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Edición Nº 756, Chiclayo, del 15 al 22 de marzo de 2012

Culturales

Por: Semanario Expresión
RAÚL RAMÍREZ SOTO: EXPONENTE DE LA DÉCIMA Y LA POESÍA INFANTIL LAMBAYECANA:
Raúl Ramírez Soto, educador y hombre de letras, con una amplia trayectoria profesional, ha logrado un importante aporte a la poesía infantil y a la décima lambayecana. Su labor ha sido oportunamente reconocida a nivel regional y en los países vecinos de Chile y Ecuador. Ha publicado cinco libros de poesía infantil, nueve de décimas, uno de cumananas y dos antologías. Próximamente, publicará su primer libro de relatos y otro de sonetos.

“Nací en la caleta de San José, pero vivía en Monsefú. En ese tiempo no habían colegios secundarios en los distritos, por lo tanto yo tenía que estudiar en el Colegio San José de Chiclayo y venía en el tren de Puerto Eten. Tuve la gran suerte de ingresar cuando el gringo Weiss (Karl Weiss – ex director) se jubilaba”, cuenta.

Gracias a una beca estudió Educación en la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle - La Cantuta, “no la de ahora, sino la de aquellos tiempos” – aclara - a cargo del doctor Walter Peñaloza. Al culminar sus estudios se inició como maestro de educación primaria en Eten a cargo de un aula con 70 alumnos a quienes enseñó a leer y escribir, asumiendo la dirección a la muerte del anterior director y siendo luego trasladado a Chiclayo.

Posteriormente estudió en la Pontificia Universidad Católica las especialidades de Organización y Administración Escolar, Orientación y Bienestar del Educando y Literatura Infantil, permitiéndole acceder a muchos cargos, entre ellos el de jefe del Departamento de Orientación en el entonces Instituto Experimental de Campodónico, hoy desaparecido.

“En ese entonces ya me había casado, tenía un hijo y una hija en camino. Mi esposa y yo trabajábamos como maestros, pero aún sumando nuestros sueldos no alcanzaba. Por suerte hubo un concurso en Pucalá, para plazas en la Cooperativa, y lo gané”, cuenta.

Al poco tiempo, con la reforma del gobierno de Velasco, se crearon núcleos educativos comunales y Ramírez Soto fue nombrado director del Núcleo Educativo Comunal de las Ex Cooperativas Agrarias de Producción Azucarera Tumán, Pucalá, Pomalca y Capote entre 1973 y 1979, renunciando debido al delicado estado de salud de su padre.

Entre 1994 y 1997, llegó a ocupar el cargo más alto en educación como director sectorial de la entonces Región Nor Oriental del Marañón - RENOM, con jurisdicción en Lambayeque, Cajamarca y Amazonas.

“Creo que he sido un maestro con mucha suerte, de comenzar de maestro de una escuelita en Eten a terminar siendo director de toda la región y además, fui uno de los que he durado más en el cargo. Recuerdo que me tocó hacer el primer concurso para proveer plazas en el 95, con un equipo impecable y con directivas muy claras del Ministerio de Educación. Me tocó también corregir errores serios, abrir procesos y sancionar a varios directores a través de la Comisión de Procesos. A mí no me temblaba la mano, había directores que no daban cuenta de los gastos de dinero, en esos casos se abría la investigación”, explica.

SUS INICIOS EN LA LITERATURA
Ramírez Soto cuenta que de pequeño, cuando estudiaba primaria en Monsefú, tenía una profesora que hacía hincapié en la lectura y la comprensión lectora, además, tenía una predilección por la poesía. Asimismo, sus padres leían mucho en sus tiempos libres, por lo que no era raro que él también se inclinara por la literatura.

“Mi padre trabajaba en una isla en Lobos de Tierra y todos los veranos apenas terminábamos las clases nos íbamos a pasar el verano allá. Teníamos nuestra casa, a las seis de la tarde ya no había luz, prendíamos las lámparas y a leer se ha dicho. En ese tiempo no había televisión, la radio era una cosa soñada y así fue como yo me aficioné a la lectura”, cuenta, agregado que de pequeño jamás aspiró a convertirse en escritor.

“Me extraña de todo lo que he vivido, porque he visto el cambio del mundo. Jamás pensé que yo terminaría escribiendo y no solamente escribiendo, dictando conferencias, hasta en el extranjero, participando en congresos, publicando y dando entrevistas, esas cosas no pasaban por mi mente. Yo era como decimos en términos actuales, un chupado”, refiere.

En el año 1961, siendo alumno de La Cantuta, publicaron un pequeño poema de su autoría, en aquel tiempo mimeografiado en uno de los folletos elaborados por la universidad.

“Ese poema fue el primero que se publicó y eso fue un estímulo, dándome cuenta que podía escribir poesía para niños. Seguí escribiendo”, dice.

La décima fue otro aspecto literario que le atrajo siempre, aficionándose más cuando, ya en Lima, empezó a leer a Nicomedes Santa Cruz, gran propulsor de la décima en la década del 50. Cuenta que en una ocasión, Santa Cruz decidió editar una modesta antología de decimistas del Perú bajo el sello de Javier Sologuren para lo cual reunió material literario de toda la República, agradándole en el especial “Monsefú” (1966), una de las tres poesías que le envió Ramírez Soto, las únicas que tenía en ese tiempo.

