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SE ABRE UNA ESPERANZA DE DESARROLLO: EN MAYO SE CONCLUIRÃ EL ANHELADO RELLENO SANITARIO DE CHICLAYO

Escribe: Rosa Chambergo Montejo
Edición N° 1444

Chiclayo ha cargado durante décadas con una deuda ambiental que no solo ha deteriorado su imagen, sino también la calidad de vida de sus ciudadanos. La gestión de los residuos sólidos, convertida en símbolo de desorden e improvisación, ha sido uno de los flancos más criticados de la administración pública local. Por eso, el anuncio de que el relleno sanitario de Pampas de Reque está en su etapa final, con miras a ser culminado en mayo de 2026, no es un hecho menor: es, potencialmente, el inicio de un cambio estructural largamente esperado.

El martes de esta semana, recibí en el set de Expresión al biólogo Benhur Zambrano Chavarry, sub Gerente de Desarrollo Ambiental de la Municipalidad Provincial de Chiclayo, quien sostuvo con firmeza que Chiclayo ya no es “la ciudad cochina, de hace cuatro años”. “La reto a caminar conmigo diferentes zonas de la ciudad, para que constate lo que estoy afirmando”, sostuvo. 

Hay en marcha un plan educativo, que está enseñando a los vecinos a cuidar la limpieza de la ciudad, empezando a respetar los horarios de recojo de deshechos en los horarios establecidos; se ha designado una línea WhatsApp 948 473 436, para una comunicación directa con la gerencia medioambiental y se reporten lugares de acumulación de deshechos.

El Proyecto del Relleno Sanitario tiene al cierre de esta edición un avance cercano al 90 %. Este proyecto —impulsado con el acompañamiento del Ministerio del Ambiente— representa mucho más que una obra de infraestructura. Es un punto de quiebre en la manera en que Chiclayo enfrenta uno de sus problemas más persistentes. La inclusión de una celda de disposición final adecuada y dos plantas de valorización de residuos evidencia una apuesta por un modelo moderno, que deja atrás la lógica del simple “botadero” para avanzar hacia una gestión integral y sostenible.

No obstante, sería ingenuo caer en triunfalismos. La propia alcaldesa Janet Cubas ha reconocido que la actual gestión encontró un escenario crítico, con celdas transitorias colapsadas producto de malas prácticas acumuladas durante años. Este dato no solo revela la magnitud del problema heredado, sino que también debe servir como advertencia: las obras físicas, por sí solas, no garantizan soluciones permanentes.

El verdadero desafío comienza donde termina la construcción. La sostenibilidad de este proyecto dependerá, en gran medida, de la capacidad de las autoridades para implementar políticas continuas de educación ambiental. Sin una ciudadanía consciente, que entienda la importancia de la segregación en la fuente, la reducción de residuos y el reciclaje, cualquier esfuerzo técnico corre el riesgo de volverse insuficiente con el paso del tiempo.

En paralelo, la anunciada gestión para el cierre y remediación del antiguo botadero de Reque constituye otra pieza clave. No se trata solo de clausurar un espacio contaminado, sino de reparar años de abandono que han afectado ecosistemas y a poblaciones cercanas. Si se concreta el financiamiento internacional, Chiclayo podría finalmente cerrar uno de los capítulos más vergonzosos de su historia ambiental.

Sin embargo, hay un elemento que no puede perderse de vista: la continuidad. Estamos a las puertas de un nuevo proceso electoral municipal, y la experiencia nos ha enseñado que muchos proyectos se diluyen cuando cambian las autoridades. El relleno sanitario no puede convertirse en una obra aislada, ni en bandera de una sola gestión. Debe ser asumido como política pública de largo plazo, con compromisos claros de quienes aspiran a dirigir la ciudad a partir de 2027.

Chiclayo necesita mucho más que infraestructura: necesita cultura ciudadana. Convertirse en una ciudad limpia y ordenada no es únicamente una aspiración estética o turística; es una condición indispensable para el desarrollo económico, la salud pública y la dignidad colectiva.

Hoy, el avance del relleno sanitario abre una ventana de esperanza. Pero esa esperanza será efímera si no se sostiene con educación, fiscalización y continuidad política. La historia reciente ya nos ha demostrado que los errores cuestan caro. Esta vez, Chiclayo tiene la oportunidad de hacerlo bien. Y no debería dejarla pasar. 

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