Cuando pensamos en los efectos de las lluvias intensas y las inundaciones, generalmente imaginamos carreteras bloqueadas, viviendas afectadas, desbordes de ríos o pérdidas agrícolas. Sin embargo, existe otra amenaza, menos visible, que puede crecer silenciosamente después de una inundación: la leptospirosis.
El escenario climático que enfrenta nuestro país merece especial atención. La Comisión Multisectorial ENFEN mantiene la Alerta de El Niño Costero y señala que este fenómeno podría continuar hasta abril de 2027, con mayor probabilidad de una magnitud fuerte durante el próximo verano.
En este contexto, hablar de leptospirosis no es alarmar a la población; es prepararnos.
¿Qué es la leptospirosis?
La leptospirosis es una enfermedad infecciosa causada por bacterias del género Leptospira. Los principales reservorios son los roedores, aunque también pueden ser perros, cerdos y otros animales infectados.
La bacteria es eliminada principalmente a través de la orina de estos animales y puede contaminar el agua, el barro y el suelo. Cuando ocurren lluvias intensas e inundaciones, el agua puede transportar esta contaminación hacia nuevos espacios y aumentar las oportunidades de contacto con las personas.
La bacteria puede ingresar al organismo a través de pequeñas heridas o lesiones de la piel, así como por las mucosas de los ojos, nariz y boca. Por ello, actividades aparentemente cotidianas, como caminar por agua estancada, limpiar después de una inundación o manipular barro contaminado, pueden convertirse en situaciones de riesgo.
¿Por qué debemos preocuparnos ahora?
Porque las lluvias no solamente modifican el paisaje: también modifican las condiciones ambientales que favorecen la transmisión de esta enfermedad.
El Ministerio de Salud ha advertido que el riesgo aumenta durante las lluvias intensas, especialmente cuando existen aniegos, inundaciones y acumulación de agua. Hasta agosto de 2026, el MINSA reportó más de 3 mil casos de leptospirosis a nivel nacional hasta la semana epidemiológica 32, incluyendo 36 defunciones.
Además, se ha emitido una alerta epidemiológica ante el incremento del riesgo asociado a lluvias intensas, incluyendo a Lambayeque y Amazonas entre las regiones comprendidas en la intervención sanitaria.
Esto debe llevarnos a una reflexión: la prevención de la leptospirosis no comienza cuando aparecen los casos; comienza antes de que llegue la inundación.
¿Cómo reconocerla?
La leptospirosis puede iniciar como muchas otras enfermedades infecciosas, con fiebre, dolor de cabeza y dolores musculares intensos, especialmente en la espalda baja y las piernas. También pueden presentarse ojos enrojecidos, náuseas, vómitos, diarrea y dolor abdominal.
El problema es que, si no se sospecha oportunamente, puede confundirse con otras enfermedades frecuentes en nuestra región. En algunos pacientes puede evolucionar hacia formas graves con compromiso del hígado, los riñones u otros órganos.
Por eso, un dato aparentemente sencillo puede ser determinante: haber estado en contacto con agua estancada, barro o zonas inundadas antes del inicio de los síntomas debe ser comunicado al personal de salud.
¿Qué podemos hacer?
La prevención comienza con medidas simples. Evitar ingresar a aguas estancadas o inundaciones; utilizar botas y protección adecuada cuando sea inevitable el contacto; cubrir heridas y lesiones de la piel; lavarse las manos; consumir agua segura y proteger los alimentos de la contaminación.
También es fundamental controlar la presencia de roedores, mantener los residuos adecuadamente almacenados y mejorar las condiciones de saneamiento.
Y, ante fiebre u otros síntomas después de una exposición de riesgo, no debemos automedicarnos. Acudir oportunamente a un establecimiento de salud puede marcar la diferencia.
Una mirada desde Amazonas
Como Biólogo Microbiólogo y desde el trabajo relacionado con la vigilancia y diagnóstico de enfermedades infecciosas en esta región, considero que la leptospirosis representa un claro ejemplo de por qué la salud humana no puede separarse de la salud animal y del ambiente.
Las lluvias, los animales, el agua, las condiciones de saneamiento y las actividades humanas forman parte de una misma realidad. Por eso, la respuesta debe integrar vigilancia epidemiológica, diagnóstico oportuno, laboratorio, atención clínica, control de riesgos ambientales y educación sanitaria.
El fenómeno de El Niño no solamente debe ser entendido como un evento climático. También debemos reconocer sus posibles consecuencias sobre la salud pública.
La leptospirosis puede ser invisible en el agua, pero sus riesgos no lo son. Prepararnos, reconocerla y prevenirla antes y durante las lluvias es una responsabilidad compartida. La mejor respuesta frente a una enfermedad que aumenta con las inundaciones es anticiparnos a ella.
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(*) Laboratorio Referencial Regional de Salud Pública Amazonas / Instituto de Enfermedades Tropicales IET-UNTRM.
respuesta de a el 2024-08-15.
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