Durante muchos años, la palabra inclusión estuvo asociada principalmente a la incorporación de estudiantes con discapacidad a las escuelas regulares. Abrir las puertas de las instituciones educativas, garantizar una matrícula y compartir un mismo espacio fueron entendidos como importantes pasos hacia una sociedad más justa. Y, sin duda, lo fueron. Pero la educación peruana ha ido avanzando y, con ella, también nuestra manera de comprender la diversidad.
La historia de la educación especial en el Perú nos muestra este proceso. Durante décadas existieron modelos educativos diferenciados para atender a estudiantes con discapacidad. Posteriormente, los procesos de integración permitieron que muchos de ellos pudieran incorporarse progresivamente a las escuelas regulares.
Con la Ley General de Educación N.° 28044, promulgada en 2003, el país dio un paso importante al reconocer el enfoque inclusivo como parte del sistema educativo. El desafío dejó entonces de ser únicamente dónde educar a un estudiante para comenzar a preguntarnos cómo garantizar que todos puedan aprender, participar y desarrollarse en igualdad de oportunidades.
En este camino, el Decreto Supremo N.° 007-2021-MINEDU representa un avance significativo. Esta norma modifica el Reglamento de la Ley General de Educación y fortalece el enfoque de educación inclusiva, poniendo especial atención en la identificación y eliminación de las barreras educativas que pueden afectar el aprendizaje, la participación y la trayectoria educativa de los estudiantes.
Y aquí aparece una idea que considero fundamental: todos somos diversos.
La diversidad no empieza ni termina en la discapacidad. Está presente en cada aula, todos los días. Está en el niño que necesita más tiempo para comprender una indicación; en la niña que encuentra dificultades para comunicarse; en el estudiante que tiene dificultades para regular sus emociones; en quien enfrenta una situación familiar compleja; en quien presenta dificultades de atención, lenguaje o aprendizaje; pero también en aquel que posee habilidades, intereses, talentos y formas particulares de comprender el mundo.
Entonces, ¿qué significa realmente atender la diversidad?
Significa comprender que no todos necesitan lo mismo para aprender. Si un docente explica una actividad de una sola manera y un estudiante no logra comprenderla, quizá la pregunta no debería ser únicamente “¿qué le pasa al niño?”, sino también “¿qué podemos cambiar en nuestra manera de enseñar?”.
A veces, una imagen, una explicación diferente, más tiempo, un material concreto, una adaptación o simplemente una mirada más comprensiva pueden marcar una diferencia enorme.
Pensemos en una situación cotidiana. En un salón, mientras la mayoría de estudiantes termina una actividad, uno de ellos permanece en silencio frente a su hoja. Puede parecer que no quiere trabajar, que está distraído o que “no tiene interés”. Pero detrás de ese comportamiento puede existir una dificultad de aprendizaje, una barrera comunicativa, una situación emocional o simplemente una forma distinta de procesar la información. Cuando dejamos de mirar únicamente el resultado y comenzamos a comprender las barreras que enfrenta el estudiante, cambia también nuestra respuesta educativa.
Ese cambio de mirada es uno de los grandes desafíos de la educación actual.
La inclusión no puede reducirse a permitir que todos estén presentes en una escuela. Estar no siempre significa participar; participar no siempre significa aprender; y aprender requiere que existan condiciones que hagan posible ese proceso. Por ello, una escuela verdaderamente inclusiva no es aquella que simplemente recibe estudiantes diversos, sino aquella que se transforma para responder a esa diversidad.
Desde un Centro de Educación Básica Especial, esta realidad se observa con particular claridad. Cada estudiante nos recuerda que no existe una única manera de aprender, comunicarse, relacionarse o desarrollarse. También nos enseña que muchas veces las mayores barreras no están en la persona, sino en los entornos que todavía no hemos aprendido a adaptar.
Por eso, hablar de educación inclusiva durante una semana, una campaña o una fecha conmemorativa tiene sentido únicamente si esa reflexión permanece cuando las actividades terminan. La inclusión no debería ser solamente un discurso asociado a una fecha del calendario escolar. Debe convertirse en una forma cotidiana de entender la educación.
El reto que tenemos como docentes, familias, autoridades y sociedad es pasar de una mirada centrada en las diferencias a una mirada que reconozca la diversidad como una característica natural de toda comunidad humana. No se trata de enseñar a nuestros niños que todos somos iguales. Se trata de enseñarles que somos diferentes y que esas diferencias merecen respeto, oportunidades y reconocimiento.
Tal vez por eso debamos empezar a cambiar algunas de nuestras preguntas. En lugar de preguntarnos cómo hacer que un estudiante diferente se adapte a la escuela, preguntémonos qué puede hacer la escuela para que todos puedan aprender. En lugar de preguntarnos cómo “incluir” a quien consideramos diferente, preguntémonos qué estamos haciendo para construir una comunidad donde nadie tenga que sentirse ajeno.
Porque la diversidad no es un problema que la educación tenga que resolver. Es una realidad que la educación tiene el deber de reconocer, atender y valorar.
Y quizá el verdadero desafío de la inclusión sea dejar de pensar en “ellos” y empezar a hablar de “nosotros”. Porque no estamos construyendo una escuela para algunos y permitiendo que otros ingresen a ella. Estamos construyendo una escuela que pertenece a todos.
Todos somos diversos. Todos tenemos algo que aportar. Y una educación verdaderamente inclusiva comienza cuando entendemos que nadie debe ser incluido en un lugar al que, desde el principio ya pertenece.
