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LOS HECHOS PREVIOS A LA INDEPENDENCIA: La llegada de San Mart铆n y la proclamaci贸n del 28 de julio

Escribe: Semanario Expresi贸n
Edición N° 1459

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La planificación de la independencia hispanoamericana encontró uno de sus hitos más significativos en la organización de la Expedición Libertadora del Perú. Al mando del general don José de San Martín, este contingente militar se configuró como un esfuerzo multinacional de gran envergadura. El ejército estaba integrado por un total de 4118 hombres pertenecientes a las tres armas del diseño militar de la época: la infantería, la caballería y la artillería. En cuanto a su composición por nacionalidades, las fuerzas aliadas sumaban 2313 plazas de origen argentino y 1805 de procedencia chilena y peruana. Entre los oficiales más destacados del contingente se encontraba el general don Toribio de Luzuriaga, un militar de notable trayectoria nacido en Huaraz.

El inicio de la travesía marítima se concretó en el puerto chileno de Valparaíso el 20 de agosto de 1820. La elección de esta fecha específica no fue casual, sino el resultado de un meticuloso análisis estratégico por parte del Libertador. San Martín buscaba aprovechar deliberadamente las condiciones climáticas de la temporada, caracterizadas por densas neblinas que servirían como un manto natural para ocultar los movimientos de la flota y asegurar el factor sorpresa frente a las fuerzas realistas. Tras dos semanas de navegación pacífica y sin contratiempos mayores en las aguas del océano Pacífico, la vanguardia de la expedición hizo su ingreso formal a la bahía de Paracas, en la actual región de Ica, al atardecer del 7 de septiembre de 1820.

El desembarco general de las tropas se ejecutó al día siguiente, el 8 de septiembre, permitiendo la ocupación pacífica del cercano pueblo de Pisco. Fue en esta localidad donde San Martín decidió establecer su primer Cuartel General en territorio peruano, distribuyendo estratégicamente al resto de sus divisiones a lo largo y ancho del valle circundante. Desde los primeros instantes de la llegada de las fuerzas patriotas, el éxito de estas operaciones militares iniciales estuvo respaldado por el entusiasmo y la constante colaboración de la población civil de los alrededores, que veía en la expedición la posibilidad real de terminar con el dominio virreinal.

Las primeras acciones

La velocidad y la audacia con la que actuaron las fuerzas de la Expedición Libertadora tomaron por sorpresa al virrey Joaquín de la Pezuela. A pesar de que la corona española disponía de un ejército considerablemente superior, estimado en unos 7 mil soldados listos para el combate, el mandatario realista prefirió evitar un choque militar inmediato. En su lugar, Pezuela optó por proponer una vía diplomática para resolver el conflicto. San Martín aceptó iniciar las conversaciones, no sin antes pronunciar una declaración que definiría su doctrina política y militar al afirmar que su intención no era buscar el campo de batalla, salvo cuando este fuese un paso estrictamente necesario para alcanzar el templo de la paz.

Bajo este mandato, los representantes de ambos bandos se reunieron el 25 de septiembre de 1820 en el pueblo de Miraflores, en las afueras de Lima. Las conferencias diplomáticas, sin embargo, estaban destinadas al fracaso debido a las posturas ideológicas irreconciliables de las partes. Mientras los emisarios patriotas exigían de manera irrenunciable el reconocimiento previo y formal de la independencia americana, los representantes realistas condicionaban cualquier pacto a la sumisión ante la autoridad del rey de España y al juramento de la constitución de Cádiz. En medio de este entramado de propuestas, San Martín llegó a plantear una alternativa intermedia que consistía en instaurar una monarquía constitucional en el Perú, cuyo trono sería ocupado por un príncipe de la dinastía borbónica.

Al no alcanzarse un acuerdo en Miraflores, las operaciones continuaron. Durante su permanencia en Pisco, el 21 de octubre de 1820, San Martín dictó un decreto histórico mediante el cual se crearon la primera bandera nacional y el primer escudo de armas del Perú independiente, dotando así de identidad visual a la causa. Pocos días después, el 26 de octubre, al constatar que Pisco no reunía las condiciones geográficas idóneas para sostener una campaña de largo aliento hacia la capital, la Expedición Libertadora volvió a embarcarse con rumbo al norte. El 12 de noviembre, la flota arribó a las playas de Huacho, procediendo de inmediato a la ocupación del vecino pueblo de Huaura, localidad que pasó a convertirse en el nuevo Cuartel General de las fuerzas patriotas.

Ofensivas militares

El Libertador recibió la trascendental noticia de la independencia de la provincia de Guayaquil, acontecida el 9 de octubre de 1820. Esta revolución, liderada por el oficial peruano Gregorio Escobedo, no solo sumó un territorio estratégico a la causa emancipadora, sino que puso de inmediato todos sus recursos humanos y materiales a la entera disposición del general rioplatense.

El 6 de noviembre de 1820, el vicealmirante británico Lord Thomas Cochrane dirigió una audaz incursión marítima en el mismísimo puerto del Callao, logrando capturar la fragata española Esmeralda, que constituía el buque insignia de la Armada realista en el Pacífico. Esta hazaña naval impuso un bloqueo severo que comenzó a aislar material y psicológicamente a la ciudad de Lima.

