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EL CABALLERO DE LA AMISTAD: CARLOS URBANO BALAREZO

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1126

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Don Carlos Urbano Balarezo Valera nació en Guadalupe, Pacasmayo, el 7 de enero de 1922. Se desempeñó como profesional en administración en la Hacienda Mocce, ubicada en la ciudad de Lambayeque, para después ser gerente y, por último, copropietario de la misma hasta 1963.

Trabajando en Lima para las compañías Koenning S.A y Neocont S.A, por intermedio de un ministro del presidente Juan Velasco Alvarado, el Gobierno Revolucionario lo llamó para ocuparse de la prefectura de Lambayeque. En ese tiempo el régimen enfrentaba la crisis debido a la reforma agraria, lo que no fue problema para este, debido a las virtudes que tenía para hacer amigos y por los vínculos de conciliación que creó con los afectados.

En 1975, al producirse el levantamiento de Tacna, al mando del general Francisco Morales Bermúdez contra el gobierno de Velasco Alvarado, se dispuso que todos los prefectos departamentales sean relevados. Todos, a excepción de Balarezo Valera.

De este modo, permaneció en el cargo hasta 1980, año en el que le tocó entregar la banda prefectoral a Julio Armas Loyola. Al concluir su servicio público, Morales Bermúdez distinguió al ilustre ciudadano con la Orden El Sol del Perú, máxima condecoración otorgada por el Estado Peruano en reconocimiento a sus servicios a la Nación.

“Tenía un don divino de inspirar confianza. Mi padre ponía paños fríos y resolvía problemas a pesar de la oposición, era jovial y de ironía muy fina”, cuenta Carlos Balarezo hijo, añadiendo que admiraba su forma para resolver controversias.

Uno de esos pasajes – relata – fue el sepelio de la dirigente magisterial Fanny Abanto Calle, al que acudió en representación del gobierno militar. Según refiere no hubo ninguna muestra de rechazo a la autoridad política, pese a que entre los maestros existía la convicción de que el deceso de la educadora se debió a la brutal represión durante la huelga de 1979.

“En el período que fue prefecto, mi padre fue visitado por el presidente del Club Juan Aurich y desde ese momento se vinculó mucho con el fútbol, llegando a gestionar, debido a sus vínculos amicales, la participación en un partido definitorio de uno de los jugadores, quien se encontraba detenido por el incumplimiento de pensión alimenticia. El jugador fue trasladado del penal y retornado por la Guardia Republicana”, narra.

Además de su trato, era característico en Carlos Urbano Balarezo el uso de una venda en la mano izquierda. Esta tenía como función cubrir una cicatriz resultado de un accidente ocurrido en sus años mozos, la misma que solo conocían su madre y su esposa.

Carlos Urbano Balarezo tuvo una larga y fructífera vida institucional. Reactivó la Asociación Pro-Marina del Perú Filial Chiclayo con el cargo de presidente, fue 17 veces vicepresidente del Casino Civil Militar de Lambayeque, teniente a alcalde en la “Ciudad Evocadora”, además de miembro activo del Comité de Apoyo a los damnificados del Fenómeno El Niño en 1998, acción que fue reconocida por el pueblo y el gobierno de aquel entonces. También fue presidente del patronato de Cultura del Departamento, socio del Club de Tiro N° 77, del Círculo Departamental de Empleados y directivo del Club de la Unión. A ello se suma su activa vida en el rotarismo. De hecho, fue el gobernador de distrito más joven del mundo, representando al país en Japón, México y Estados Unidos.

Se casó con Maruja Mesones, con quien tuvo seis hijos: Carlos Antonio, María Teresa, María Consuelo, María Victoria, Ana Cecilia. A ello se suma un hijo mayor y primogénito, Carlos Manuel. Falleció el 13 de mayo del 2003, a los 81 años de edad.

 

 

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