En su último año al frente de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo - UNPRG, el rector Enrique Cárpena Velásquez hace un balance de una gestión marcada por el licenciamiento institucional, la recuperación de infraestructura, la modernización tecnológica y una férrea defensa de la autonomía frente a lo que considera populismo político. A meses de dejar el cargo, habla sin ambages sobre presupuesto recortado, burocracia estatal, invasiones de terrenos, presiones electorales y la necesidad de que la universidad no retroceda.
La Pedro —como la llaman en Lambayeque— estuvo tres años sin admitir estudiantes tras el no licenciamiento. Hoy registra 8500 alumnos y acaba de batir un récord histórico con 3870 postulantes de quinto año de secundaria para un examen extraordinario. Pero el camino no ha sido sencillo.
Cuando Enrique Cárpena asumió el rectorado, la universidad no estaba licenciada. La tarea fue titánica. Tocó puertas en Lambayeque, en Lima y en otras regiones, convocó a egresados influyentes y reorganizó internamente la casa de estudios para cumplir las condiciones básicas de calidad exigidas por la Sunedu.
“Cuando asumí la gestión, la universidad estaba no licenciada. Y tuve que tocar puertas tanto internamente en la universidad, en la región Lambayeque y en Lima y en muchas regiones del país, de gente que había ingresado a la universidad para que nos apoyaran para nosotros poder coadyuvar esfuerzos y cumplir las condiciones básicas de calidad”, rememora.
El licenciamiento llegó en junio de 2023. Para Cárpena, más que un logro administrativo, fue un acto de justicia social. Tres años sin admisión golpearon especialmente a jóvenes de condición económica media y baja, que tradicionalmente acceden a la universidad pública.
“Imagínese, tres años de estudiantes que no podían postular a la universidad. Y nosotros sabemos que la Pedro Ruiz Gallo congrega por lo general estudiantes de condición media para baja. ¿Dónde se iban? A la universidad particular. Los padres podían pagar dos, tres meses, pero después los tenían que retirar por falta de recursos”, expone.
Hoy la recuperación es progresiva. La población estudiantil bordea los 8500 alumnos, cuando antes del no licenciamiento llegó a superar los 10 000 e incluso 12 000 estudiantes.
Récord de postulantes
El último proceso extraordinario para alumnos de quinto año ha marcado un hito: 3870 postulantes compiten por entre 140 y 160 vacantes. En Medicina, el contraste es dramático: más de 400 aspirantes para apenas cuatro o cinco plazas.
“Quisiera tener 400 vacantes para darles a los muchachos. Pero son cuatro, cinco vacantes. Es triste. Es nuestra realidad. El Estado peruano debe ver eso. Parece que no nos enfocamos bien, damos medidas muy superficiales, no tocamos el problema de fondo”, anota.
Para el rector, esta brecha beneficia directamente a universidades privadas que sí pueden ampliar cupos, mientras la universidad pública debe mantener estándares de calidad y límites por aula.
La UNPRG trabaja con un promedio de 45 alumnos por aula, cifra que Cárpena Velásquez considera óptima. Rechaza la idea de inflar vacantes para responder a la presión social si ello implica retroceder en calidad.
“Podemos volver a lo de antes, donde un aula de 40 estudiantes vamos a poner 80 solamente por satisfacer la necesidad. No. Tenemos que formar profesionales buenos. Darles confort estudiantil: buenas aulas, laboratorios, ambientes adecuados”, precisa.
Presupuesto recortado y burocracia paralizante
El rector no oculta su frustración con el financiamiento estatal. La Pedro Ruiz Gallo sufrió un recorte de 27 millones de soles, en el marco de una reducción global que afectó a todas las universidades públicas.
“La universidad pública tiene un promedio de 1080 millones de soles que se le ha recortado a nivel nacional. Eso afecta la parte investigativa, sobre todo. Y lógicamente a los que más lo necesitan”, comenta.
Según explica, el presupuesto no cubre las demandas reales de infraestructura, investigación y servicios estudiantiles. Se recurre a recursos directamente recaudados (RDR) para sostener compromisos básicos.
A ello se suma la traba de la Ley de Contrataciones del Estado.
“Un proceso de licitación demora tres meses. Si alguien pone una queja, demora cinco. Si vuelve otra observación, se va para el próximo año. Eso no pasa solo aquí, pero nos frustra”, afirma.
