La presentación del libro “Eten: El lugar del amanecer eterno”, del arqueólogo e investigador Jorge Alberto Centurión Centurión, constituyó un acto académico destinado a poner en valor la historia y el patrimonio de Ciudad Eten; pero, a la vez, se convirtió en una oportunidad para volver la mirada hacia una actividad que Lambayeque posee a la mano, pero que no ha sido desarrollada con la dimensión que merece: el turismo religioso.
La reflexión adquiere especial importancia cuando Chiclayo y Lambayeque se preparan para recibir al Papa León XIV los días 13 y 14 de noviembre.
En ese contexto, la decana del Colegio de Especialistas en Turismo, Dra. Rosse Esparza, se preguntó: ¿por qué una región con una extraordinaria riqueza de patrimonio religioso, histórico y cultural no ha desarrollado durante décadas una verdadera política de turismo religioso?
Su intervención, en el acto de presentación en la Universidad Santo Toribio de Mogrovejo, puso sobre la mesa una reflexión profunda sobre la verdadera naturaleza del turismo religioso en la región, la desconexión histórica de su valor espiritual con las políticas de desarrollo y la oportunidad inmejorable que representa la visita del Papa para posicionar a Lambayeque a nivel global.
Más allá de las vitrinas
Durante su alocución, la Dra. Esparza fue enfática al desmitificar la concepción mercantilista o superficial que a menudo se le otorga a esta actividad. Para la especialista, el turismo religioso no se reduce a una simple ruta de “visitar templos por doquier” u observarlos como atractivos inertes dentro de un circuito convencional. “El turismo religioso va más allá; va en esa trascendencia que no la podemos ver en los museos, en una simple vitrina. Va en lo que podemos sentir, en la experiencia que nos hace vivir, en lo que tiene Ciudad Eten en esos sábados de promesa a la que llegan muchos peregrinos y fieles a pedir y agradecer por los milagros cumplidos”, señaló la especialista.
Este concepto sintoniza plenamente con el núcleo del libro presentado por Centurión, quien aborda el impacto del Milagro Eucarístico de Ciudad Eten -ocurrido en 1649, cuando se manifestó la efigie del Niño del Milagro y posteriormente la Santísima Trinidad- no solo como un dogma teológico, sino como la piedra angular de la cohesión social y la identidad viva de un pueblo.
¿Por qué Eten sigue relegado?
A pesar de que Lambayeque cuenta con un pasado prehispánico y virreinal deslumbrante, el turismo religioso ha carecido de una planificación estratégica y de un desarrollo real por parte de las autoridades.
En su diagnóstico, la Dra. Esparza apuntó a varios factores críticos que explican la ausencia de acciones concretas para poner en valor este patrimonio; tales como el desconocimiento e invisibilización institucional. Así, el único milagro eucarístico del Perú, arraigado en las 11 hectáreas concedidas al Obispado de Chiclayo en Ciudad Eten, carece de la infraestructura logística y de la difusión internacional que se ha dado a otros destinos culturales. Estas 11 hectáreas le fueron entregadas por el gobierno regional de Lambayeque a monseñor Robert Prevost, entonces obispo de Chiclayo, con miras a que allí se construya un Santuario Eucarístico en honor al Divino Niño del Milagro.
Un segundo factor sobre el que apunta la especialista, se halla en la trampa de la politización y comercialización. Muchas veces las iniciativas turísticas se ven frenadas o distorsionadas por intereses estrictamente políticos o comerciales de corto plazo, de parte de los mismos gestores públicos o autoridades regionales o locales, descuidando el desarrollo integral de la comunidad y el fortalecimiento de la fe. Y un tercer factor es la brecha entre el saber y el sentir. Tal como lo demostró Centurión en su tesis académica -citada durante el evento-, aunque un sector mayoritario de la población local dice conocer su patrimonio, un porcentaje alarmante carece de herramientas identitarias profundas, reduciendo la riqueza espiritual a un plano secundario.
¿Qué es el turismo religioso?
El turismo religioso no debe entenderse simplemente como el desplazamiento de personas hacia una iglesia para participar de una misa o una celebración de fe; es decir, convertir la fe en un espectáculo comercial. Existe una diferencia fundamental. Su verdadero sentido está en articular espiritualidad, patrimonio, cultura, identidad, historia, comunidad y desarrollo económico, respetando siempre la naturaleza religiosa de los lugares y las manifestaciones que se visitan.
Y aquí aparece una cuestión esencial para Lambayeque. El problema no es que no tengamos patrimonio religioso. El problema es que no lo hemos convertido suficientemente en una propuesta turística organizada.
El libro de Jorge Centurión ofrece precisamente un ejemplo de aquello que podría desarrollarse mucho más ampliamente. Su investigación revela que el 81 % de los pobladores de Ciudad Eten afirma conocer su patrimonio, pero solamente el 20 % lo integra realmente como parte de su identidad. Asimismo, el 58 % de los encuestados reduce el turismo religioso fundamentalmente a un beneficio económico y existe, según el autor, una escasa valoración del Milagro como elemento de cohesión social.
El dato resulta revelador, porque el turismo religioso comienza precisamente por reconocer el valor del patrimonio que se posee. Eten no solo tiene una iglesia y una tradición religiosa. Posee una historia vinculada al denominado Milagro Eucarístico, una profunda tradición de fe, patrimonio arquitectónico, identidad mochica, gastronomía, artesanía y humedales.