En paralelo a las acciones de la escuadra, el general Juan Antonio Álvarez de Arenales recibió la orden de internarse en la sierra central al mando de una división del ejército patriota. Esta campaña cubrió un extenso territorio que abarcó las regiones de Huamanga, Huancayo, Jauja y Tarma. El virrey Pezuela organizó diversos destacamentos para contener el avance de Arenales, pero el coraje y la pericia táctica de las tropas independentistas se impusieron rotundamente. Las fuerzas patriotas derrotaron a los realistas primero en el combate de Nasca, en las cercanías de Ica, el 6 de octubre de 1820, y posteriormente lograron una victoria decisiva en la batalla de Cerro de Pasco el 6 de diciembre de ese mismo año. En este último enfrentamiento, las armas de la patria consiguieron desarticular por completo a la división realista, tomando como prisionero al brigadier español Diego O´Reilly.

El debilitamiento del bando realista también se manifestó a través de deserciones clave, siendo la más emblemática la del batallón regular Nueva Numancia. Gracias a una intensa labor previa de inteligencia, propaganda y adoctrinamiento político efectuada por los patriotas residentes en Lima, este cuerpo militar de élite abandonó las filas del rey el 3 de diciembre de 1820 para sumarse al ejército libertador.

Crisis en el Virreinato

La acumulación de derrotas militares y la pérdida progresiva del control territorial provocaron una grave crisis institucional en el seno del gobierno virreinal. En los primeros días de enero de 1821, un grupo de altos oficiales del ejército español se amotinó en el campamento de Aznapuquio contra el virrey Pezuela, acusándolo de pasividad, inercia y manifiesta incapacidad para contener el incontenible avance de las fuerzas sanmartinianas. Presionado por sus propios subordinados, Pezuela se vio obligado a dimitir de su cargo, siendo reemplazado de inmediato por el general José de la Serna, quien asumió como el último virrey del Perú.

San Martín continuó construyendo la arquitectura legal del nuevo Estado. El 12 de febrero de 1821, promulgó en su Cuartel General el Reglamento Provisional de Huaura, un cuerpo normativo esencial diseñado para garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos peruanos y otorgar un marco de legitimidad jurídica a las funciones de gobierno que el Libertador venía ejerciendo. Con las negociaciones diplomáticas agotadas y habiendo constatado la imposibilidad de una solución concertada con los realistas, San Martín concluyó que la fase de persuasión política había terminado, disponiendo los preparativos definitivos para la ocupación militar de la capital virreinal.

La proclamación en Lima

Hacia mediados de 1821, la ciudad de Lima se encontraba sumida en una atmósfera de profunda inseguridad, desabastecimiento y temor generalizado. La presencia de las tropas patriotas acantonadas en el norte y las incursiones diarias de las montoneras indígenas y mestizas en los accesos de la ciudad habían cortado las vías de comunicación terrestre. Por el mar, el bloqueo naval impuesto por las naves de Cochrane en el Callao impidió el ingreso de mercancías, provocando una severa escasez de alimentos y la propagación de epidemias. La Serna comprendió que defender la capital era tácticamente imposible, por lo que tomó la determinación de evacuar la ciudad para reorganizar sus fuerzas en la sierra central.

La retirada realista comenzó a principios de julio de 1821. El general José de Canterac abandonó la urbe con una parte considerable de las tropas, y el 6 de julio, el propio virrey La Serna hizo lo propio con el resto del ejército regular. Para mantener un mínimo de orden civil, La Serna dejó la administración de la ciudad en manos de una junta presidida por el criollo Marqués de Montemira, mientras que en la fortaleza del Real Felipe del Callao permaneció una guarnición al mando del mariscal José de La Mar.

El 9 de julio de 1821, un escuadrón del regimiento de Granaderos a Caballo ingresó a Lima para asegurar los puntos estratégicos de la ciudad. Al día siguiente, el 10 de julio, el general San Martín hizo su entrada personal de forma discreta para evitar aglomeraciones, aunque fue rápidamente identificado y vitoreado por los vecinos.

El proceso formal de separación de la metrópoli se consolidó el 15 de julio de 1821. Convocados en las instalaciones del Cabildo de Lima, los vecinos notables de la ciudad, bajo la presidencia del alcalde y conde de San Isidro, y con la presencia del arzobispo José María de las Heras, procedieron a debatir y redactar la histórica Acta de la Declaración de la Independencia. El documento, firmado por todos los asistentes, consignó de manera formal la voluntad unánime de los pueblos de separarse definitivamente de la Corona española y de cualquier otra dominación extranjera. Tras publicarse un bando el 21 de julio que anunciaba las festividades cívicas, se fijó el sábado siguiente para el acto central de la emancipación.

El sábado 28 de julio de 1821 se llevó a cabo la solemne ceremonia de la proclamación de la independencia en una Plaza de Armas de Lima abarrotada de ciudadanos. Desde un tabladillo especialmente acondicionado para la ocasión, y enarbolando la bandera nacional, el Libertador don José de San Martín pronunció la célebre fórmula que selló el nacimiento de la República, declarando ante la multitud que el Perú era, desde ese preciso momento, libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de una causa que Dios defendía, dando paso a los vivas por la patria, la libertad y la independencia que marcaron el inicio de una nueva era soberana.

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