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(*) Doctora, Directora CEBE “Santo Domingo” Cayaltí.
En el marco de las actividades del III Congreso Internacional de Educadores FIC 2026, la Secretaría General de la Congregación de Religiosas Franciscanas de la Inmaculada Concepción – FIC, participó de una conferencia de prensa dirigida a los medios de comunicación lambayecanos para informar sobre el estado actual de los procesos de beatificación de los venerados fundadores: monseñor Alfonso María de la Cruz Sardinas y madre Clara del Corazón de María.
Durante el encuentro con la prensa local, la hermana Jaqueline Maquera Ticona, secretaria general de la congregación, compartió detalles sobre el camino espiritual y jurídico que se sigue en la Santa Sede, al tiempo que remarcó el profundo arraigo histórico y patriótico que dio origen a la congregación en el siglo XIX.
Un legado de santidad
La hermana Maquera evocó las palabras del papa Francisco durante su visita apostólica de 2018, cuando definió al Perú como una "tierra de santidad". En ese sentido, destacó que los fundadores de la familia FIC son peruanos que respondieron con fe y visión social a un periodo sumamente convulso de la historia nacional.
La congregación fue fundada el 6 de diciembre de 1883, en el contexto crítico posterior a la Guerra con Chile. Según detalló la religiosa, la obra nació del encuentro de dos vocaciones extraordinarias: monseñor Alfonso María de la Cruz Sardinas, quien concibió la idea tras recuperarse milagrosamente de severas fiebres durante una misión en Sayán gracias a una promesa a la Virgen Inmaculada; y madre Clara, educadora limeña conmocionada por la desprotección y la falta de instrucción que sufrían miles de niñas y jóvenes víctimas del conflicto bélico.
"Ambos unieron sus ideales con el propósito de educar y formar a la mujer. Vislumbraron que a través de la educación se podía reconstruir nuestra patria. La mujer es la base de la sociedad y de la familia; bien formada en valores y con el amor de Dios, se convierte en el motor transformador de la comunidad", expresó la secretaria general.
De la fase diocesana a la fase romana
Al abordar el itinerario canónico, la hermana Jaqueline Maquera confirmó que, tras concluir con éxito la fase diocesana instruida en la Arquidiócesis de Lima, los expedientes que examinan la vida, virtudes heroicas y fama de santidad de monseñor Alfonso y de madre Clara se encuentran actualmente en la fase romana, bajo la evaluación de la Dicasterio para las Causas de los Santos en el Vaticano.
La representante congregacional hizo hincapié en que este proceso no constituye un simple trámite formal, sino una propuesta viva de santidad para el ámbito educativo contemporáneo. Explicó que educar es una vía concreta para alcanzar la plenitud espiritual, recordando que la santidad no exige hechos prodigiosos al alcance de pocos, sino realizar las tareas cotidianas del aula con amor, dedicación, ternura y entrega generosa hacia los estudiantes.
Registro de milagros
Uno de los anuncios más relevantes fue la presentación formal de los cuadernos de registro de milagros, favores y gracias concedidas por intercesión de ambos fundadores. La hermana Maquera explicó la distinción entre un milagro —acontecimiento extraordinario e inexplicable para la ciencia— y las múltiples gracias o auxilios espirituales que la feligresía experimenta diariamente al encomendarse a los siervos de Dios.
Para fundamentar la fama de santidad ante el Vaticano, la congregación requiere documentar de manera rigurosa estos testimonios. En ese sentido, la secretaria general formuló una abierta invitación a la ciudadanía chiclayana y a la comunidad lambayecana para acercarse a la sede del Colegio Santa María Reina de Chiclayo y registrar por escrito cualquier favor recibido por intercesión de monseñor Alfonso o de madre Clara.
"Necesitamos que estos favores queden registrados, porque demuestran la vivacidad de su intercesión ante Dios. Invocamos a la población a rezar con fe y amor, y a dejarse acompañar por las biografías de nuestros fundadores que hemos compartido con la prensa y los educadores", concluyó la religiosa, reafirmando el compromiso FIC de continuar formando ciudadanos íntegros que amen a Dios, al prójimo y trabajen por un Perú más humano y solidario.
Hace 18 años, Elkin Vanegas Murillo llegó al Perú con la idea de ver modelos de negocio que sean rentables. Allí conoció el modelo del café, el cual agrupaba a sus productores por asociatividad. Aquello lo inspiró para hacer lo mismo con una fruta no tan comercial por aquel entonces como el maracuyá. Hoy, Quicornac es la empresa agroindustrial líder y principal referente en la transformación y exportación de maracuyá a nivel regional y global. Esa experiencia es la que transmitió a los educadores reunidos en el III Congreso de Franciscanas de la Inmaculada Concepción – FIC.
“El liderazgo y el emprendimiento no se aprenden en las aulas, pero sin duda es allí donde debe motivárseles a los alumnos. Siempre hay una persona en nuestra vida como estudiantes que nos motiva a emprender, a ser líderes y hoy, ustedes (maestros), tienen la oportunidad para ser aquellos impulsores que motiven a los alumnos a tener un propósito de vida”, destaca.
Nuevos tiempos
Vanegas Murillo refiere que, cuando llegó al Perú, él iba a un restaurante y los refrescos que le ofrecían era limonada, chicha morada y cebada. Hoy, gracias al impulso que se le dio con las asociaciones de maracuyeros, el maracuyá ya ingresó en la cadena familiar de jugos y forma parte de la carta de cualquier restaurante.
