidad de tener vida, salud y trabajo. También otra persona dijo que estos reconocimientos se reciben con alegría, porque nadie así te hace un reconocimiento ahora. Lo he tomado como parte mía, porque es una gran verdad el recibir una premiación en estos tiempos tan difíciles que se están viviendo.

¿Cuántos años de servicio tuvo?

Cincuenta años con siete meses. Yo empecé muy joven. Terminé secundaria casi de 17 años y, después de mi formación profesional, postulé inmediatamente al Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo y comencé a trabajar acá en septiembre de 1979. En aquella época el gerente de la institución era el doctor Juan Aita Valle, quien muy acertadamente reconocía nuestros años de estudio como parte de nuestra formación profesional, por eso es que suma cincuenta años, porque la formación que teníamos antes era netamente hospitalaria. Nosotros en la mañana recibíamos las clases teóricas y a partir de la 1:00 p.m. ya deberíamos estar almorzando para ir a cubrir turnos. En este caso, yo fui formada en el Hospital Arzobispo Loayza de Lima, que pertenece a la Universidad Cayetano Heredia. Cubríamos los turnos con mucha responsabilidad y cumpliendo toda la normatividad que exigía en aquel tiempo el Ministerio de Salud.

Después usted hizo su vida laboral en EsSalud…

Sí, yo he trabajado desde mis inicios en EsSalud, pero paralelamente trabajé también en la Clínica Chiclayo un año. Sin embargo, era un poco difícil trabajar en dos instituciones. También trabajé más de 16 años como docente en la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo. Luego he sido consultora en otras universidades tanto locales como internacionales. Ahora, en esta etapa de mi vida, habiéndome quedado viuda muy joven, mis hijas me dicen: ‘Basta mamá, ahora te queremos ya en casa’, pero siempre estoy leyendo, participando, saliendo.

Justamente, usted nunca dejó de estudiar. ¿Qué estudios tiene en posgrado?

Una de las primeras especialidades que hice fue en Cirugía de Tórax y Cardiovascular, después he hecho en Neurocirugía, en Administración de los Servicios de Enfermería, en Salud Pública y, dentro de las especialidades, tengo el orgullo de decir que fui una de las enfermeras pioneras que tuvo la oportunidad de iniciar la colocación de marcapasos en nuestra institución, donde ahora ya es casi una rutina y se hacen intervenciones mucho más complejas. Hemos ido aprendiendo a lo largo de los años. Después también me he especializado en Administración de Hospitales, por eso es que -a través de la meritocracia- concursé y fui jefa de muchos servicios en el hospital, lo que me dio una visión mucho más amplia de lo que era dirigir un servicio, con lo cual me sentí mucho más segura de concursar para la supervisión. He tenido más de 14 años de supervisora y estando como supervisora me preparé para ser jefa del Departamento de Enfermería. Me actualicé y preparé con las herramientas digitales necesarias, incluso seguí cursos con el Instituto Nacional del Niño en Inteligencia Artificial.

¿Y en el campo de la docencia?

Tuve la oportunidad de ser profesora de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo. Comencé con las alumnas justo en lo que era la especialidad de cirugía de tórax y neurocirugía, siempre teniendo en cuenta que esta docencia se haga en los días libres, no paralelo a nuestros horarios de trabajo, porque no considero que sea ético hacer una doble función: tener pacientes a mi cargo y alumnas, porque puedo descuidar una parte. Y la razón principal que es la atención centrada en el paciente uno no la puede descuidar. Sé que hay colegas que actualmente quieren que se haga paralelo, pero ya serán las nuevas directivas las que decidan.

¿Qué casos la marcaron durante su ejercicio como enfermera?

Muchos. Desde que hacía el Serums en Tacna hasta mis últimos días en el Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo. Recuerdo que tuve la oportunidad de atender a un paciente con meningitis, que en aquellos tiempos eran casos a los que casi nadie quería acercarse porque las medidas de aislamiento eran muy estrictas, pero yo era enfermera de neurocirugía y neurología y mis turnos me permitían darle atención directa a este adolescente que era de extrema pobreza y tenía una meningitis bastante avanzada. Me marcó porque entró con un pronóstico tan reservado, pero el trabajo en equipo hizo que este niño al final saliera caminando, claro que no con todas sus facultades neurológicas, pero gracias a esa labor me eligieron aquel año como la enfermera del año en mi institución. Hasta ahora lo recuerdo y él también, porque cuando ha podido ha ido a verme al hospital. Ahora la meningitis es una enfermedad que ya tiene muchas aristas de cómo recuperarse, ya la ciencia ha avanzado, ya no hay ese temor del contagio, pero en aquel entonces me propuse que ese adolescente saliera de ese cuadro.

