La Congregación de Religiosas Franciscanas de la Inmaculada Concepción, fundada en el Perú, cumple 140 años. Además de su obra de servicio al prójimo, tiene una reconocida trayectoria en el ámbito educativo, con el establecimiento de colegios como el Santa María Reina, de Chiclayo, donde se forma a personas de bien, cultivadas en valores y una fe sólida.
La madre María Antonieta García Carrizales, superiora general de la congregación, retornó a Chiclayo con ocasión del aniversario de la institución educativa, de la que fue directora durante 12 años. Expresión conversó con ella, para conocer con amplitud el trabajo de las religiosas, así como sus reflexiones sobre la sociedad actual.
“Nuestra congregación es de fundación peruana. Nuestros fundadores: madre Clara del Corazón de María y el padre Alfonso María de la Cruz Sardinas, ambos peruanos, cumplieron un sueño en el momento adecuado en el país. La congregación nace después de la guerra con Chile, un momento difícil que nuestro país renaciente vivía, ellos se dieron cuenta y tuvieron la necesaria de preocuparse por la mujer desamparada, por la niña y la joven. Se fundó nuestra congregación bajo la espiritualidad franciscana y se abrieron las puertas del Colegio de la Inmaculada Concepción, el primero que se creó”, comenta.
A lo largo de 140 años de intenso trabajo, la congregación ha ido creciendo. Actualmente tiene 35 obras educativas en el Perú, cuatro en Colombia y una en Italia, todas con la misión de evangelizar de la mano de los valores humanos, cristianos, franciscanos, marianos y ecológicos.
“En el Perú tenemos muchas escuelas particulares como el Colegio Santa María Reina, pero también escuelas parroquiales y de acción conjunta, además CETPROS y pedagógicos, que nos permiten preparar también en la educación superior”, destaca.
La congregación está conformada por 200 hermanas peruanas, colombianas y ha recibido vocaciones de Bolivia, Ecuador y de la República Democrática del Congo.
“Nuestra congregación está abierta al servicio de la iglesia y eso nos permite educar a muchas personas. Me atrevería a decir que un millón de personas pueden estar alrededor de nuestras diferentes obras, tanto en el Perú como en el exterior”, manifiesta.
Enfrentar la pandemia
Madre María Antonieta García cuenta que la pandemia del Covid-19 tocó directamente a la congregación con la pérdida de cuatro hermanas, en tanto muchas otras se contagiaron y tuvieron que sortear las situaciones complejas propias de la crisis sanitaria.
“Nuestras hermanas distribuyeron víveres y salieron a orar y visitar a las familias afectadas llevando consuelo. La pandemia nos sensibilizó a todos, y como congregación no fuimos ajenas, permitiéndonos acercar a más personas a Dios, seguir evangelizando, renovar la fe, la esperanza y practicar mucho el amor a través de la escucha, la apertura y siendo sensibles a las necesidades de los demás. Nos organizamos para procurar bienes no solo espirituales, sino también materiales no solo en la costa, también en la selva y la región andina”, menciona.
Añade que la congregación trabajó un amplio programa de servicio social y tuvo la oportunidad de acercarse más al uso de las Tecnologías de Información y Comunicación – TIC, haciendo uso de las plataformas en el afán de asegurar el acercamiento entre las religiosas, los padres de familia y la comunidad en general.
Proceso de canonización
Uno de los pasos más importantes en la congregación es el inicio del proceso de canonización de los fundadores de las Religiosas Franciscanas de la Inmaculada Concepción.
“El proceso de beatificación y santificación es un proceso largo que la Iglesia Católica desde el Vaticano nos indica, pero ya hemos cumplido con toda la parte diocesana en el Perú. En este momento la causa de madre Clara y padre Alfonso ya están en Roma, para que se puedan seguir los estudios pertinentes”, explica.
Lo que se espera es la certificación de milagros para que el proceso hacia los altares avance mucho más rápido. Todo dependerá del trabajo que se realice desde Roma.