Esto se replica a todo nivel con el conocimiento y los nuevos emprendimientos. Por ello -refiere- es importante que los educadores tiendan puentes hacia la era del conocimiento, donde la tecnología juega un papel preponderante, pero debe estar siempre al servicio de las personas y no al revés.
“Esto nos obliga a aprender, desaprender y reaprender para poder enseñar. Muchas veces tenemos que desaprender cosas que en esta era moderna ya no se aplican y allí viene la acción del docente”, manifiesta.
Crisis y oportunidad
En esa línea, resalta que toda crisis es una situación de oportunidad y aporta a la reinvención de las personas, tomando como referencia experiencias pasadas para replicarlas en el futuro de los alumnos.
“Emprender es hacer crecer una semilla. Nosotros tenemos en las escuelas niños desde tres o cuatro añitos. En esa primera etapa los maestros deben observar su potencial, qué es lo que pueden dar. Los docentes deben cultivar el arte de mirar para convertir a ese niño en un proyecto a futuro, donde toda la comunidad educativa deba verse involucrada para dar fruto. Ese es un impacto que humaniza”, explica.
Líder que inspira
Asimismo, señala que todo emprendimiento requiere de un buen líder que se encuentre al frente. Ese líder debe gestionar que las cosas salgan bien, que se cumplan las normas y se logren resultados, pero, sobre todo, debe saber inspirar.
“El liderazgo no es solo supervisar, es inspirar. La escuela necesita de gestión y liderazgo que le den sentido a la docencia. Hay cuatro pilares importantes que debe tener el buen maestro para generar liderazgo: valores, ética, humildad y coherencia”, anota.
De igual forma, apunta cinco competencias que debe tener un buen líder educador: una misión que implique ver más allá de las aulas, empatía para escuchar antes de decidir, creatividad para encontrar nuevas rutas, resiliencia para reinventarse y trabajo en equipo.
“La inteligencia del hombre se mide según la forma en la que resuelve sus problemas. Hoy podemos iniciar diferentes emprendimientos como formar un aula afectiva, forjar la puntualidad, tener cuidado con el medioambiente, motivar el uso de la tecnología y cultivar el sentido de familia. Educar es sembrar. Hoy es un aula, mañana será un país”, refiere.
Contrario a la corriente relacionada a que la Inteligencia Artificial ha llegado a dinamitar el rol de los educadores en las escuelas, para Luis Peralta Nogales, director regional de International Business and Education Corporation – IBEC, para la región andina, apunta que los colegios católicos deben tener otro enfoque, puesto que el Vaticano no plantea que la Inteligencia Artificial – IA, sea intrínsecamente enemiga de la educación, sino que plantea que esta deba estar ordenada con fines auténticos de la educación y la alfabetización digital.
“La Inteligencia Artificial debe promover el pensamiento crítico, el discernimiento. Cuando no es verificable, la Inteligencia Artificial puede producir desinformación, por lo tanto, debemos implementar en nuestras instituciones un formal de IA generativa que permita desarrollar en nuestros jóvenes el pensamiento crítico”, abordó el especialista en el marco del III Congreso de las Franciscanas de la Inmaculada Concepción - FIC.
Escuelas innovadoras
Peralta Nogales señala que actualmente la malla curricular del Perú ya prevé procesos de innovación educativa por lo que ya se puede acudir a sistemas que permitan certificar internacionalmente las habilidades y destrezas de los estudiantes. Agrega que la competitividad global no se demuestra necesariamente con lo ostentoso de la tecnología, sino con el rol que juegan los estudiantes.
“Una escuela innovadora puede no tener el laboratorio más nuevo, pero sí estudiantes que verifican, crean, regulan, colabora y, sobre todo, cuidan el entorno. Por lo tanto, la innovación invisible ocurre cuando existe un valor educativo real, pero no hay trazabilidad, comparabilidad ni reconocimiento externo suficiente para que el mercado lo perciba con claridad”, destaca el director regional de IBEC, organización especializada en la formación, evaluación y certificación internacional de competencias digitales e idoneidad tecnológica.
Escuela católica
Apunta que hablar de innovación en las escuelas puede hacer referencia a contar con renovados laboratorios, dispositivos de última generación y plataformas de entornos digitales. No obstante, existe otra innovación que no se ve, lo que él llama como innovación invisible, que está relacionada a la capacidad que queda instalada en la persona cuando se apagan los dispositivos.
“En la escuela católica, el centro no puede ser la herramienta, el laboratorio o la Inteligencia Artificial. El centro debe estar en la libertad responsable, el juicio, la relación y el bien común. Con el avance de las nuevas tecnologías de la información y herramientas de la IA surge la necesidad de desarrollar en los estudiantes las habilidades blandas, competencias transversales enfocadas en el desarrollo del pensamiento crítico, resiliencia y la capacidad para la resolución de problemas”, manifiesta.
Comenta que muchas instituciones han invertido en infraestructura y tecnología, pero no han invertido en estas competencias que son fundamentales para el desarrollo de la persona. Así, señala que la innovación educativa adquiere sentido cuando la herramienta tecnológica amplía la capacidad humana en lugar de sustituirla.
