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LA HISTORIA DE UN HOMBRE SANTO: PUBLICAN LIBRO SOBRE LA VIDA DEL PRIMER OBISPO DE CHICLAYO

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1089

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Tras un paciente trabajo de investigación que lo llevó a consultar los archivos eclesiásticos de Chiclayo, Huaraz, Huancayo y Lima, monseñor Jesús Moliné Labarta publicó el libro “Daniel Figueroa Villón: una vida para Dios y para su iglesia”, sobre la obra pastoral del primer obispo de la Diócesis de Chiclayo, de quien se dice, murió en olor a santidad.

 

Moliné Labarta, obispo emérito de Chiclayo, conoció del trabajo de Figueroa Villón al llegar a la diócesis y luego, al asumir la conducción de esta, decidió investigar sobre el inicio de beatificación del recordado pastor de la Iglesia Católica en Lambayeque, nacido en Carhuaz, Áncash.

“Entendí que era un proceso muy complejo para el que se necesita tiempo, personas y recursos, así que me dije que no podía quedarme únicamente con la satisfacción de saber que había sido un hombre muy bueno. Decidí recoger datos sobre él y escribirlos y repartirlos, al menos en el archivo diocesano y en la biblioteca del seminario, para que luego alguien pueda animarse a hacer más. Tuve el apoyo de monseñor Ricardo Guerrero y de la profesora Elena Cárpena, que conoció de cerca de monseñor Daniel”, comenta Jesús Moliné.

 

BÚSQUEDA EN LOS ARCHIVOS

En el camino hacia la preparación de lo que inicialmente sería un resumen biográfico, Moliné Labarta recibió escritos de Huaraz, Huancayo y Lima, todos enviados por personas que conocieron y trabajaron junto a Figueroa Villón, quien fue nombrado por el papa Pío XII como primer obispo de Chiclayo el 17 de diciembre de 1956.

“Dos años después me animé a escribir el libro, casi al final de mi episcopado. La producción del libro ha sido mi primer trabajo en serio como obispo emérito, además de confesar y decir la misa, que es lo más importante. El libro contiene testimonios e información recogida en los archivos diocesanos de Huaraz, Lima y Huancayo”, señala.

Figueroa Villón realizó sus estudios en el seminario menor de su natal Carhuaz y al concluirlos se mudó con su familia a Lima, donde ingresó al seminario para su formación sacerdotal, ordenándose como tal el 26 de mayo de 1926.

“La carátula presenta la imagen de monseñor Daniel que corresponde a un lienzo que se encuentra en el Arzobispado de Huancayo, donde él pudo trabajar con mayor intensidad, pues estaba joven y fuerte, hasta que le dio un derrame cerebral por lo que tuvo que ser trasladado a Lima. En el archivo de Lima encontré que había sido administrador apostólico de Huancavelica, algo de lo que nadie sabía. Me comuniqué con Huancavelica y no me dieron mayor información, pero se pudo confirmar buscando en el Ministerio de Justicia y en el de Interior”, relata Jesús Moliné.

Figueroa Villón también fue obispo auxiliar de Arequipa, aunque por breve tiempo.

 

SANTO POR ACLAMACIÓN

De su obra como obispo de Chiclayo se recuerda la culminación de la catedral, cuya construcción demoró 90 años y fue terminada en 1959. Ese mismo año adquirió el terreno para la construcción de seminario de Santo Toribio de Mogrovejo, preocupado en la necesidad de incrementar el número de vocaciones sacerdotales en la diócesis, que hasta ese momento eran casi nulas.

Monseñor Daniel Figueroa falleció en Lima el 30 de enero de 1967. De ese momento, según ha relatado el padre Ricardo Guerrero Orrego, que fue ordenado sacerdote por el desaparecido obispo, el propio nuncio apostólico en Lima pidió que se inicie de inmediato el proceso de beatificación, dadas las condiciones de santidad que en vida mostró. Incluso – de acuerdo a los testimonios de una de sus sobrinas – en una ocasión fue encontrado levitando cuando estaba en oración.

Sus restos descansan actualmente en el Santuario de Nuestra Señora de la Paz.

“La tarea ahora es de monseñor Robert como obispo de Chiclayo, porque así como sucedió con San Juan Pablo II, a monseñor Daniel se le consideró santo por aclamación popular”, refiere monseñor Jesús Moliné.

El libro fue presentado el jueves 8 de noviembre y fue publicación fue posible gracias al Fondo Editorial de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo. 

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