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ETHOS REGIONAL: Samyr Bazán y su mirada sobre el esoterismo lambayecano

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1459

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Desde Madrid, el recolector cultural Samyr Bazán analiza el papel político del chamanismo tradicional, rescata la memoria ácrata de Manuel Uchófen y cuestiona la idealización arqueológica de las élites prehispánicas.

Mirar una región desde dentro implica el riesgo de perder la perspectiva de sus contornos; mirarla desde fuera ofrece la nitidez de la distancia, pero arrebata el murmullo cotidiano de sus calles. En ese sutil equilibrio geográfico y conceptual se mueve Samyr Bazán Díaz, un joven lambayecano que prefiere desmarcarse de la rigidez del rótulo de "investigador" para asumirse como un recolector de datos, memorias y lugares dispersos. Sus trabajos sobre las dinámicas del chamanismo norteño y la recuperación histórica de figuras marginales de la protesta social proponen una fractura conceptual: dejar de entender la identidad como una pieza de museo arqueológico y empezar a leerla en la complejidad política de la vida diaria.

Un hito fundamental fue el obsequio de su padre: un ejemplar impreso en los años ochenta por Eddy Montoya Peralta sobre la realidad lambayecana. Aquel texto actuó como el detonante de una vorágine intelectual que, enriquecida posteriormente con la tradición oral familiar, decantó en una obsesión por registrar las expresiones locales de la costa norte, con especial énfasis en el curanderismo tradicional.

Los códigos compartidos

Para abordar el esoterismo norteño, Bazán Díaz inició su trabajo de campo siendo apenas un adolescente, una condición que, lejos de ser un impedimento, facilitó un tránsito involuntario y profundo entre el rol de testigo y el de participante activo. La inmersión en las dinámicas íntimas de las "mesas" curanderiles requirió la construcción de un vínculo de confianza que se cultiva a través de los años.

"Veían en mí a alguien que no les resulta distante; por el contrario, encontraban un rostro familiar, alguien que compartía ciertos modos de hablar, de mirar y de habitar el territorio. Esa ha sido una de las circunstancias que más me ha favorecido", explica desde España, donde radica actualmente.

Esta inmersión tuvo su punto de inclinación en el 2015, en Salas, célebre núcleo de la mística lambayecana. Acompañado por un amigo y un maestro sanador, experimentó su primera mesada nocturna, un suceso cuyas atmósferas y sensaciones lo desafiaron, sucedo que hoy reconoce como difícil de traducir en su total magnitud.

La redistribución moral

Samyr Bazán —quien actuó como gestor y editor de la traducción al castellano del fundamental estudio de Douglas Sharon y Donald Joralemon sobre curanderos locales— destaca el descubrimiento de fronteras morales sumamente difusas. Durante dicho proceso editorial, se evidenció una lectura singular del sufrimiento: conductas sistemáticas de machismo y violencia ejercidas por varones eran frecuentemente interpretadas por el entorno como síntomas de un "daño" o hechizo externo. Esta interpretación despoja al agresor de su responsabilidad moral directa, justificando el alcoholismo o la agresividad como el resultado de la maldad ajena y no como una elección personal.

Respecto a la vigencia de estas prácticas en pleno siglo XXI, Bazán Díaz rechaza los análisis simplistas que atribuyen el fenómeno únicamente a una fe ciega, planteando una lectura donde el curanderismo opera como un mecanismo alternativo ante el fracaso del Estado peruano.

"La precariedad de los servicios de salud pública obliga a muchas personas a buscar todas las alternativas posibles para aliviar sus enfermedades o calmar sus miedos. A veces no se acude al curandero porque exista una fe absoluta en él; se acude porque los centros de atención primaria y los grandes hospitales ya han fracasado en ofrecer respuestas. Resulta paradójico que, en no pocas ocasiones, sean los propios profesionales de la medicina quienes terminen sugiriendo que los pacientes busquen ayuda en quienes más tarde serán señalados como charlatanes", señala.

Mercado, folklorización y la protesta libre

Advierte que cuando la continuidad de un saber ancestral, como el chamanismo, se subordina exclusivamente al mercado, este se transforma en un producto homogéneo que promueve la exotización de los cuerpos y la folclorización de los ritos para complacer la mirada del consumidor externo. Aunque no prevé la desaparición física del curanderismo en las próximas décadas, sí expresa su temor de que sus discursos sobre el cuerpo y lo sagrado se alteren de tal forma que terminen convirtiéndose en una práctica ajena a su raíz.

Este cuestionamiento a las lógicas de dominación explica también su interés por Manuel Uchófen, a quien describe como el "hombre de la protesta libre". El hallazgo fortuito, mientras residía en Madrid, de una condena pública emitida en Chiclayo contra el fusilamiento del pedagogo libertario Francisco Ferrer y Guardia en España, lo llevó a rastrear la figura de Uchófen.

Bazán Díaz encuentra un contraste claro entre el curanderismo y el anarquismo: mientras el primero representa una práctica de resistencia cultural desde lenguajes simbólicos, el anarquismo constituye una filosofía de combate directo, tanto interno como colectivo, que persigue la utopía de una convivencia sin jerarquías ni dominadores.

Finalmente, cuestiona la construcción tradicional de la identidad norteña, a la cual califica de artificiosa y excesivamente enfocada en la espectacularidad de los restos arqueológicos. Argumenta que la exaltación de figuras como el Señor de Sipán ha respondido a un intento histórico de "desincaizar" el territorio lambayecano, promoviendo la idea de una "raza" distinta y cometiendo el error de asociar la dignidad regional con las antiguas élites gobernantes prehispánicas, ignorando a las clases trabajadoras que sostuvieron dichas sociedades.

"¿Por qué nos cuesta tanto reconocer la identidad en la vida cotidiana? En los mercados, en las cocinas, en las formas de hablar, en las fiestas de barrio, en los curanderos, en los migrantes. Nuestras élites parecen sentirse más cómodas promoviendo a los señores del pasado que reconociendo la dignidad de los hombres y mujeres del presente. Lo ancestral tiene sentido cuando continúa habitando el presente, no cuando se convierte únicamente en una pieza de museo o en una marca turística", concluye.

Bazán Díaz ha realizado diversas publicaciones y estudios etnográficos sobre Lambayeque, sus personajes y tradiciones.

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