“La escuela católica sabe cuál es su rol. Lo que vengo hoy yo a decir es que la misión de estas escuelas es convertir aquello que hacen bien en formación de capacidades observables. La propuesta formativa debe implementar de manera transversal las habilidades blandas. Es allí donde logramos un fuerte componente para lograr la innovación en nuestros centros educativos”, manifiesta.
Agrega que la identidad de la escuela católica no supone un reto para la innovación, dado que son los valores a través de los cuales forman a los estudiantes los que convierten el proceso en una mejora. “La identidad no es un freno para innovar”, finaliza.
Con la experiencia de haber recorrido el mundo, el vicepresidente de la Cámara de Comercio y Producción de Lambayeque, Olivio Huancaruna Perales, expuso ante la comunidad educativa de las Franciscanas de la Inmaculada Concepción – FIC, sobre la importancia de que los alumnos crezcan desde las aulas con una visión holística, donde la generación de riqueza sea una línea transversal puesta al servicio de los más necesitados.
Nacido en el centro poblado Challuaracra, del distrito de Huambos, en la provincia de Chota, Cajamarca, Huancaruna Perales cuenta que su infancia estuvo marcada por el trabajo, puesto que todos coadyuvaban en las labores del campo para aportar a la familia. Ese inicio marcaría a la postre su visión empresarial, pues aprendió que todo se consigue con esfuerzo y trabajo.
Sacar lo bueno de lo malo
Relata que su inicio en la escuela no fue fácil, pues sufrió de discriminación. La primera vez ocurrió en Huambos, donde sus compañeros de aula lo marginaban por provenir del campo. Él toleró las primeras semanas ese trato hasta que un día decidió desafiarles en el ámbito deportivo. Junto a otros niños que también venían del campo hicieron equipo y jugaron contra los niños de la ciudad.
“Nosotros éramos pura fibra. Nunca nos pudieron ganar. Si acaso pasaba la pelota, no pasaban los jugadores”, contó Olivio Huancaruna.
Sin embargo, cuando llegó a Chiclayo, al Colegio Nacional de San José, la historia se repitió. Al ser un alumno nuevo y proveniente de la sierra del país, sus compañeros lo discriminaban con apelativos despectivos e incluso con alguna agresión física. No obstante, la astucia del entonces joven Olivio Huancaruna le permitió prontamente aprender a defenderse.
Visión global
Acabado el colegio, cuenta Huancaruna Perales que la mayoría de sus hermanos estudiaron en el extranjero, principalmente en Alemania. Él decidió quedarse en Lambayeque junto a su padre y trabajó y estudió a la par. No se arrepiente de esa decisión, pues fruto del negocio familiar del comercio del café fundaron ‘Café Altomayo’, marca comercial que hoy es líder en el país.
“Tuvimos que competir contra Cafetal, que era la marca más grande del Perú, y contra Nescafé, la marca líder en el mundo de café soluble. Siempre dicen que el pez grande se come al chico, pero yo les digo que el pez chico puede hallar ventajas y comerse al grande. Hoy nosotros tenemos increíbles resultados afuera y exportamos a Europa Central”, destaca.
Nada de esto hubiera sido posible -resalta Huancaruna- si no hubiese tenido esa visión global que a la postre le ha permitido recorrer el mundo buscando cada vez mejores oportunidades de negocio. Por eso, les exhorta a los docentes a inculcarles a sus alumnos que expandan sus horizontes y vivan nuevas experiencias fuera de su lugar de residencia.
“Ustedes, profesores, tienen que inculcarles a los alumnos que no se queden en sus casas. Que salgan de su barrio, de su pueblo, de su región, de su país. Hoy viajar no es difícil. Al que no quiera salir, impúlsenlo. No le van a hacer un daño. Salir del país te abre la mente, multiplica los desafíos. Siempre hay una infinidad de cosas por hacer”, destaca.
Asimismo, llama a los docentes a enseñarles a los alumnos desde los primeros grados a generar capital. Apunta que no es malo hacer riqueza, puesto que en un mundo capitalista eso es lo que se necesita, aunque aclara que esto debe ir acompañado de un criterio social.
“Hoy tengo dos hijos, uno tiene 36 años y está en Estados Unidos, y el otro tiene 21 años y acabó la universidad en Singapur y ahora hace su maestría en China. Lo que les puedo decir, además de enseñar a generar riqueza, es que enseñen idiomas. Hoy saber inglés ya no es ninguna ventaja. Los jóvenes deben dominar de tres a cinco idiomas, entre ellos el chino mandarín”, asevera.
Para Mirtha Cervera Vallejos, reconocida docente, investigadora y doctora en Ciencias de Enfermería, no se puede hablar de educación sin hablar de familia. Y más aún en los colegios católicos. Durante su participación en el III Congreso FIC 2026, hizo hincapié en las palabras del papa Francisco respecto a la familia como cuna de aprendizaje del amor, lo cual a su juicio se evidencia en el sistema educativo.
“El papa León dice que la familia es un pilar de esperanza para mover la sociedad y el papa Francisco decía que era el primer lugar donde se aprende a amar (…) La familia no es una isla. Trabaja en alianza con la escuela, con la sociedad. Una profesora, un director, una familia puede mover la sociedad, puede mover el mundo”, señala Cervera Vallejos.
Familias que resisten
Mirtha Cervera reconoce que es innegable no ver que cada vez son menos los matrimonios que se consolidan y más los divorcios. Apunta que este no es un problema del cual la sociedad en su conjunto pueda verse ajena, sino que -por el contrario- debe involucrarse para fortalecer su núcleo base.