¿Alguna vez le tocó atender a alguna autoridad, dignatario, personaje importante?

Ah claro que sí, a varios. Me acuerdo bastante en que en mi etapa formativa tuve la oportunidad de colocarle un inyectable al presidente Fernando Belaunde Terry y acá en Chiclayo, en la Clínica Chiclayo, atendía a un asesor del presidente de la república de aquella época. Pero cuando uno trabaja ve pacientes y a todos los ve por igual. Al final, cuando se van de alta, uno recién se da cuenta de sus títulos o grados. Y es grato, porque a veces en mi humilde casa he recibido arreglos de flores, detallitos que me dicen vienen de parte de tal persona que usted atendió. A veces estoy en la calle y me saludan, pero son tantos los pacientes que he atendido que uno ya no recuerda quién es. También he tenido bastantes pacientes difíciles de atender, hay quienes no aceptan el tratamiento, pacientes que tienen alteraciones muy fuertes como Guillain-Barré, que tienen que recibir inmunoglobulina. Y la inmunoglobulina debe administrarse en una dosis a un gotaje indicado. Uno coloca la máquina, la calcula y esta va dando vueltas, pero a veces los pacientitos se ponen tan tensos, a veces no es uno al que le colocas inmunoglobulina, son hasta tres o cuatro. He tenido esa experiencia de que se ponen tensos, pero uno debe tener paciencia y explicarles, porque todo paciente tiene derecho a ser informado y a ser escuchado. Al final, ya cuando ellos terminan su tratamiento, aunque una sale cansada, queda contenta, gratificada.

En contraste, ¿recuerda alguna ocasión donde, a pesar del esfuerzo, las cosas no salieron bien?

No recuerdo el año, pero hubo un accidente de una empresa de transportes acá en Chiclayo, cuyo bus recién partía hacia Lima y se chocó con otra unidad, y en esa unidad iban muchos paisanos conocidos. Iba un médico esposo de una colega, también una enfermera que iba a participar de un congreso en Lima, y ambos fallecieron. Nos llamaron como voluntarios para que asistiéramos, porque había una gran cantidad de accidentados que traían al hospital. En aquel tiempo nos hacían el llamado por la televisión, se necesitaba enfermeras, médicos y donantes de sangre. Recuerdo que me marcó, porque casi todos llegaban fallecidos o en las últimas. Al final sobrevivieron de dos a tres accidentados. A uno de ellos se le colocó en neurocirugía, en la cama stryker y me preguntaba: ‘¿Por qué no puedo mover mis manos y mis pies?’. Fue la primera vez que mentí, le dije que era por la anestesia; pero en realidad el diagnóstico ya estaba dado: había fractura de la médula espinal a la altura de C4, C5 y a los pocos días entró en insuficiencia respiratoria, a ventilación mecánica y falleció. Esa persona, de haber sobrevivido, iba a quedar cuadripléjico. Después, los otros dos pacientes salieron en silla de ruedas.

¿Alguna vez tuvo que socorrer a alguna persona estando fuera de las labores del hospital?

Sí, eso fue en Tacna. Me iba a un pueblito llamado Pocollay, había una persona que se había lesionado la arteria y la vena, entonces allí le pedí al chofer que pare, le dije que debíamos ayudarlo, no podíamos dejarle desamparado. Le hice el torniquete conforme corresponde a arteria y vena y lo llevé inmediatamente al hospital de Tacna, al Hipólito Unanue. Él se recuperó, era hijo de una autoridad, del alcalde o del gobernador de Tacna me parece. Y tal fue su agradecimiento que en el grupo de enfermeras me invitaron a izar el pabellón nacional.

¿Qué expectativas tiene ahora que se encuentra jubilada?

Estos dos últimos meses he viajado, mis hijos me han regalado viajes, pero estoy todavía pensando en las oportunidades que me han dado para seguir ejerciendo la docencia, esperando también que pase la temporada de lluvias y de calor. De consultora sí seguiré y continuaré estudiando. Tengo en mente seguir dos diplomados. 

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