Sube!

Elijamos al que mejor asegure el presente y futuro de Chiclayo, Lambayeque, Ferreñafe y de toda la región

Escrito Rosa Amelia Chambergo Montejo (*)
Edición N° 1466

El 4 de octubre no solo se escogerá a un gobernador regional y a un alcalde. Se decidirá qué clase de Lambayeque tendremos durante los próximos cuatro años. Hay elecciones que se ganan con una campaña. Y hay elecciones que deberían ganarse con una propuesta de futuro.

Las Elecciones Regionales y Municipales del 4 de octubre de 2026 colocarán nuevamente a los ciudadanos de Lambayeque frente a una responsabilidad que no termina en depositar una cédula en el ánfora. Ese día se elegirá a quienes tendrán en sus manos la conducción del gobierno regional y de las municipalidades durante el período 2027-2030.

En Lambayeque compiten 15 candidatos por el gobierno regional y otros 15 por la alcaldía provincial de Chiclayo. Son treinta nombres, treinta equipos políticos y treinta maneras de entender —o de no entender— el futuro de nuestro territorio.

Pero el elector debería hacerse una pregunta distinta: ¿cuál de ellos está realmente preparado para gobernar y no solamente para ganar una elección? Esa es la cuestión central. El voto no es un premio. Durante las campañas electorales se habla mucho de candidatos, pero demasiado poco de electores.

Y el elector también tiene una responsabilidad. No basta con conocer el rostro del candidato. Hay que conocer su hoja de vida, sus antecedentes, su experiencia, su equipo y, fundamentalmente, su plan de gobierno.

El ciudadano debe preguntarse cuánto cuesta aquello que le están prometiendo, quién lo va a financiar, si existe competencia legal para ejecutarlo y si existe capacidad técnica para hacerlo realidad.

Una campaña puede prometer hospitales, carreteras, seguridad, agua, parques, cámaras, mercados, turismo, empleo y hasta grandes proyectos de infraestructura. Pero la pregunta más sencilla suele ser la más incómoda: ¿cómo lo va a hacer?

El Jurado Nacional de Elecciones ha puesto a disposición de los ciudadanos información sobre las candidaturas, hojas de vida y planes de gobierno. Esa información debería ser lectura obligatoria antes de votar, pues no se puede seguir votando solamente por simpatía, apellido, partido, publicidad o promesas.

El próximo gobernador debe entender que Lambayeque no son tres provincias separadas. Lambayeque tiene tres provincias: Chiclayo, Lambayeque y Ferreñafe. Deberá comprender que ninguna de ellas puede desarrollarse plenamente si las otras permanecen rezagadas.

Chiclayo es el gran centro urbano, comercial y de servicios. Lambayeque tiene una extraordinaria riqueza histórica, cultural, turística y agropecuaria. Ferreñafe posee igualmente patrimonio, agricultura, identidad cultural y potencial económico. El gobierno regional debe convertirse en el articulador de esa diversidad.

No necesitamos un gobernador que solamente gestione obras. Necesitamos un gobernador que construya una visión regional. Una visión que incluya conectividad, agricultura, turismo, salud, educación, seguridad, agua, saneamiento, prevención de desastres, inversión privada y generación de empleo.

Ningún proyecto de desarrollo será sostenible si los ciudadanos viven con miedo. La inseguridad debe ocupar un lugar prioritario en la agenda regional y municipal. Pero tampoco puede convertirse en una competencia de promesas para comprar cámaras o anunciar más patrulleros.

El próximo gobernador y los alcaldes deben explicar cómo coordinarán con la Policía, el Ministerio del Interior, el Ministerio Público y el Poder Judicial; cómo recuperarán espacios públicos; cómo trabajarán la prevención y cómo enfrentarán los factores sociales que alimentan la delincuencia.

El candidato que prometa "acabar con la delincuencia" debería explicar primero cómo, con qué recursos, en qué plazo y con qué indicadores medirá los resultados.

Hay una circunstancia que hace especialmente importante la elección municipal de 2026. Chiclayo tiene hoy una visibilidad internacional extraordinaria por su relación con el papa León XIV.  El nombre de Chiclayo ha adquirido una resonancia mundial.

