Quiénes Somos Nuestra Organización Productos y Servicios Publicidad Portada Principal Libro de Visitas Acceso a IntraNet Ver Portada Cartelera
 COLUMNAS
  Mi Expresión
  Regional
  Conexión Política
  Culturales
  Suplemento
  Palabra x Palabra
  Cortitas
  Columnistas
  En la Mira
  Sociales
  Entretenimiento
 INTERACTUE
  Libro de Visitas
  La encuesta
  Sugerencias
  Contáctenos
Cambiar Edición





Sugerencias
Edición Nº 483, Chiclayo, del 8 al 14 de setiembre 2006

Palabra por Palabra

Por: Lic. Larcery Díaz Suárez
PALABRA X PALABRA:
Mucho he escrito sobre esta ciudad que me ha realizado sueños y dejado otros sin realizar; donde pasé mi infancia, adolescencia, juventud y adultez; donde obtuve mis profesiones y donde las desarrollo; donde nacieron mis hijos. Y es que mucho caminé sus calles; horadé sinsabores, agujereé fantasías; logré lo que quise y quizá más. Y durante la media vida que vivo escribí sobre ello; y sobre esta ciudad y su gente.
*****
De mi infancia aún recuerdo a la China loca. Solitaria hablaba consigo en una de las esquinas laterales de la Iglesia Matriz. Ida en sus sueños demenciales, nos correteaba a pedradas. Y nos guarecíamos en el templo, donde sólo el tañer de su campana, o el aletear de golondrinas, o las imaginarias notas de su gigantesco órgano musical, rompían el absoluto silencio del santuario del que emigrábamos arrepentidos, contritos y persuadidos de no hacer más daño y dejar de gritar a quien llamábamos China loca.
*****
De allí solíamos ir al Palacio Municipal, que entonces no llegaba a la avenida Balta. Cual castillo medieval, con caballeros y damiselas, subíamos las escalinatas y recorríamos el inmenso balcón rectangular. Una, otra vez. Luego descendíamos, trepados en el pasamanos de la escalera principal. Después, enrumbá-bamos a nuestros hogares por la entonces angosta avenida Balta Norte, contando adoquín por adoquín; o tratando de ubicar alguna figura deslizarse por los ventanales del Hotel Royal o del café de la esquina de San José y Balta, donde hoy se levanta el Satch, la ampliación del local consistorial.
*****
Punto inmediato de nuestra travesía era la acequia del barrio. Nunca supimos dónde nacía, pero en sus aguas, a veces límpidas y otras cargadas de lluvias ajenas, nos bañábamos hasta el atardecer. Nuestro destino final: subirnos al tren que jalaba los carromatos cargados de bolsas de azúcar que de las ex haciendas iban a parar a los puertos de Eten o Pimentel. Los abordábamos y allí jugábamos, hasta que, cansados, bajábamos en una estación nunca construida, al otro lado de la ciudad.
*****
Muchas veces, imaginándomela arremeter a pedradas contra quienes hicieron añicos su original hábitat, me pregunté: ¿dónde irían a parar la China loca y sus sueños demenciales, tras el primer combazo que comenzó por destruir la Matriz? Ésta desapareció y su solar lo atraviesa la ampliada calle San José; los adoquines de Balta fueron extraídos de raíz; su angosta calle se convirtió en avenida. Nunca más volvimos a bañarnos en las aguas de la misma acequia y sólo del tren sobre el que jugábamos quedó en nuestra memoria su continuo traqueteo, que sigue atravesando la ciudad en nuestros sueños y recordándonos nuestros juegos infantiles.
*****
Si eso hizo la mano del hombre, ¿alguna vez en el futuro podría suceder otra nueva desgracia? El último jueves 7, ante el incendio del Palacio Municipal de Chiclayo, el tiempo me lo reconfirmó. Y, con toda la indignación de un chiclayano que ama a su tierra, busco responsables de tamaña atrocidad histórica. Y encuentro a muchos, que ojalá la justicia chiclayana condene para toda la vida.
*****
Y esto justo sucede a pocos días de que el mundo conmemore el quinto aniversario del trágico 11 de setiembre, con la destrucción de las Torres Gemelas, símbolo de la economía y el comercio internacional. En Chiclayo, lamentablemente, comenzaremos por recordar un trágico 7 de setiembre.
*****
Hace pocos días en la Universidad de Chiclayo se presentó el libro “Trece mentiras cortas”, del publicista Gustavo Rodríguez, quien desde hace años también ha incursionado en la narrativa. Allí algunos comunicadores radiales, sin haber leído el libro -de cuentos-, se atrevieron a increparle al autor de porqué “contar mentiras” y no hablar de realidades (?)
*****
Alguno de estos radioloros le auguró que en Chiclayo su libro no iba a tener resonancia; “no iba a pegar” (sic). Otro –se autotituló periodista e historiador-, aconsejó al ya asustado escritor, que mejor se dedicara a historiar la realidad de nuestro país y de repente no a contar ficciones sin ton ni son. Es decir, con el criterio de estos improvisados críticos periodísticos -no literarios– nadie se atrevería a publicar cuentos o novelas, muchos de los cuales no tienen –no tienen porque tener y si quieren no deben tener- visos de realidad.
*****
Felizmente escuché al rector de la UDCH, Alberto Ortiz Prieto, aclarar en el mismo auditorio, la labor del periodista que se forma en esa universidad, que además del sentido humanista, tiene de por sí el académico, que propende a la vez a educar al lector y oyente de palabras escritas o habladas, con el mejor uso de nuestro tan rico y bello idioma, para leerlo o para hablarlo.
larcery@hotmail.com
[Retornar a Principal]
PORTADA DIGITAL
Edición Nº 483

17 AÑOS DE PERIODISMO

Fundado el 13 de Agosto de 1993
PUBLICIDAD
BUSCA GOOGLE

07 de Enero Nº 438 Teléfonos 209010 / 273940 - Chiclayo - Perú
COPYRIGHT 2010