“Estamos en crisis y tenemos que ser partícipes de la respuesta que nos pide nuestra Santa Madre Iglesia. Debemos priorizar el tiempo compartido en familia, el perdón, trabajar con las parejas”, señala la especialista.
Resalta que el catecismo de la Iglesia Católica formula a la familia como la sociedad natural, motivo por el cual deberá prevalecer en el tiempo, pese a las dificultades.
“Nosotros somos lo que somos porque alguna vez fuimos escuchados por papá y mamá, porque fuimos capaces de dialogar, de respetar las diferencias. Debemos luchar por reparar esos vínculos que nos unen y allí los padres juegan un papel importante”, afirma.
Primeros maestros
En esa línea, sostiene que los padres son los primeros educadores y encargados de formar la autoestima de los hijos. Para ella, los padres aportan el 90 % de la educación dentro de las familias, lo que supone un gran esfuerzo y la responsabilidad de permanecer estables y equilibrados para salir adelante.
“Los padres afrontan los problemas de cualquier índole que se presentan en las familias. Moldean el carácter sólido de los hijos y su capacidad de decisión para saber qué les conviene o no (…) Ellos son quienes deben conocer más que nadie a sus hijos. Los chicos no pueden estar tristes ni sentirse solos. Si un padre ve eso, debe intervenir inmediatamente”, comenta.
Comunicación en familia
Asimismo, señala que la comunicación en familia siempre debe ser bidireccional y en positivo, aunque las situaciones sean adversas. No debe caer en el asistencialismo, sino tener una participación activa.
“Los padres pueden transformar no solo un centro educativo, sino a la sociedad en general. Pero para eso debemos cambiar de paradigmas. Pensamos que las labores le competen o solo al colegio, o solo al padre o solo al Estado. No, tenemos que cambiar esa visión y formar alianzas”, indica.
Agrega que los casos de violencia escolar tienen la génesis muchas veces en la falta de amor en las familias, donde a los hijos no se les enseña a controlar sus emocionas y los padres no logran una comunicación sencilla, transparente, clara y concreta para con ellos.
“La familia es una aliada estratégica que amerita corresponsabilidad. Es un centro íntimo al que hay hacerle caso. Si estamos cansados, hartos, también hay que decirlo. Eso debemos hablarlo para fomentar momentos de descanso, de distracción. Los pilares para la formación son cuatro: la familia, el educador, el estudiante y la comunidad”, sostiene.
Con una multitudinaria asistencia y un cálido ambiente de reflexión pedagógica, el reconocido especialista José Ángel Bazalar Elías estuvo a cargo de la magistral conferencia inaugural de las jornadas académicas en el marco del III Congreso de la comunidad de Franciscanas de la Inmaculada Concepción (FIC) 2026. Bajo el sugerente título "El líder virtuoso", la ponencia del destacado educador e investigador marcó el punto de partida de las capacitaciones orientadas a fortalecer el rol de los maestros.
Bazalar Elías, licenciado en Psicología, Filosofía y Educación (con trayectoria en Ecuador y Perú), máster en Ciencias Gerenciales con mención en Recursos Humanos, especialista en Docencia Superior y psicoterapeuta en Enfoque Gestalt y Análisis Transaccional, dirigió una disertación profunda y cercana, enfocada esencialmente en la salud emocional y la vida interior del docente como pilar insustituible del aprendizaje.
"Lo que haces por ti llega al alumno"
A diferencia de los enfoques puramente metodológicos, el especialista centró el eje de la jornada matutina en el propio maestro. Dirigiéndose con cercanía a los 1200 de profesores presentes, procedentes de todo el país, recordó que el verdadero liderazgo pedagógico nace de una sólida relación con uno mismo.
"La parte básica de este programa está centrada en ti. Todo lo que hagas por ti llega posteriormente al alumno. Dedicarte tiempo, arreglarte tú, creer en ti... todo eso trasciende al aula. Me parece importante centrarme hoy en tu corazón, buscando que algo te transforme de adentro hacia afuera", enfatizó el ponente.
En ese sentido, sostuvo que cuando el docente cultiva su propio bienestar e interioridad, la energía del aula se transforma por completo, permitiendo que los estudiantes perciban un entorno seguro, humano y verdaderamente formador.
Herramientas de autorregulación
Durante el espacio de diálogo e interacción, Bazalar Elías profundizó en la regulación emocional tanto para docentes como para estudiantes. Entre las diversas herramientas dinámicas contenidas en el manual entregado a los participantes del congreso, detalló la valiosa técnica del "semáforo emocional", un recurso práctico para gestionar momentos de alto estrés y ansiedad en el aula cotidiana.
Explicó que portar consigo tres tarjetas simples (roja, amarilla y verde) permite intervenir conscientemente cuando las situaciones se tornan complejas: "Al sacar la tarjeta roja ante una dificultad, se rompe la hipnosis del pensamiento negativo, logrando un autocontrol inmediato sobre el estrés".
Asimismo, resolvió inquietudes conceptuales sobre la personalidad compartiendo una ilustrativa analogía para diferenciar el temperamento del carácter. Comparando al ser humano con un sistema informático, señaló que el temperamento equivale al hardware —la estructura biológica innata dada por Dios—, mientras que el carácter representa al software: aquel conjunto de hábitos, gimnasia mental, formación espiritual y capacitaciones que la persona decide instalar voluntariamente para perfeccionar su vida.
