Sube!

Periodismo en tiempos de inteligencia artificial: la ética como brújula

Escrito Rosa Amelia Chambergo Montejo (*)
Edición N° 1469

En el Día del Periodista, cuando la inteligencia artificial transforma aceleradamente la manera en que producimos, consumimos y compartimos información, cabe preguntarnos qué significa ser periodista en una época en la que una máquina puede redactar una noticia en segundos, generar una imagen que nunca existió o reproducir una voz que parece auténtica.

La respuesta no está en competir con la tecnología, sino en reafirmar aquello que ninguna herramienta puede sustituir: la conciencia, el criterio, la responsabilidad y la ética de quien informa.

La inteligencia artificial puede ayudar a buscar, ordenar, comparar y procesar grandes cantidades de información. Puede convertirse en una poderosa aliada del periodismo. Pero no puede asumir la responsabilidad moral de una noticia. No puede decidir, por sí sola, qué es relevante para una comunidad, qué consecuencias tendrá publicar determinado contenido o cuándo una verdad debe ser presentada con especial sensibilidad para no causar un daño innecesario.

Esa responsabilidad sigue siendo humana.

Por eso, el buen periodista de nuestro tiempo debe privilegiar la verdad por encima de la velocidad; la verificación por encima del rumor; el contexto por encima del impacto inmediato; el interés público por encima del interés particular; y la dignidad de las personas por encima del espectáculo.

En un ecosistema digital donde la indignación obtiene más atención que la reflexión, donde una mentira puede viajar más rápido que una rectificación y donde los algoritmos pueden encerrar a las personas en comunidades que solo confirman sus propias certezas, el periodista tiene una tarea que adquiere una dimensión todavía mayor: ayudar a la sociedad a distinguir entre información y manipulación.

No se trata de pretender que el periodista sea dueño de la verdad absoluta. Se trata de que tenga la honestidad intelectual para buscarla, contrastarla y reconocer sus límites. Un periodista responsable sabe decir "esto no está confirmado", sabe corregir cuando se equivoca y sabe escuchar incluso aquello que contradice sus propias convicciones.

La ética, en ese sentido, no puede ser un capítulo de un manual ni una declaración que se recuerda únicamente en los momentos difíciles. Debe ser la columna vertebral del oficio.

Preguntarse antes de publicar: ¿es verdadero?, ¿está suficientemente verificado?, ¿es relevante para el interés público?, ¿puede causar un daño injustificado?, ¿estoy respetando la dignidad de las personas?, ¿estoy ofreciendo contexto?, ¿estoy distinguiendo los hechos de las opiniones? Estas preguntas pueden ser tan importantes como la noticia misma.

Y hay otra responsabilidad que hoy resulta impostergable: contribuir a la pacificación de nuestras sociedades.

Pacificar no significa ocultar los conflictos, suavizar las injusticias ni renunciar a la crítica. El periodismo tiene el deber de investigar, denunciar abusos, fiscalizar al poder y poner en evidencia aquello que debe ser conocido. Pero una cosa es informar sobre el conflicto y otra muy distinta es alimentarlo.

El periodista puede elegir las palabras que incendian o las que permiten comprender. Puede convertir al adversario en enemigo o mostrar su humanidad.

Puede reproducir un insulto porque genera audiencia o explicar las razones que existen detrás de una confrontación. Puede amplificar el odio o ayudar a construir un espacio público donde las diferencias puedan expresarse sin destruirnos.

En una sociedad fracturada, informar también significa tender puentes.

Por eso necesitamos un periodismo que no tenga miedo de la rigurosidad, que no confunda independencia con indiferencia y que no convierta la polarización en modelo de negocio. Un periodismo capaz de preguntar con firmeza, pero también de escuchar. Capaz de denunciar, pero también de explicar. Capaz de señalar lo que está mal, pero sin renunciar a mostrar que existen caminos para hacerlo mejor.

Transmitir esperanza no significa fabricar buenas noticias ni maquillar la realidad. La esperanza auténtica nace de mostrar que, incluso en medio de las dificultades, existen personas que trabajan, comunidades que se organizan, ciudadanos que ayudan, instituciones que funcionan y seres humanos capaces de superar sus diferencias.

El periodismo también puede contar esas historias.

En tiempos de desinformación, la credibilidad no se exige: se construye. Se construye con cada dato comprobado, cada fuente contrastada, cada error reconocido, cada titular responsable y cada historia contada con respeto. Se construye cuando el lector sabe que detrás de una noticia existe un profesional que entiende que sus palabras tienen consecuencias.

La tecnología cambiará. Los formatos cambiarán. Los medios cambiarán. La inteligencia artificial seguirá avanzando y probablemente transformará muchas de las tareas que hoy consideramos propias del periodista.

Pero habrá algo que seguirá siendo irremplazable: la responsabilidad de una persona frente a otra persona.

Ese es, quizás, el gran desafío del periodismo del presente y del futuro: utilizar la tecnología sin permitir que la tecnología dicte nuestros valores; aprovechar la inteligencia artificial sin renunciar a la inteligencia humana; informar con rapidez sin sacrificar la verdad; y ejercer la libertad de expresión sin olvidar la responsabilidad que acompaña a toda palabra pública.

En este Día del Periodista, más que preguntarnos qué podrá hacer la inteligencia artificial por el periodismo, deberíamos preguntarnos qué estamos dispuestos a hacer nosotros por el periodismo.

La respuesta debería comenzar por una convicción sencilla y profunda: que detrás de cada noticia hay personas, detrás de cada palabra hay consecuencias y detrás de cada decisión periodística debe existir una ética.

Porque cuando la verdad se vuelve frágil, la ética es nuestra brújula.

Y cuando una sociedad parece acostumbrarse al odio, el periodismo tiene también la posibilidad —y la responsabilidad— de recordarnos que informar puede ser una forma de servir, de comprender y de acercarnos nuevamente como sociedad.

-------

Licenciada en Periodismo

Editora, Directora fundadora

Deja tu Comentario