Pero una ciudad no puede vivir eternamente de su fama. La pregunta es qué hará Chiclayo con esa oportunidad. ¿Podrá convertir ese reconocimiento internacional en turismo?, ¿Podrá atraer visitantes que no solamente pasen por la ciudad, sino que permanezcan varios días?, ¿Podrá articular la visita a Chiclayo con el Museo Tumbas Reales de Sipán, Túcume, el patrimonio arqueológico, la gastronomía, las playas, las tradiciones y las demás provincias?

¿Podrá ofrecer seguridad, limpieza, transporte, infraestructura y servicios adecuados para recibir a esos visitantes?  El próximo alcalde de Chiclayo tendrá ante sí una oportunidad que pocos alcaldes han tenido, convertir una circunstancia mundial en una estrategia permanente de desarrollo local.

No se trata de llenar la ciudad de fotografías del papa, se trata de conseguir que el mundo conozca Chiclayo y encuentre razones para venir.

Creo que entre los 15 candidatos que aspiran el sillón municipal de Chiclayo, ya hay candidatos que tienen la simpatía de los electores. Necesitamos  un alcalde con capacidad de gestión, autoridad, honestidad, equipo técnico y una visión metropolitana.

Porque Chiclayo no termina en sus límites administrativos. La dinámica cotidiana de la ciudad involucra a José Leonardo Ortiz, La Victoria, Pimentel y otros distritos. El transporte no conoce fronteras municipales, la inseguridad, la basura, el comercio ambulatorio y el crecimiento tampoco.

Hoy que los candidatos están en campaña y en el tramo final, es bueno que nos respondan más allá de colores políticos y partidos:  ¿Cuál es su prioridad número uno?, ¿Cuánto costará?, ¿De dónde saldrá el dinero?, ¿Qué hará durante sus primeros 100 días?, ¿Qué resultado concreto ofrece al finalizar el primer año?,  ¿Qué indicador permitirá saber si cumplió o fracasó?, ¿Quiénes integrarán su equipo?, ¿Qué experiencia tiene su equipo para ejecutar lo que promete?,  ¿Qué hará para evitar que la corrupción se apodere de su gestión?, ¿Qué compromiso asumirá para rendir cuentas públicamente cada año? Si un candidato no puede responder estas preguntas, probablemente tampoco podrá responderlas cuando tenga delante un presupuesto público.

Lambayeque conoce demasiado bien las consecuencias de no prevenir, de allí que es importante que los candidatos conozcan sobre el agua, el drenaje, el saneamiento y la prevención frente a lluvias intensas. Estos deben dejar de ser temas que aparecen únicamente cuando llega una emergencia.

El próximo período regional estará marcado por la necesidad de fortalecer la prevención y la preparación frente a eventos climáticos. El propio JNE ha advertido sobre la necesidad de articular acciones para garantizar las elecciones ante escenarios vinculados al Fenómeno El Niño.

Los futuros gobernantes tendrán que preguntarse qué infraestructura debe ejecutarse antes de que ocurra la emergencia. Porque una autoridad que solamente actúa después del desastre administra la emergencia.

Precisamente, uno de los grandes problemas del Estado Peruano no es solamente la falta de dinero. Es la dificultad para convertir recursos en obras y servicios que funcionen. Para ello, Lambayeque necesita gobiernos que sepan elaborar buenos expedientes, gestionar financiamiento, ejecutar presupuestos y supervisar obras.

No necesitamos solamente primeras piedras, necesitamos proyectos terminados. No necesitamos inauguraciones, necesitamos servicios funcionando. No necesitamos obras diseñadas para la fotografía. Necesitamos infraestructura que resuelva problemas.

Por lo tanto, el próximo gobernador y los próximos alcaldes deberían comprometerse públicamente a informar trimestralmente qué porcentaje de sus proyectos está en etapa de formulación, contratación, ejecución y culminación, pues la transparencia no debería ser una promesa, debería ser una obligación política.

Lambayeque no puede construir su futuro únicamente con inversión pública, necesita inversión privada, agricultura competitiva, turismo, comercio, servicios, industria y emprendimiento.