Un compromiso continuo
Al cierre de su presentación, el José Ángel Bazalar agradeció de manera especial a la organización del congreso.
"Queremos acompañarlos en este proceso; estas guías servirán para días y semanas de trabajo continuo. Estamos a la orden para seguir caminando juntos", concluyó entre nutridos aplausos, consolidando una apertura inolvidable que invita a la comunidad educativa FIC a liderar desde la virtud, la autenticidad y el amor.
Con entusiasmo franciscano y profunda devoción, la madre María Antonieta García Carrizales, superiora general de la Congregación de Religiosas Franciscanas de la Inmaculada Concepción - FIC, presentó oficialmente el III Congreso Internacional FIC 2026. Ante más de 1200 educadores procedentes del Perú, Colombia e Italia, la líder congregacional presentó el corazón de este magno encuentro: una propuesta integral estructurada en torno a tres dimensiones fundamentales: personal, cognitiva y espiritual, orientada a “evangelizar todos los procesos educativos y trazar nuevas rutas de humanidad y esperanza”.
Con palabras de acogida fraterna, la superiora general destacó la representatividad de la misión FIC, la cual abarca colegios particulares, de acción conjunta, parroquiales, centros técnicos y escuelas de educación superior pedagógica, así como el valioso personal de sus obras sociales y hogares. Todas estas obras, enfatizó, se encuentran unidas por un mismo sello carismático heredado de los Siervos de Dios, monseñor Alfonso María de la Cruz Sardinas y Madre Clara del Corazón de María, cuyo legado invita a construir una sociedad más justa, solidaria y en paz.
Dimensión Personal
La madre María Antonieta García detalló la estructura del primer gran bloque del congreso, dedicado a la dimensión personal del educador. “Iniciaremos este recorrido apuntando al desarrollo y bienestar integral de todos nosotros, de los docentes que humanizan”, señaló, evocando la máxima del padre fundador, Monseñor Alfonso, quien afirmaba que “la educación es el cimiento primordial de la civilización y prosperidad de las naciones”, junto a la certeza de madre Clara sobre la misión sagrada de instruir y formar el corazón de las mujeres y la juventud.
Este eje conceptual abrió con la magistral conferencia “El líder virtuoso”, a cargo del psicólogo y filósofo peruano José Ángel Bazalar Elías, centrada en el autocuidado y la interioridad del maestro. La programación del bloque personal continuó con la destacada especialista argentina Laura Lewin y su ponencia sobre el “Aula afectiva”, seguida por la doctora Mirta Flor Cervera Vallejos, de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo - USAT, quien abordó el papel de la familia como aliado estratégico para edificar comunidad.
Asimismo, la superiora general subrayó que el compromiso FIC trasciende las aulas, impulsando la formación de competencias orientadas a restituir un país más fraterno. En esa línea, se integraron ponencias sobre liderazgo, emprendimiento y desafíos sociales a cargo del magíster Olivio Huancaruna, así como de los especialistas internacionales: magíster Elkin Vanegas Murillo (Ecuador) y Luis Peralta González (México). Todo ello iluminado por dos consignas históricas de los fundadores: el llamado a defender la fe y la patria en unidad, y el afán diario de cultivar y desarrollar las virtudes.
Dimensión cognitiva y vanguardia pedagógica
El marco del congreso contempla una inmersión profunda en la vanguardia pedagógica y el desarrollo cognitivo. “Desde nuestro sello franciscano se nos invita a construir desde la sencillez, la minoridad y la alegría. Se nos desafiará a estar en la vanguardia”, afirmó la superiora general al describir el bloque técnico del evento.
La jornada neuropedagógica incluyó la participación de la doctora Laura Lewin (Argentina), quien abordó el funcionamiento del cerebro y las nuevas metodologías de enseñanza, así como la reflexión vocacional del P. Fabián Vallejos Malca (Chiclayo). Desde Roma, la hermana Karina del Pilar González Risco, Vicepostuladora de la causa de beatificación y santificación de los fundadores, conectó a la asamblea con las fuentes vivas del carisma FIC en la conferencia “Carisma y Fundadores de la Congregación FIC”.
En el ámbito del currículo evangelizador, la congregación contó con la presencia del P. Lucio Galeano Rojas, O.P., director del Consejo CIEC y rector en Bogotá (Colombia), para cerrar con la ponencia “Magnifica Humanitas” de la doctora Lea Sulmont, llegada desde Tenerife para abordar las competencias humanizadoras en tiempos complejos.
Un elemento metodológico crucial anunciado por la superiora general fue la integración práctica de estos contenidos a través de proyectos de innovación. Los participantes presentaron sus propuestas de gestión, planes y proyectos sobre todo lo tratado en las conferencias. La madre María Antonieta García reveló una ambiciosa visión del Consejo General: “Qué interesante sería que todos estos proyectos podamos compartirlos con los Ministerios de Educación de Perú, Colombia e Italia, como un aporte concreto de nuestra congregación al trabajo que se desempeña en el campo educativo”.
La jornada cognitiva y cultural incluyó también la apreciación artística de la Cantata al Señor de Sipán en el Coliseo del Colegio Santa María Reina, celebrando la identidad cultural chiclayana en el marco del espíritu franciscano.
Dimensión espiritual
La tercera dimensión del congreso, enfocada en la vida espiritual, fue presentada por la superiora general como el pilar que da sentido y trascendencia a toda la acción educativa FIC. “Me propuse restaurar el culto divino”, citó la madre María Antonieta recordando las palabras del padre Alfonso, añadiendo la sentencia de madre Clara: “Sin la religión no se consigue moral ni virtud”.
