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¿CÓMO SE ADAPTARON LOS ANTIGUOS LAMBAYEQUE A EL NIÑO?

Escribe: Daniel Gustavo Vera Vera (*)
Edición N° 1466

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Ignacio Alva ofrece una mirada reflexiva sobre la sabiduría prehispánica

  • Arqueólogo e investigador evidencia que los mochicas y sicán supieron comprender el impacto del fenómeno.

El Fenómeno El Niño no es un desafío contemporáneo ni un evento inédito para los habitantes del norte peruano. A lo largo de milenios, las sociedades que poblaron los valles de Lambayeque y la costa septentrional debieron lidiar con la variabilidad climática, alternando ciclos de prolongada sequía con devastadoras megainundaciones. Lejos de ser víctimas pasivas de la naturaleza, las complejas civilizaciones precolombinas transformaron la crisis en un motor de evolución tecnológica, reestructuración política y adaptación territorial.

El destacado arqueólogo e investigador peruano Ignacio Alva Meneses explica cómo la memoria histórica y la evidencia científica en los sitios arqueológicos demuestran que las respuestas humanas frente a las inclemencias del clima moldearon el nacimiento, apogeo y transformación de las culturas ancestrales en esta zona del país.

Alva Meneses fue expositor en la 141.° Cátedra Perú, organizada por la Universidad de San Martín de Porres – Filial Norte.

Los orígenes y tecnología

El poblamiento inicial del continente americano registra el ingreso de grupos humanos hace aproximadamente 15 000 años a través del estrecho de Bering, bordeando la costa del Pacífico hasta asentarse en el actual territorio peruano hace unos 12 000 años. En la franja septentrional se desarrolló la tradición litica Paiján, caracterizada por sus estilizadas puntas de proyectil en forma de hoja de laurel. La geografía del norte peruano ofreció un escenario ideal para estos primeros grupos al ubicarse en la zona más baja de la cordillera de los Andes, un paso natural accesible hacia la Amazonía.

Con el paso de los milenios, la transición de cazadores-recolectores a horticultores —alrededor del año 6000 a. C.— dio inicio al culto al agua y a la observación de los ciclos ambientales. Sin embargo, para los grupos nómades, la variabilidad del clima no representaba un colapso. El cambio drástico ocurrió cuando las sociedades se asentaron y desarrollaron una innovación fundamental: la domesticación del algodón.

"Entendemos que el Perú es uno de los focos de civilización del mundo. En Ventarrón y Caral pasamos de la etapa de horticultores a un origen civilizatorio superior porque se descubre algo crucial: el algodón. Al sembrarlo, se genera la capacidad de fabricar redes que permitieron explotar de manera fabulosa el mar peruano. En Ventarrón hemos descubierto banquetes ceremoniales con más de 500 restos de peces de orilla, de mar adentro e incluso tiburones, así como aves acuáticas. Las redes no solo sirvieron para la pesca y la cacería, sino también para el acarreo de productos agrícolas. La tecnología textil fue la primera gran revolución de nuestra civilización", afirma Ignacio Alva Meneses.

El impacto de los mega niños

El desarrollo cultural no estuvo exento de interrupciones traumáticas. El templo de Ventarrón, en el valle de Lambayeque, fue abandonado de manera contemporánea a Caral, alrededor del año 1900 a. C., como consecuencia del impacto de un primer mega Niño registrado en la historia arqueológica nacional.

La evidencia estratigráfica conservada en las faldas de los cerros de Ventarrón revela una secuencia detallada de las crisis climáticas que azotaron la región a lo largo de milenios. Los perfiles geológicos muestran capas alternadas de pisos erosionados por torrenciales lluvias, seguidos por estratos de arena eólica acumulada durante severos periodos de sequía.

"Debemos entender el fenómeno no como una simple lluvia repentina que cae y destruye una civilización, sino como un periodo de crisis prolongado y complejo, con fenómenos El Niño medianos y grandes intercalados entre épocas de sequía. Este impacto obligó a las sociedades a replantear sus modelos económicos. Tras la caída de la primera etapa civilizatoria por la desaparición de la anchoveta durante periodos cálidos, la respuesta fue la revolución agrícola del maíz en el Formativo Medio, un cultivo de rápido rendimiento que permitió equilibrar la dieta alimenticia ante la inestabilidad del mar", sostiene el arqueólogo Alva Meneses.

Asentamiento y seguridad territorial

Con el surgimiento de nuevos centros ceremoniales y urbanos, las decisiones sobre dónde construir se volvieron vitales para la supervivencia. En el valle de Zaña, el complejo de Purulen floreció con plataformas dedicadas a la agricultura y la pesca; sin embargo, hacia el año 1200 a. C., un gran evento climático alteró el cauce del río, desabasteciendo de agua al santuario y obligando a su abandono definitivo.