Pese a ello, destaca avances: 1500 computadoras adquiridas para laboratorios, 300 pizarras interactivas inteligentes ya instaladas, más de 200 impresoras y nuevos edificios en ejecución, entre ellos el de Arquitectura y el de Simulación en Enfermería.
Terrenos invadidos y recuperación patrimonial
Uno de los capítulos más complejos de la gestión ha sido la recuperación de terrenos invadidos durante décadas, especialmente en contextos de pandemia y campañas electorales.
Enrique Cárpena reconoce que hubo dejadez histórica. Con apoyo policial, la universidad inició procesos de desalojo y logró recuperar cerca de 50 hectáreas.
“No podemos permitir que cualquier propiedad sea invadida. Nosotros tuvimos esa gran tarea. Con el general fuimos al campo y con una veintena, luego treinta policías, iniciamos la recuperación. Esto viene de 25 o 30 años atrás”, detalla la autoridad.
Actualmente, existen pueblos jóvenes consolidados en zonas que originalmente pertenecían a la universidad, con servicios básicos y transporte público. El rector sostiene que se trabaja en la vía legal para recuperar otros predios en sectores como camino a Pimentel y áreas rurales.
Las hectáreas recuperadas se destinarán a proyectos agrícolas, experimentales y de expansión académica, en coordinación con agricultores y facultades.
No retroceder
Enrique Cárpena es tajante respecto al proceso electoral interno. Asegura que durante su gestión no hubo manejo partidario.
“Este periodo que yo asumí la dirección de la universidad no ha habido ningún manejo de ese tipo. Si se podía aludir a algo, diría que ha sido la política de Enrique Cárpena. Trabajé en forma horizontal”, enfatiza.
Sin embargo, advierte que la universidad no debe retroceder.
“Para mí, particularmente, no debe volver lo de antes. Así, definitivamente. Ninguna gestión partidaria. Menos las personas que ya se conocen. Esas ambiciones que se muestran evidencian querer llegar de nuevo y eso es lo que no queremos, porque le hicieron mucho daño a la universidad”, afirma.
Sobre la creación de nuevas universidades en la región, no se opone en principio, pero cuestiona el anuncio sin financiamiento real.
“Lo que no estoy de acuerdo es que se engañe a los pueblos. No se puede decir creación de universidad y mañana funciona. A nosotros nos costó tres años el licenciamiento”, refiere.
Mirada crítica sobre Lambayeque
Cárpena Velásquez sostiene que la academia no puede politizarse, pero sí debe tener conciencia crítica de la realidad regional. Señala problemas estructurales en la gestión pública local y regional, y apunta a la burocracia como obstáculo central.
“Chiclayo necesita un cambio radical. No soy radical, soy realista. A una autoridad no la ponen para que le toquen palmas, la ponen para cumplir una función de avance”, sostiene.
Considera que antes de prometer obras emblemáticas, se deben atender problemas básicos como el sistema integral de desagüe del centro de la ciudad.
Centro Pre y renovación académica
La reapertura del Centro Preuniversitario está prevista para abril. El rector admite limitaciones presupuestales y observaciones técnicas, pero insiste en que debe reactivarse.
En el plano académico, la universidad actualiza planes de estudio cada cuatro o cinco años y evalúa nuevas carreras vinculadas a inteligencia artificial y tecnología aplicada.
En investigación, el avance es significativo: de menos de 15 docentes Renacyt al momento del licenciamiento, hoy superan los 50.
A días de ser reconocido como Autoridad Universitaria del Año 2025 por el Semanario Expresión, Cárpena Velásquez afirma que su prioridad fue ordenar, cumplir pactos laborales y garantizar estabilidad interna.
“Decirles que tengan confianza en la Universidad Pedro Ruiz Gallo. Estamos trabajando para darle el mejor confort a los estudiantes, formarlos académicamente, en investigación y sobre todo en valores. No formamos profesionales por formar, formamos profesionales que sean parte de la solución y no del problema. La Pedro Ruiz Gallo renació con el licenciamiento y no debe permitir que intereses políticos o decisiones populistas la hagan retroceder. En un país donde la educación pública enfrenta recortes, burocracia y presiones externas, la universidad lambayecana se juega algo más que su prestigio: se juega su papel como herramienta de movilidad social y desarrollo regional”, enfatiza.
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