Esta dimensión busca consolidar el anuncio de la fe y la práctica frecuente de los sacramentos —especialmente la reconciliación y la eucaristía—, promoviendo el encuentro personal con la palabra de Dios a la luz del modelo de Cristo. Para fortalecer esta vivencia, los asistentes recibieron en sus carpetas un catecismo doctrinal y un esquema para la elaboración de su plan de vida espiritual.
El bloque temático contó con conferencias inspiradoras sobre la vivencia cristiana en la escuela a cargo del P. Carlos Orlando Mundaca (Perú), las prioridades propuestas por el papa León XIV, a cargo del magíster Óscar Pérez Sayago (SIEC, Colombia), y la iluminación pastoral sobre la espiritualidad franciscana y mariana impartida por el obispo franciscano monseñor. Héctor Miguel Cabrejos Vidarte.
Educar para una "paz desarmada y desarmante"
En el tramo final de su mensaje, la superiora general expresó su sincera gratitud al Consejo General y a los aliados estratégicos, editoriales e instituciones que hicieron posible la realización de este encuentro internacional. Destacó de manera especial la implementación de la Feria del Libro FIC, un espacio donde se pusieron a disposición de los participantes textos académicos y pastorales totalmente gratuitos. “Hoy no podemos construir una educación si no leemos, si no nos instruimos. Queremos que lleven un material de texto que les permita seguir formándose”, exhortó, invitando a la generosidad y al compartir fraterno.
“Queridos hermanos y hermanas, que este día de reflexión y encuentro fraterno sea un impulso para renovar nuestro compromiso de fe y el desafío de educar para una paz desarmada y desarmante”, afirmó la madre María Antonieta García en sus palabras de cierre.
En una solemne y emotiva celebración eucarística inaugural del III Congreso FIC 2026, el obispo de Chiclayo, monseñor Edinson Farfán Córdova, dirigió un profundo y retador mensaje a la comunidad educativa franciscana. La misa de apertura, celebrada en el coliseo del Colegio Santa María Reina, anfitrión del encuentro, reunió a la superiora general, madre María Antonieta Gracia Carrizales, al Consejo General, así como a directores, maestros, pedagogos y especialistas provenientes de diversas regiones del Perú y el extranjero.
Bajo el nombre “Nuevas rutas de humanidad y esperanza desde el corazón de nuestros fundadores”, la cita académica y pastoral cobra una relevancia histórica especial al enmarcarse en el horizonte del octavo centenario del tránsito de San Francisco de Asís (1226-2026). Inspirado en las lecturas bíblicas de la liturgia, monseñor Farfán inició su homilía planteando una pregunta fundamental que debe interpelar el quehacer pedagógico actual: “¿Qué imagen del ser humano estamos transmitiendo a las nuevas generaciones y qué clase de humanidad estamos contribuyendo a construir desde nuestras instituciones educativas?”.
Una escuela para "todos, todos, todos"
Al profundizar en la profecía de Isaías y en la parábola evangélica del banquete de bodas, el prelado enfatizó que la propuesta cristiana para la educación se basa en la comunión y la apertura incondicional. En una sociedad marcada por divisiones y desigualdades, Dios prepara una mesa donde no cabe la exclusión.
"En un mundo herido, la iniciativa de Dios es invitar a todos. Como recordaba el papa Francisco: Todos, todos, todos. Queridos educadores, en nuestras aulas no podemos perder la esperanza; debemos ser testigos de que ningún estudiante queda fuera del horizonte del amor de Dios", exhortó el obispo.
Monseñor Farfán instó a los docentes a desarrollar una sensibilidad especial hacia la historia única que carga cada niño y joven. Detrás de cada rostro hay realidades complejas: crisis de identidad, dolor familiar o barreras de aprendizaje, pero también talentos artísticos y científicos por descubrir. Acoger la diversidad y atender prioritariamente a quienes enfrentan mayores dificultades es, según el pastor, la esencia del testimonio franciscano y el verdadero punto de partida de la esperanza.
Coherencia, libertad interior y el "vestido de boda"
Centrándose en las cartas de San Pablo y la enseñanza del Evangelio de Mateo, el obispo reflexionó sobre la madurez humana y la libertad interior necesarias para educar hoy. Evocando la célebre máxima de San Agustín —“Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”—, invitó a los maestros a cultivar el silencio y la interioridad para escuchar al Maestro divino.
No obstante, la homilía incluyó una advertencia directa sobre el peligro de la superficialidad formal. Recordando al invitado de la parábola que no llevaba el vestido de boda, monseñor Farfán señaló que los planes curriculares perfectos, la infraestructura moderna o los documentos institucionales de alta calidad no bastan si falta la transformación del corazón.
"La pregunta evangélica se dirige a la autenticidad de nuestra vida. ¿Qué vestido llevamos al banquete de la misión educativa? Debemos examinarnos permanentemente para ver si nos dejamos transformar por la gracia y el Espíritu Santo, vistiéndonos de caridad y fraternidad real dentro de nuestros planteles", cuestionó.
La persona humana y el desafío de la IA
Uno de los puntos culminantes de la homilía abordó los desafíos éticos y culturales de la era digital. El obispo de Chiclayo citó la primera encíclica del papa León XIV, Magnifica Humanitas, orientada a la custodia de la persona ante el avance vertiginoso de la inteligencia artificial.