Posteriormente, en el sitio de Collud, se erigieron monumentales templos con escalinatas de hasta 25 metros de ancho pertenecientes al periodo Chavín. No obstante, las crisis climáticas y los movimientos telúricos recurrentes terminaron por desestabilizar estos centros de peregrinación, dando paso a nuevas innovaciones, como el surgimiento de la metalurgia en Piura con la cultura Vicús y, más adelante, la consolidación de la sociedad Mochica.

La arquitectura mochica y sus posteriores transformaciones reflejan una constante lucha por mantener el orden cósmico frente a las precipitaciones. En la Huaca de la Luna, en Trujillo, y en el complejo de Sipán, en Lambayeque, los sacrificios humanos y las ofrendas rituales aumentaron durante las fases finales de su historia, coincidiendo con intensas anomalías climáticas registradas hacia el año 650 d. C.

"En la Huaca de la Luna se han encontrado sacrificios de prisioneros realizados directamente sobre el barro fresco producido por las lluvias torrenciales o sobre la arena arrastrada por los vientos. Eran intentos rituales de restablecer el orden del cosmos ante la inestabilidad del clima. Al colapsar Sipán y la Huaca de la Luna por estos eventos, los mochicas buscaron reorganizarse en Pampa Grande, creando un sistema urbano con densos sectores de almacenes para hacer frente a la escasez, aunque el sistema finalmente colapsó dando paso a la cultura Lambayeque", detalla Alva Meneses.

La lección de adaptarse a la geografía se hizo aún más clara con la leyenda de Naylamp y el desarrollo de la cultura Lambayeque o Sicán. La gran ciudad sagrada de Batan Grande, asentada en el valle del río La Leche, sufrirá una devastadora inundación hacia el año 1100 d. C., cuando el desborde del río arrasó el centro religioso. La respuesta de los pobladores fue trasladar la capital hacia Túcume, situándose alrededor del cerro La Raya, una elevación natural que protegía a la urbe de las crecidas fluviales.

Incomprensión colonial y moderna

Con la expansión del Imperio Chimú y, posteriormente, de los Incas, las respuestas ante los eventos extremos alcanzaron niveles de alta complejidad social y religiosa. Durante el siglo XIV, ante la presencia de un Fenómeno El Niño de extremada violencia, los chimúes realizaron sacrificios masivos en las costas de Huanchaco, donde se han hallado los restos de cerca de 190 niños depositados sobre capas de barro denso.

Los incas, por su parte, sistematizaron el culto al agua y a las montañas mediante una arquitectura simbólica y el ritual de la Capacocha, donde seleccionaban a niños de diversas regiones para ser entregados en las cumbres de los nevados y santuarios lejanos durante periodos de sequía o sequías prolongadas.

Sin embargo, el contraste más severo en el manejo del territorio ocurrió con la llegada de los conquistadores españoles en 1532. A diferencia de las culturas precolombinas, que entendían el territorio de manera dinámica y reubicaban sus centros urbanos tras las catástrofes climáticas, las fundaciones coloniales hispanas se establecieron de forma rígida en los fondos de los valles y en las trayectorias naturales de las quebradas.

"Las culturas precolombinas entendían el tiempo de forma cíclica y sabían que, ante un evento catastrófico, era necesario abandonar el sitio, sepultar el templo y comenzar de nuevo en un lugar más elevado y seguro. No tenían una visión estática del asentamiento. Los españoles no conocían la irregularidad del clima norteño y fundaron ciudades en zonas vulnerables, una terquedad urbana que heredamos hasta el día de hoy, donde insistimos en construir en los mismos cauces a pesar de conocer los estragos periódicos de El Niño", advierte el especialista.

Un ejemplo claro es Chan Chan, construida lejos de la vulnerabilidad que se genera en Trujillo ciudad por la activación de las quebradas.

Ingeniería ancestral

El análisis de las fotografías satelitales del Valle Alto de Lambayeque demuestra que las sociedades precolombinas lograron desarrollar una infraestructura agrícola mucho más vasta y eficiente que la actual. Desde Pampa Grande hacia las zonas altas, los antiguos pobladores trazaron canales de irrigación que ingresaban a las pampas y quebradas laterales, logrando cultivar hasta el triple del territorio que hoy se encuentra bajo riego.

Manejar el recurso hídrico mediante canales de desviación, reservorios y murallas de contención permitió a los antiguos lambayecanos sostener a grandes poblaciones y superar las épocas de sequía que sucedían a las grandes lluvias.

Frente a los retos del cambio climático actual y la recurrencia de inundaciones en el norte del país, el legado de las culturas ancestrales de Lambayeque ofrece una lección fundamental: la supervivencia en la costa peruana depende de la capacidad de comprender el territorio, respetar los cursos del agua y diseñar políticas de desarrollo orientadas por la prevención y la adaptación continua.

(*) Periodista.

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