La política peruana vuelve a tensarse entre promesas refundacionales y el descrédito acumulado de las últimas décadas. En ese escenario aparece el médico Armando Massé Fernández, candidato a la presidencia de la república por el Partido Democrático Federal, una organización que plantea reemplazar el actual modelo centralista por un sistema federal. El postulante acusa a la clase política de haber vaciado de contenido la descentralización y propone medidas drásticas contra la corrupción, incluyendo la extinción de dominio y la “muerte civil” permanente para funcionarios condenados.
Massé llegó a Chiclayo en campaña y, en entrevista con Expresión, defendió su salto a la arena electoral. Médico de profesión, abogado y administrador de empresas, sostiene que su formación múltiple es una respuesta a la complejidad del Estado. “Si voy a asumir la suerte de mi país, no voy a manejar un quiosco de periódicos”, afirmó.
A diferencia de otros postulantes que centran su narrativa en la coyuntura, Massé intenta ir más atrás: cuestiona el diseño mismo del Estado peruano y coloca el federalismo como eje estructural de su propuesta.
Federalismo o continuidad del centralismo
Para el candidato, el problema no es solo de gestión sino de modelo. Señala que el centralismo limeño es una herencia colonial que nunca fue desmontada tras la independencia.
“Luego de 205 años de craso error en el cual ha estado sometido nuestro país, no podemos esperar más tiempo. El centralismo en la región de Lima fue hecho porque a la colonia española no le interesaba crear puentes, carreteras, infraestructura. Solo querían el puerto del Callao como centro de extracción. Ese modelo quedó instalado y ha durado 205 años”, afirma.
Sostiene que la descentralización aplicada en las últimas décadas ha sido “un maquillaje”. A su juicio, nunca se cumplió lo dispuesto en la Constitución respecto a una verdadera redistribución de competencias y recursos.
Afirma que el 66 % de los ingresos nacionales permanece en Lima y que el resto del país sobrevive con recursos limitados. “Eso es algo que hay que corregir, solo la verdadera descentralización salvará al país”, insiste.
Su propuesta es un esquema federal en el que las regiones tengan autonomía real en el manejo presupuestal, potestad normativa y responsabilidad fiscal. Cita como ejemplos a Estados Unidos, Alemania, Canadá o Brasil. “No es un experimento”, repite.
Sin embargo, la transición a un modelo federal implicaría una reforma constitucional profunda y un reordenamiento político que requeriría mayorías parlamentarias y consenso nacional, un escenario que hoy luce fragmentado.
Extensión de dominio y control previo
En materia anticorrupción, Massé Fernández plantea un discurso frontal. No distingue entre “delincuente común” y “delincuente de cuello y corbata”; para él, este último es incluso más dañino.
“Si tú dices que ganas 25 mil soles mensuales, explícame cómo tienes ese Audi, ese Mercedes Benz, cómo has ido cinco veces a París, cómo tus hijos estudian en el extranjero. A todo eso, extinción de dominio. Deberían quitarle todo el dinero, todo”, remarca.
Propone que, terminado el mandato de cualquier autoridad, se audite su patrimonio de manera obligatoria y que la carga de la prueba recaiga en el funcionario. Si no justifica el incremento patrimonial, perdería bienes y derechos políticos.
También cuestiona el rol de la Contraloría, a la que acusa de actuar solo “ex post”, cuando el daño ya está consumado.
“En administración se dice que hay control antes y después. La Contraloría entra cuando ya se cometió el delito. El control debe ser antes y después, y no se le debe soltar un solo sol cuando el contrato no se cumpla”, indica.
Plantea el uso de contratos inteligentes y tecnología “blockchain” para impedir desembolsos si no se verifican avances reales de obra. Según él, la inteligencia artificial permitiría modernizar el Estado y reducir la discrecionalidad.
Además, defiende la “muerte civil” permanente para autoridades condenadas por corrupción. “Qué fácil es decir que ya no puedes candidatear, pero te quedaste con medio país”, ironizó.
Crítica a la clase política
Massé no eludió opinar sobre figuras del escenario nacional. Considera que en los últimos 20 años la corrupción se ha consolidado por la suma de varios gobiernos y por la debilidad institucional.
Al referirse al exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, señaló que su estilo es impulsivo y que propuestas como eliminar el seguro social serían irresponsables. Sobre Keiko Fujimori, dijo que debió dar un paso al costado para no deteriorar más el apellido. Y fue especialmente crítico con César Acuña, a quien calificó como una vergüenza para la representación internacional del país.
Su lectura del Congreso es severa: describe intercambios de favores legislativos y acuerdos que no responden al interés público.
“En los Pasos Perdidos ves ese: ‘Dame que te doy’, como álbumes de figuritas. Aprueba este proyecto y tú me apruebas este otro, pero todos son en favor de ellos”, señala.
Esa dinámica, afirma, explica por qué el Parlamento ha aprobado normas que, a su juicio, favorecen la impunidad o dificultan investigaciones fiscales.
Sistema penitenciario y gasto social
Uno de los puntos más polémicos de su intervención fue el contraste entre el gasto en reclusos y el presupuesto destinado a la infancia vulnerable.
Armando Massé aseguró que el Estado destina alrededor de 31 soles diarios por preso, mientras que un niño en situación de pobreza recibe apenas seis soles. Para él, esa brecha es moralmente inaceptable.
“No podemos permitir que el Estado pague 31 soles diarios para mantener a un secuestrador o a un violador y solo seis soles a un niño que es el futuro del Perú. El preso tiene que trabajar.”
Plantea que los internos produzcan bienes —como ladrillos— que el propio Estado pueda adquirir para obras públicas. Parte de esos ingresos, añadió, debería destinarse a las familias de los reclusos.
La propuesta, sin embargo, requeriría cambios normativos y garantías de respeto a derechos fundamentales, en un sistema penitenciario que ya enfrenta hacinamiento y déficit estructural.
Motivaciones personales
Massé sostiene que su candidatura nace de una experiencia personal de superación. Relató que creció en condiciones precarias, que conoció la pobreza y que la educación pública cambió su destino.
“Sí conozco la pobreza. No tengo resentimiento, pero la educación cambió mi vida. ¿Me voy a quedar sentado viviendo de mis rentas o voy a devolverle a mi país lo que mi país me dio?”, preguntó.
Se graduó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y afirma haber recorrido el país durante décadas como médico. En Lima, dice, habilitó una casa para que pacientes de provincias puedan hospedarse gratuitamente durante su tratamiento.
Durante la pandemia, recordó, estuvo en primera línea, enfermó gravemente y regresó al trabajo tras recuperarse.
Federalismo en un país fragmentado
El eje federalista de su campaña promete que “el dinero de los lambayecanos sea para los lambayecanos”. Pero la transición hacia un sistema federal no solo implica redistribución de recursos; también demanda capacidad técnica y controles regionales sólidos.
Massé sostiene que el federalismo permitiría madurez institucional en las regiones y rompería la dependencia de Lima. Sus críticos podrían argumentar que, sin fortalecer primero las capacidades locales y los mecanismos anticorrupción, la autonomía podría replicar a escala regional los mismos vicios que hoy se denuncian a nivel central.
Aun así, su discurso conecta con una sensación extendida en regiones que perciben abandono y desigualdad en la distribución de recursos.
En el tramo final de la entrevista, el candidato apeló a la fe del electorado.
“Sí habemos hombres honestos en este país. Yo, mirándote a los ojos, no te voy a mentir. Vengo desde abajo y quiero tu respaldo para cambiar la historia del Perú”, dijo.