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UN DÍA EN EL MERCADO “BUENOS AIRES”

Escribe: Joseph Nicolás Serquén Roque (*)
Edición N° 1142

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El cántico de los gallos alerta un nuevo amanecer. Rápidamente el reloj marca las siete de la mañana. Cálidos y delicados rayos de sol se filtran por las ventanas cerradas. Esa es la señal para iniciar el día. Objetivo en la mira: Mercado Buenos Aires ubicado en la Av. Garcilazo de Vega

Frente a la entrada principal se aprecia un gran letrero. En él resaltan letras rojas y azules con el nombre del mercado. Y a su costado se encuentra el sello deteriorado de la Municipalidad de Chiclayo perdiéndose con la pintura de fondo.

Giras la mirada y las primeras olas de movimiento ya se pueden visualizar. Una pequeña variedad de vehículos como moto taxis, autos y camiones que empiezan a circular. Los productos que en ellos llevan, están siendo descargados.

Vuelves a girar la mirada y ves a las anfitrionas del lugar: las “señitos” con el pan caliente. Con ese delicioso pan caliente que además huele bien. Las personas no se resistirán a las famosas y enormes marraquetas con mantequilla monsefuana.

De un segundo a otro el movimiento se incrementó a grandes proporciones. Das unos pasos y de pronto eres testigo de una gran sinfonía. Una sinfonía en la que los músicos son voces, aromas, colores e incluso sabores.

Sigues caminando y a la par tu vista sigue llena de color, es un desfile arcoíris. Las frutas, verduras, carnes, bebidas, etc., modelan sus mejores estados. En simultáneo, los compradores juzgan si serán las elegidas o no. ¿Quién ganará?

Puedes conocer todo lo que en casa prepararán al prestar más atención. Todo lo que puedes imaginar es un gran buffet. Piden condimentos para el arroz con pato, frijoles para el cabrito, zarza para la milanesa de pollo, toyo para el apanado.

Mientras todo esto ocurre hay más cosas por observar. Las caras por ejemplo. Están felices, serias, preocupadas, aburridas o molestas. Algunas cambian cuando reciben la tierna atención de doña Peta o la coquetería de doña Pili.

Cada pasillo está lleno de personas. Mientras miras lo que hacen escuchas las típicas frases. ¡Lleve, lleve, casera; la yapita pues seño; una rebajita; regáleme una chequera maestro! Todas ellas acompañadas de risas y el dejo chiclayano.

Pero también los niños están presentes. Algunos corren, otros se esconden detrás de mamá y otros sueltos de huesos degustan las frutas para ayudar a tomar la decisión final. Justo al costado vemos un perro o gato a la expectativa.

Todavía es temprano y el Mercado Buenos Aires saca de apuros a las personas más ocupadas. Asimismo, por otra parte del mercado un grupo de personas se encuentra sentado disfrutando sin preocupación de un buen vaso de jugo y sándwich de pollo como desayuno. Otros prefieren asegurarse y reservan su menú.

Este es el momento culme. Hay más movimiento. Las personas entran y salen. Señoritas, señoras y viejitas se encuentran con las comadres. Se ponen a conversar, a reír y al instante deciden hacer las compras juntas para ponerse al día.

Los vendedores que madrugaron empiezan a retirarse porque acabaron sus productos del día. Sin embargo, otros mandan a traer más mercadería porque su jornada sigue y aún hay público demandante. “Es mejor que sobre a que falte” se oye por ahí.

Hacer el mercado, es una ceremonia sagrada para todo al que alguna vez le ha tocado. Los requisitos son: ir con ropa cómoda para desplazarte rápidamente y tener un sexto sentido para la búsqueda de los mejores insumos.

Llegó el medio día. Las personas se desplazan hacia el paradero informal. Cabe resaltar que este existe debido al gran número de transeúntes que asisten por la zona a diario. Esto incluye a los residentes cercanos y también a los más alejados.

Se siente que es hora de partir. El ambiente va quedando vacío de a pocos. Las personas realizan sus últimas compras. Y en simultáneo los vendedores recogen sus cosas, limpian su puesto, dejan todo bien ordenado y cierran las puertas.

Inesperadamente llega el encargado de limpieza para sacar las últimas bolsas de desperdicios que quedan. Saca las llaves de su bolsillo, asegura todo el establecimiento y camina con rumbo desconocido.

Eso es todo por hoy. Se selló una jornada matutina. Ahora toca esperar que vuelva nuevamente el amanecer para que reabran muy tempranito las puertas del conocido Mercado Buenos Aires.

(*) Estudiante del VI ciclo de Comunicación USAT.

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