La carta escrita de puño y letra de Santa Cruz fue publicada en uno de los libros de décimas de Ramírez Soto. En ella le daba una muy buena crítica, lo que impulsó a Ramírez a que siguiera escribiendo. “La décima y la poesía infantil me encandilaron y yo tiré parejito para los dos lados”, señala.

PRODUCCIÓN LITERARIA
En poesía infantil ha publicado “Chibiricoquí” (1991), “Cochiyape” (1992), “Cuchohambra” (1994), “Tero Tero” (1995) y “Tata Tata” (2006).

“El nombre ‘Cochiyape’ se debe a una anécdota: había una niñita en el colegio donde yo era director, que ya en mayo aún no tenía su libro Coquito para aprender a leer, y siempre le decía a su maestra que lo traería mañana hasta que un día le dijo que por fin su mamá le compraría el libro porque había cosechado choclos y los había vendido en ‘Cochiyape’, cuando en realidad quería decir Chongoyape”, explica.

El título del libro Cuchohambra, que da nombre a su última antología, también tiene una historia.

“El nombre de ese libro es en homenaje a mi hijo, fallecido hace tres años. Cuando él era pequeño, mi mujer solía revisar los periódicos y le decía a mi hijo ‘dile a tu papá que me mande el crucigrama’, pero él tenía dificultad para decir las palabras y en su lengua mocha me decía ‘dice mi mamá que le mande cuchohambra’. De ahí nace el nombre”, cuenta.

El nombre de Tero Tero recuerda a la canción infantil “tero, tero cogotero, tero tero, carpintero…”, que las maestras cantaban a sus alumnos. Tata Tata es el último libro de poesía infantil que publicó y que produjo en homenaje a sus nietos que aparecen en la portada.

En lo que respecta a décima, ha publicado “Cacahuete” (1992) y “Quisicosas” (1994), en homenaje al Colegio San José; “La Yapa” (1994), “Corte Parejo” (1995), “A mi manera” (1997), “De mi cosecha” (2002), “El quitapenas” (2004), ¡Adió…! (2006), “R con R” (2006), “Vea usted eso” (2010) y las antologías “Por amor al arte” (2010) y “Cuchoambra” (2011). Ramírez Soto, da una explicación de los curiosos títulos de sus libros.

“¡Adió..! fue un libro que tuvo muy poca circulación. Adió es un término que se utilizaba antiguamente cuando yo era colegial a manera de interjección, son versos cuartetas, le llaman cumanana, verso picaresco, que sirve para comenzar una décima de pie forzado. La yapa también es un término que ya casi no se usa, recuerdo que cuando era niño me enviaban a comprar y cuando te volvías caserito el señor te daba un caramelito. Esa era la yapa. Corte parejo es una frase también que escuchaba cuando era niño, esos señores están rajando, ¿de quién?, corte parejo; es decir, nadie se escapa. De mi cosecha, le puse así por un abogado que me preguntó ¿qué más hay de tu cosecha? y me gustó el nombre. En la portada aparece una caricatura que el pintor Bruno Portugués hizo mientras conversaba con él en un café, en una ocasión que llegó a Chiclayo”, recuerda.

RECONOCIMIENTOS
Ramírez Soto ha recibido reconocimientos no sólo a nivel regional, sino también en países como Chile y Ecuador. En el 2003, la Dirección Provincial de Cultura de Azuay y la Coordinación Provincial del Sistema Nacional de Bibliotecas, lo distinguieron con Placa de Honor como facilitador del Seminario Taller “La lectura de biblioteca y sus roles en nuestro tiempo”, en Cuenca - Ecuador.

De igual manera, en el 2011 recibió un reconocimiento por su importante colaboración brindada en el tercer Encuentro Hispanoamericano de Artes y Letras “Fabián Figueroa Ordoñez”, y por su participación como conferencista con el tema “La poesía como instrumento de aprendizaje en el niño”, en Loja.

También recibió una medalla como condecoración de la Universidad Pedro Ruiz Gallo en el 2005, por difundir la décima como parte de la identidad lambayecana.

PROYECTOS
Ramírez Soto cuenta que actualmente se encuentra trabajando en dos libros: uno de relatos que se llamará “Desde esta orilla” y otro de sonetos que se denominará “Matices”.

“Matices tendrá más o menos 40 sonetos. He escrito cuartetas, octavillas, décimas, pero el reto mayor es escribir sonetos, forma clásica del verso por excelencia, y un reto mayor para mí, pues mi abuelo materno fue sonatista, famoso poeta de la época de Nicanor de la Fuente. El nombre Matices se debe a que procuro que cada uno cubra aspectos de la vida, sobre todo sentimentales y de valores”, cuenta.
Por otro lado, “Desde esta orilla”, está compuesto por relatos costumbristas relacionados con Lambayeque, Monsefú y San José.

“Está basado en los recuerdos de mi infancia, historias de nuestros abuelos, anécdotas, con el lenguaje que se usaba en ese entonces para que no se pierda, pero ajustándolo a los tiempos actuales. Es contar las experiencias que tengo desde muy niño, por el trabajo de mi padre en las islas Lobos de Tierra, porque he vivido mucho tiempo ahí, al igual que mis padres y mis abuelos, como un homenaje a ellos”, cuenta.

Algunos de los relatos que conformarán este libro son nuevos y otros son los que publicaba los domingos en la edición regional del diario El Tiempo de Piura, que tuvo una breve circulación en Lambayeque. Además, también fue columnista en el diario El Correo y colaborador en La Industria, escribiendo periódicamente sobre temas de educación y regionalismo lambayecano.
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