Monseñor Farfán advirtió que la humanidad se halla ante una encrucijada decisiva: construir una "nueva Babel" autosuficiente, soberbia y dispersa, o edificar una ciudad donde Dios y el ser humano habiten juntos en armonía. De igual forma, citando la carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza —vincular a la diócesis chiclayana—, recordó que la tecnología debe ser siempre un instrumento al servicio de la persona y jamás un reemplazo de la calidez e intelecto humano.
"Las tecnologías deben servir a la persona, no sustituirla. El educador franciscano está llamado a desarrollar un juicio crítico, evaluando la técnica desde la dignidad humana, el impacto en las relaciones y su contribución al bien común", remarcó.
Llamado a la sinodalidad y a la acción concreta
Finalmente, el prelado instó a la asamblea a vivir este congreso como un ejercicio real de sinodalidad e implementación de las orientaciones eclesiales sobre la familia, los jóvenes y la educación. Pidiendo la intercesión de María Inmaculada, "mujer de la escucha y del sí pronto", animó a los educadores a buscar la "armonía de voces" en la diversidad de sus talentos.
Monseñor Edinson Farfán concluyó la celebración encomendando las jornadas de trabajo a la oración, con la confianza de que este encuentro internacional en tierras chiclayanas arroje propuestas concretas y transformadoras que sigan haciendo de la escuela franciscana un faro de humanidad, luz y verdad para la sociedad.
La hermana Aleyda Carrasco Correa, directora del Colegio Santa María Reina de Chiclayo, ofreció una cálida bienvenida a los 1200 docentes, autoridades y religiosas de diversas regiones del Perú y del extranjero que se congregaron para la apertura del III Congreso de la Congregación de Franciscanas de la Inmaculada Concepción - FIC 2026.
Al asumir la distinción de ser la institución anfitriona del encuentro, la directora expresó la inmensa alegría que embarga a toda la comunidad educativa lambayecana y agradeció formalmente a la superiora general, madre María Antonieta García Carrizales, y al Consejo General de la congregación por la confianza depositada en su plantel para albergar este magno evento.
Un currículo evangelizador
Durante su mensaje de acogida, la hermana Aleyda Carrasco expuso el propósito central del congreso, el cual radica en enriquecer integralmente la persona, el conocimiento y el espíritu de todos los agentes educativos responsables de la formación de niños, adolescentes y jóvenes en la Educación Básica Regular – EBR, y en la Educación Superior.
"El objetivo general consiste en fortalecer integralmente el desarrollo de las obras educativas FIC mediante herramientas vinculadas con el carisma de nuestros fundadores, para construir nuevas rutas de humanidad y esperanza que se traduzcan en un currículo genuinamente evangelizador", destacó la directora.
En esa línea, enfatizó que la propuesta educativa franciscana no se limita a la mera transmisión académica de contenidos, sino que se compromete con la formación de ciudadanos capaces de responder a las demandas complejas de su tiempo con empatía, liderazgo, discernimiento y un acentuado sentido comunitario. Para la hermana Aleyda Carrasco, la clave de este encuentro reside en avanzar con mirada firme hacia el futuro sin desprenderse jamás de las raíces espirituales que dan identidad y sustancia a la orden.
Tres centenarios de fe
La bienvenida del Colegio Santa María Reina se dio en el marco de una serie de efemérides de singular trascendencia eclesial e histórica que imbuyen de un profundo espíritu de esperanza a los participantes del congreso.
La directora recordó que el evento coincide con la conmemoración de los 800 años del tránsito a la gloria de San Francisco de Asís (1226-2026), un acontecimiento de valor universal que renueva la promesa del Evangelio para la humanidad. Asimismo, resaltó la celebración del tricentenario de la canonización de San Francisco Solano, figura insigne y "Apóstol de América" perteneciente a la provincia franciscana que cobijó al padre fundador, monseñor Alfonso María de la Cruz Sardinas. A ello se suma la conmemoración de los 300 años de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, gran organizador e itinerante evangelizador del suelo peruano y americano.
"Todas estas memorias sagradas nos recuerdan que la misión educativa es, ante todo, un acto de evangelización incansable y de siembra de paz en el corazón de las nuevas generaciones", manifestó la religiosa.
Compromiso de la comunidad educativa
Para la concreción del III Congreso FIC 2026, la hermana Aleyda Carrasco destacó la absoluta entrega del equipo que lidera en la institución anfitriona. Personal jerárquico, docentes, administrativos, especialistas y personal de apoyo han puesto a disposición la infraestructura, el soporte técnico y el talento humano del Colegio Santa María Reina para garantizar una experiencia acogedora, fluida y fraterna para todos los visitantes.
La presencia de destacados ponentes e investigadores provenientes del Perú y el extranjero, sumada a una agenda que abarca desde la neuropedagogía y la Inteligencia Artificial hasta la estabilidad familiar, la paz social, el liderazgo ético y las prioridades del magisterio del papa León XIV, consagra a Chiclayo como la capital educativa de la región.
Finalmente, la directora dirigió unas emotivas palabras a los representantes de los medios de comunicación presentes, instándolos a cumplir su noble labor con honestidad. "Agradecemos su presencia y los animamos a llevar siempre la verdad y la esperanza a cada hogar que puedan alcanzar a través de sus medios", concluyó la hermana Aleyda Carrasco.