Pero para que exista inversión se requiere seguridad jurídica, infraestructura, conectividad, servicios básicos y una administración pública que no convierta cada trámite en una carrera de obstáculos.

Los candidatos deberían hablar menos de "crear puestos de trabajo" y explicar más claramente qué sectores productivos quieren impulsar como Agricultura, Agroindustria, Turismo, Gastronomía, Comercio, Logística, Servicios, Economía Digital, entre otros. Estos son sectores que pueden formar parte de una estrategia regional de crecimiento si existe liderazgo y coordinación.

La discusión electoral tampoco puede limitarse a cemento y fierro, de ahí que un departamento como el nuestro se desarrolla cuando sus ciudadanos tienen mejores oportunidades. Por eso, la anemia infantil, la desnutrición, las brechas educativas, la atención primaria de salud y el acceso a servicios de calidad deberían estar entre las prioridades de cualquier plan de gobierno serio.

El candidato que quiera gobernar Lambayeque debe explicar qué hará para que los indicadores sociales mejoren. Porque una región no se mide solamente por kilómetros de carreteras construidas, se mide por niños mejor alimentados, estudiantes mejor preparados, madres atendidas oportunamente y familias con acceso a agua segura.

El gran reto de los próximos cuatro años será trabajar juntos y quizá el mayor sea el político. La región necesita dejar atrás el viejo modelo de autoridades enfrentadas por protagonismo.

La democracia no termina el 4 de octubre. Ese día empieza la responsabilidad ciudadana, quien resulte elegido debe saber que los ciudadanos tienen derecho a preguntar: ¿dónde está la obra?, ¿cuánto costó?, ¿quién la ejecutó?, ¿por qué se retrasó?, ¿quién supervisó?, ¿cuánto se gastó?, ¿cuál es el resultado?

Y si la promesa no se cumplió, habrá que decirlo, porque el silencio ciudadano también puede convertirse en cómplice de una mala administración.

Lambayeque no necesita solamente nuevos gobernantes, Necesita una nueva cultura política, una cultura donde el candidato tenga que demostrar antes de la elección lo que piensa hacer y después de la elección lo que efectivamente hizo. Ese será el verdadero examen del próximo alcalde. Y el verdadero examen del próximo gobernador será lograr que Chiclayo, Lambayeque y Ferreñafe avancen como una sola región.

Por eso, en estas elecciones no deberíamos preguntarnos solamente quién tiene más posibilidades de ganar, deberíamos preguntarnos: ¿quién tiene mejores posibilidades de gobernar? Porque ganar una elección dura un día, gobernar bien puede cambiar la vida de una generación.

En la actualidad ya podemos identificar los 15 candidatos regionales: Rubén Fernández Morales, César Perales Saavedra, Jorge Montenegro Chavesta, Elizabeth Calderón Távara, Hilda Portero López, Juan Carrasco Millones, Rolando Barboza Díaz, Marcos Callirgos Álvarez, Carlos Zanelli Vásquez, Antonio Uriarte Gonzales, Álvaro Calderón Segura, Saúl Milian Correa, José Luis Ruiz Quintana, Juan Vidal Rodríguez Terrones y Alejandro Ruiz Paisig.

Y para Chiclayo aparecen: Jordy Rioja Cruzado, Elber Requejo Sánchez, Edwin Vásquez Sánchez, Edinson Lozano Ramírez, Miguel Ángel Bartra Grosso, Nilton Chafloque Córdova, José Francisco Gálvez Tineo, Héctor Aguinaga Fernández, César Rodríguez Valderrama, Félix Gamarra Reyes, Carlos Peña Reluz, Manuel Calvay Salinas, Luis Felipe Romero Peña, Jorge Arboleda Ñeco y Agustín Villarreal Granados.

Hay además un dato que merece una investigación periodística propia: al menos cuatro de los candidatos al gobierno regional declararon sentencias en sus hojas de vida, según una revisión periodística de la información del JNE. Eso incluye a Rolando Barboza Díaz, Álvaro Calderón Segura, Rubén Fernández Morales y Juan Vidal Rodríguez Terrones. No significa automáticamente que estén impedidos de postular, pero sí es información que el elector tiene derecho a conocer y evaluar.

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Editora / Directora fundadora.

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