El proceso de beatificación y canonización de la Sierva de Dios Clara del Corazón de María inició el 8 de noviembre del 2004, cuando el padre Luca de Rosa, Postulador General OFM, envió el “Supplex Libellus”, en ese entonces, al cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, arzobispo de Lima y primado del Perú, después de haber obtenido el Prot. N. 2591 para la causa.
A partir del 2013, después de la celebración de los 50 años de la Aprobación Pontificia, la Congregación retomó con dedicación y ahínco el proceso. Se hizo la búsqueda histórico-archivística necesarias para documentarlo. De esta manera, el cardenal Cipriani nombró el 13 de diciembre del 2016 a los censores teólogos y el perito histórico. El 16 de julio del año 2017, el historiador para la causa, presentó su informe en agosto y, en septiembre del mismo año, los censores teólogos dictaminaron la ortodoxia de sus escritos.
El 8 de marzo del 2019 – Día Internacional de la Mujer – la Congregación para la Causa de los Santos otorgó el ‘nihil obstat’ para la apertura del proceso diocesano de beatificación y canonización de la Sierva de Dios Clara del Corazón de María, apertura que se realizó el 12 de agosto de 2019 en la Basílica Catedral de Lima. El 12 de diciembre del mismo año se clausuró el proceso diocesano de beatificación y canonización.
Aprendizaje en el servicio
Madre María Antonieta García refiere que su pertenencia a la congregación le ha permitido desarrollar el aspecto educativo, por el que siente especial vocación. Actualmente es directora del Colegio de la Inmaculada Concepción, en Lima, el primero fundado por las religiosas, del que además es exalumnas.
“Nuestra misión como congregación es estar en la educación, ser parte de ella, para evangelizar educando y educar evangelizando. Nuestras obras educativas apuntan a formar a la niñez y a la juventud para que puedan aportar algo positivo a la sociedad, que hoy más que nunca lo necesita”, explica.
Sostiene que para la mejora de la escuela es necesario trabajar en conjunto, no solamente esperar a las decisiones de los gobiernos.
“Hay un tema muy terrible en el país que es el de la corrupción y lastimosamente está muy arraigada en nuestra nación. Sin embargo, como dice el santo padre Francisco, no debemos perder la esperanza y desde las aulas hacer ese trabajo compartido, porque somos los educadores los primeros en dar testimonio. Además, está la familia, que también tiene que sentirse involucrada en ese trabajo de valores y pastoral. Por eso es muy importante que en nuestros colegios siempre nos preocupamos por trabajar con la familia, que debe ayudar a la formación humana y espiritual”, señala.
Tres dimensiones
A nivel educativo, la congregación trabaja en tres dimensiones fundamentales: la personal, la cognitiva y la espiritual.
García Carrizales sostiene que, si no se toma consciencia de que la familia, como primera educadora, y la escuela, como segunda educadora, no hacen un trabajo interrelacionado, será muy difícil lograr resultados y convicciones en la juventud.
“Aunque los gobiernos de turno no respondan a las verdaderas necesidades del país, los niños y los jóvenes tienen convicciones y no podemos fallar en ello. Tenemos que fortalecer a todo el equipo docente del país, de todas las escuelas. Da mucha pena ver cómo muchas escuelas alejadas están en abandono, situación que se la he dicho a los exministros de Educación y a la actual ministra. Existe mucha diferencia social en las escuelas alejadas del país”, refiere.
Anota que la situación de conflicto que vive el país no conduce a la sociedad a ningún camino positivo.
“Da pena decirlo, pero muchos de los gobernantes y políticos que tenemos aún no salen de sus propios intereses, se han olvidado que ser político es polis, vivir para la ciudad, para la ciudadanía, hacer algo en calidad de servicio y eso falta. Sin embargo, nosotros desde abajo, desde la escuela y la familia tenemos que seguir con mucha audacia, fortaleza y entrega para continuar formando. No nos quedemos contemplando lo que pasa, trabajemos desde las bases”, enfatiza.
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