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EL TRISTE FIN DE UN GOBIERNO

Escribe Freddy R. Centurión González para la edición N 1055

Al momento de escribir estas líneas, se encuentra virtualmente sellada la suerte de la accidentada presidencia de Pedro Pablo Kuczynski, que debía concluir en 2021, pero todo se ha precipitado en las últimas horas.

 

El gobierno entró malparido de entrada: el sistema electoral de la segunda vuelta le dio el triunfo por pocos miles de votos de diferencia, pero no le dio la mayoría necesaria para gobernar. PPK debió negociar, si no con Keiko (cuya furia se evidenció con la demora en reconocer su derrota electoral), con las demás bancadas para asegurar un frente sólido contra la contundente mayoría de la "banKada". Lejos de eso, el presidente cometió el error garrafal de adelantar sus intenciones de atraer congresistas en una entrevista a un medio extranjero. El fujimorismo keikista, alertado, se apresuró en promulgar una ley antitransfuguismo para prevenir ese riesgo. Ministros como Saavedra y Thorne cayeron ante la furia del Congreso, sin que el Gobierno activarse la cuestión de confianza, como tantos se lo pedían.

 

Si bien pareció que el Niño del pasado año llevaría a la unión nacional frente al desastre, ello no pasó de ser una fugaz ilusión. Huelga magisterial, huelga médica, agitación en los pasillos del Congreso, y la tensión creciente ante las inminentes declaraciones de los directivos de Odebrecht enrarecieron aún más el panorama. Y en menos de un año, PPK perdió un gabinete, y estuvo a un paso de perder la Presidencia en la moción de vacancia del pasado diciembre. El costo fue alto: indultar a Fujimori, si bien hizo irreconciliables las alas del fujimorismo (Keiko y Kenji), logró reducir aparentemente la fuerza de la "banKada", pero también enajenó al gobierno el respaldo (resignado) del antifujimorismo y de la izquierda, que paradójicamente, se han unido al fujimorismo keikista para una segunda moción de vacancia.

 

Y el responsable de que esta moción de vacancia llegase hasta donde hemos llegado, es el mismo PPK. Enredado en el berenjenal de mentiras sobre el seguro conflicto de intereses con sus empresas, su conducta fue errática: negó todo, se contradijo, se negó a recibir a la hostil Comisión Lava Jato, decidió recibirla cuando ya estaba en marcha la vacancia. Y si hasta el mediodía del martes, había posibilidad de salvarse de esta nueva moción, ello terminó por esfumarse con la difusión de los videos por la "banKada" que mostraban a congresistas del ala de Kenji (los mal llamados "avengers") intentando convencer a otro, que actuó de cebo para la trampa de no votar a favor de la vacancia a cambio de prebendas políticas. Las frases sobre los almuerzos con PPK, y los porcentajes que podría recibir el congresista, pasarán a formar parte de la historia de la corrupción peruana, sellando definitivamente la muerte política del gobierno.

 

Pero no solamente es el presidente el responsable de esta debacle. Si alguien comparte la culpa del fracaso de este gobierno, probando de paso sus escasas credenciales democráticas, es la señora Keiko Fujimori, quien ha demostrado con su conducta arrogante y reacia a negociar, una total falta de preocupación por los intereses del país, por los intereses de sus votantes, y con ella, su "banKada", llena de personajes cuestionables. También son responsables los representantes de bancadas menores que se han prestado al juego de la prepotente mayoría.

 

¿Y ahora qué hacer? Urge apoyar al vicepresidente Vizcarra, urge un cambio de rumbo y urge el adelanto de elecciones generales. Este gobierno y este Congreso, con sus errores y mezquindades, han comprometido seriamente el futuro de la institucionalidad peruana como para permitirles continuar y seguir dañando el frágil edificio constitucional peruano.

Freddy R. Centurión González
Fecha 2018-03-23 13:00:00