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LAMBAYEQUE ANTE LA HISTORIA: Los retos en la tierra que recibirá al papa León XIV

Escrito Rosa Amelia Chambergo Montejo
Edición N° 1436

Lambayeque ha sido, a lo largo de su historia, una tierra de fe silenciosa, de trabajo persistente y de profundas contradicciones. Una región rica en patrimonio cultural y espiritual, pero también golpeada por la desigualdad, la informalidad, la corrupción, la inseguridad y la fragilidad institucional. En ese contexto, el anuncio oficial de la llegada del papa León XIV al Perú, con Lambayeque como uno de los puntos de su agenda pastoral, marca un antes y un después para la región. No se trata solo de un acontecimiento religioso de magnitud global, sino de un hecho histórico, político, social y ético que interpela a toda la sociedad lambayecana.

La Conferencia Episcopal Peruana ha confirmado esta visita, y el propio presidente de la República, José Jeri, ha anunciado que viajará en mayo al Vaticano para iniciar las coordinaciones protocolares y logísticas. Estos datos no son menores: revelan que el acontecimiento está en marcha, que compromete al Estado peruano en su conjunto y que sitúa a Lambayeque en el centro de la atención nacional e internacional. La pregunta de fondo no es solo cómo recibiremos al papa, sino qué mensaje estamos preparados para escuchar y qué transformaciones estamos dispuestos a asumir como sociedad.

Trasciende lo religioso

La llegada de un papa nunca es un hecho aislado ni meramente ceremonial. La historia reciente del Perú lo confirma. La visita de san Juan Pablo II en 1985 y 1988, y la del papa Francisco en 2018, dejaron huellas profundas en la conciencia colectiva del país. En ambos casos, el mensaje papal estuvo centrado en la dignidad humana, la justicia social, la lucha contra la corrupción, el cuidado de los más vulnerables y la responsabilidad ética de las autoridades y de la ciudadanía.

El papa León XIV no llega como un turista ilustre ni como un jefe de Estado más. Llega como líder espiritual de más de mil millones de católicos, como voz moral global y como pastor que interpela conciencias. Para Lambayeque, esta visita representa una oportunidad histórica de mirarse al espejo, de revisar sus prácticas públicas y privadas, y de asumir compromisos que no se agoten en el entusiasmo de los días previos ni en la emotividad de una misa multitudinaria.

El reto de las autoridades

El primer gran desafío recae sobre las autoridades nacionales, regionales y locales. La visita papal no puede reducirse a un despliegue de seguridad, a obras apresuradas ni a gestos protocolares. Exige coherencia ética, planificación transparente y respeto absoluto por el interés público.

Lambayeque no puede maquillarse para la ocasión. No puede esconder bajo alfombras recién colocadas problemas estructurales como la inseguridad ciudadana, la informalidad urbana, el caos del transporte, la precariedad de los servicios públicos o la desconfianza hacia las instituciones. La presencia del Papa obliga a las autoridades a dar señales claras de gobernabilidad, orden y honestidad, no solo para el visitante ilustre, sino para la propia ciudadanía.

El Estado tiene el deber de garantizar seguridad, logística, salud y servicios, pero también el deber moral de no instrumentalizar políticamente la visita, de no convertirla en propaganda ni en escenario de disputas partidarias. El mensaje papal suele ser incómodo para el poder, porque habla de justicia, de pobres, de ética pública y de responsabilidad social. Escucharlo implica aceptar la crítica y asumir cambios.

El compromiso de la iglesia

Para la Iglesia local, la llegada del papa León XIV representa un momento de especial responsabilidad. No basta con organizar actos litúrgicos ni con movilizar fieles. La iglesia está llamada a dar testimonio de coherencia, a mostrar una fe comprometida con la realidad social y a fortalecer su rol como puente entre los distintos sectores de la sociedad.

En Lambayeque, donde la religiosidad popular es profunda, la visita papal debe ser una oportunidad para reavivar el sentido del Evangelio como compromiso con el prójimo, especialmente con los más pobres, los excluidos, los jóvenes sin oportunidades y las familias golpeadas por la violencia y la precariedad económica.

Informar con responsabilidad y altura ética

Uno de los retos más delicados y trascendentes es el de la prensa lambayecana. En un contexto marcado por la desinformación, el sensacionalismo y la polarización, la visita del papa exige un periodismo serio, responsable y con sentido histórico.

La prensa no puede limitarse a cubrir la anécdota, el color o la agenda superficial. Tiene el deber de contextualizar, de explicar el significado de la visita, de analizar los mensajes papales y de contrastarlos con la realidad local. Informar con precisión, evitar rumores, verificar fuentes y ofrecer espacios de reflexión son tareas ineludibles.

Pero también es importante que se garanticen las facilitades para que periodistas y comunicadores realicen su trabajo. La libertad de expresión no puede ser limitada en ningún sentido ni por ningún agente, local o externo.

Responsabilidad social más allá del discurso

El sector empresarial de Lambayeque también está interpelado. La visita del papa León XIV pone sobre la mesa temas recurrentes de la doctrina social de la Iglesia: trabajo digno, justicia económica, cuidado del medio ambiente y responsabilidad social.

Los empresarios no pueden limitarse a patrocinar eventos o a aprovechar el impacto mediático. Están llamados a revisar sus prácticas, a fortalecer el empleo formal, a respetar los derechos laborales y a comprometerse con el desarrollo sostenible de la región. La fe, cuando es auténtica, se traduce en acciones concretas que benefician al conjunto de la sociedad.

Lambayeque necesita un empresariado moderno, ético y comprometido con su entorno. La visita papal puede ser un punto de inflexión para pasar del discurso a la acción, del beneficio inmediato al desarrollo de largo plazo.

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Licenciada en Periodismo, editora / directora fundadora.

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