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FRAGANCIAS QUE AHUYENTAN: ¿PUEDEN LOS ACEITES ESENCIALES REEMPLAZAR A LOS REPELENTES QUÍMICOS?

Escribe: Heber Silva Díaz (*)
Edición N° 1439

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El uso de aceites esenciales como repelentes de insectos ha despertado un creciente interés en las últimas décadas, principalmente debido al contexto global donde las enfermedades transmitidas por vectores como el dengue, la malaria y el zika siguen desafiando la salud pública mundial y peruana. Durante décadas, el estándar de oro ha sido el uso de repelentes sintéticos, principalmente el comercial DEET (dietil toluamida). Sin embargo, subyace una preocupación: la toxicidad ambiental, la irritación cutánea y otros efectos adversos; además de la aparición de resistencia en las poblaciones de insectos. Esta realidad ha impulsado una búsqueda hacia soluciones distintas o complementarias. En este contexto, los aceites esenciales emergen como alternativa y herramienta biotecnológica con potencial.

Los aceites esenciales son mezclas complejas de metabolitos secundarios volátiles extraídos de plantas, principalmente terpenos. Su eficacia como repelentes no es casualidad, es el resultado de millones de años de evolución donde las plantas desarrollaron defensas químicas contra sus depredadores. El mecanismo de acción no es menos fascinante. A diferencia de los insecticidas que buscan matar al insecto, los aceites esenciales bloquean los quimiorreceptores de las antenas de los insectos. Al interferir con su capacidad para detectar el dióxido de carbono o el ácido láctico emitidos por el humano, el aceite esencial crea una "capa de invisibilidad" química que desorienta al insecto y evita la mortal picadura.

Ventajas y desafíos técnicos

El uso de aceites esenciales presenta ventajas comparativas innegables:

Biodegradabilidad: A diferencia de los repelentes sintéticos, los aceites esenciales se descomponen rápidamente en el medio ambiente sin dejar residuos tóxicos.

Baja Toxicidad: En concentraciones adecuadas, se ha evidenciado, en general, una seguridad superior para el uso humano y la fauna entomológica silvestre.

Sinergia: Al ser mezclas de múltiples compuestos, es mucho más difícil que los insectos desarrollen resistencia genética a largo plazo.

Volatilidad: No obstante, el mayor obstáculo para su comercialización masiva es su alta volatilidad. Al ser sustancias que se disipan con facilidad, el tiempo de protección suele ser menor, entre 30 y 120 minutos, comparado con 180 minutos, o más, que ofrece el DEET. Para superar este obstáculo, actualmente se están proponiendo formulaciones por nanotecnología. Es decir, el uso de microencapsulación y nanopartículas que permita una liberación lenta y controlada de los vapores del aceite.

Investigaciones en Perú

En el Perú, varias instituciones académicas y equipos científicos se han interesado en el asunto. En Chiclayo, el Hospital Regional Lambayeque, a través de su Dirección de Investigación, y la Universidad de San Martín de Porres, filial norte; lideran ensayos experimentales para conocer la eficacia repelente, tiempo de protección y toxicidad de aceites esenciales procedentes de plantas cultivadas en el Perú, nativas o introducidas. Entre otras plantas, se está estudiando a la hierba luisa (Cymbopogon citratus), Orégano (Origanum vulgare), eucalipto (Eucalyptus globulus), y la menta (Mentha piperita), sobre las cuales se están obteniendo resultados prometedores.

En efecto, una de las últimas publicaciones de este equipo de investigación, ha informado que, la mayor eficacia repelente contra el zancudo Aedes agypti, transmisor del dengue y otros virus, se observó con los aceites esenciales de hierba luisa, eucalipto y orégano; los cuales, a una concentración de 250 mg/mL tuvieron un efecto repelente cercano al 100% y un tiempo de protección de 180 min; resultados similares al obtenido con el DEET a 100 mg/mL.

Asimismo, también han demostrado a través de ensayos experimentales sobre el cochinito de tierra (Porcellio laevis), que los aceites esenciales de las plantas antes mencionadas, mostraron menor toxicidad aguda en comparación al DEET (repelente sintético) y la cipermetrina (insecticida agrícola y de uso en salud pública para el control de vectores). Es por este motivo que, para los próximos años han planificado realizar investigaciones aplicadas que permitan madurar la tecnología y escalar a prototipos funcionales que puedan llegar al mercado en algún momento.

Los aceites esenciales representan una alternativa prometedora y ecológicamente atractiva como repelentes de insectos, contribuyendo así a la salud pública. Aunque presentan desafíos relacionados con la duración de su efecto y la estandarización de su composición, los avances en la formulación y evaluación científica continúan fortaleciendo su potencial. En un mundo que demanda soluciones más verdes, la transición de la síntesis química a la esencia botánica no es solo una preferencia estética o ideológica, sino una necesidad para la salud planetaria sostenible.

(*) Biólogo, Hospital Regional Lambayeque.

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