El propio Centurión plantea que el Milagro Eucarístico no debe permanecer encerrado en los libros o en la memoria de los especialistas, sino convertirse en elemento de una pedagogía activa, capaz de involucrar a las nuevas generaciones. Y propone algo todavía más ambicioso: un modelo de turismo religioso sostenible basado en tres pilares: fe, comunidad y recursos naturales.
Es decir, no se trata solamente de llevar turistas a Eten. Se trata de conseguir que el visitante encuentre una experiencia integral y que, al mismo tiempo, la población local sea protagonista y beneficiaria de esa actividad.
¿Por qué no se ha desarrollado antes? La pregunta, planteada por la Dra. Rosse Esparza, resulta particularmente pertinente porque obliga a mirar más allá de la coyuntura de la visita de Su Santidad. Durante muchos años, Lambayeque ha promovido principalmente sus atractivos arqueológicos, gastronómicos y culturales. Y con justa razón: Sipán, Túcume, Sicán, Zaña, el patrimonio mochica y la gastronomía constituyen activos turísticos extraordinarios. Pero el componente religioso ha quedado muchas veces fragmentado. Tenemos templos, santuarios, imágenes, festividades, peregrinaciones, tradiciones, personajes religiosos, arquitectura virreinal y republicana y acontecimientos vinculados con la historia de la Iglesia. Lo que ha faltado es integrarlos dentro de una política turística especializada, con producto, circuito, señalización, interpretación, capacitación, promoción y articulación institucional.
El horizonte ante la visita papal
Mirando hacia el futuro, el escenario regional plantea una coyuntura histórica ineludible. Así, ante la visita del Papa León XIV, la decana del Colegio de Licenciados en Turismo, hizo un llamado enérgico a las autoridades, instituciones y ciudadanía.
Recordó el hito histórico de 2018, cuando el Niño Jesús Eucaristía estuvo junto al Papa Francisco en Huanchaco. Esparza remarcó que Lambayeque tiene la oportunidad dorada de articular esfuerzos para consolidar a Ciudad Eten (la “Ciudad Eucarística”) y a Motupe como ejes mundiales del turismo religioso. “Nos dieron una oportunidad hace más de 20 años con Tumbas Reales, con el descubrimiento del Señor de Sipán, de posicionarnos como un destino turístico cultural. Ya estamos expuestos a nivel mundial y hoy en día tenemos la otra coyuntura y la oportunidad de posicionar Lambayeque a través del Divino Niño del Milagro y de Motupe, como destinos turístico religiosos”, indicó.
La visita papal representa una oportunidad extraordinaria, pero sería un error reducirla a un acontecimiento de noviembre próximo. El Papa León XIV llegará al Perú y visitará Chiclayo, pero la trascendencia turística de ese acontecimiento puede prolongarse durante muchos años, si la región consigue estructurar una oferta permanente.
La preocupación de la Dra. Rosse Esparza adquiere entonces una dimensión mayor. No basta con limpiar las calles, colocar señalización temporal o preparar operativos de seguridad ante la llegada del Santo Padre. Hay que preguntarse: ¿Qué quedará después de noviembre de 2026? La respuesta debería ser una política permanente de turismo religioso; una política que involucre al Gobierno Regional, municipalidades, Mincetur, PromPerú, Diócesis de Chiclayo, universidades, colegios profesionales, empresarios turísticos, agencias de viajes, hoteles, restaurantes, artesanos y comunidades locales.
Y el planteamiento de Centurión encaja perfectamente dentro de esta discusión. Su libro sostiene que el Milagro Eucarístico debe ser comprendido como parte de la identidad de Eten y propone que la fe pueda convertirse en bienestar para la población, articulando patrimonio, comunidad y naturaleza.
Eso supone, por ejemplo, desarrollar una ruta espiritual alrededor del templo y del Milagro Eucarístico; una ruta histórica, que explique la presencia mochica, la evangelización y la evolución de Ciudad Eten; una ruta cultural, vinculada con sus artesanas, tradiciones y gastronomía; una ruta natural, incorporando los humedales como espacios de contemplación y conocimiento; y una ruta educativa, especialmente dirigida a niños y jóvenes, siguiendo la propuesta del personaje Tero, que en su libro plantea Centurión.
De esta manera, el visitante no llegaría simplemente a “ver una iglesia”. Llegaría a conocer una historia, comprender una tradición, encontrarse con una comunidad y vivir una experiencia espiritual y cultural.
Hay una frase particularmente significativa en el trabajo de Centurión: “La fe debe transformarse en desarrollo, y el milagro en bienestar para su gente”. Allí está, probablemente, la esencia del desafío. El turismo religioso debe generar oportunidades para las comunidades, pero sin desnaturalizar la fe. Debe beneficiar al artesano, al guía, al pequeño empresario, al restaurante, al transportista, al hotel, al comerciante y a la comunidad; debe generar empleo y movimiento económico, pero también orgullo, identidad y conservación del patrimonio. Y, sobre todo, debe impedir que el visitante llegue, tome una fotografía y se marche sin haber comprendido qué representa el lugar.
La llegada del Papa convierte esta discusión en una prioridad.
Por ello, la presentación de “Eten: El lugar del amanecer eterno” llega en un momento particularmente oportuno. Porque el libro no solo habla del pasado. Está planteando una pregunta para el futuro. ¿Será Lambayeque capaz de aprovechar su patrimonio religioso para construir una nueva alternativa de desarrollo? ¿Podrá Ciudad Eten convertirse en un verdadero destino de peregrinación y turismo religioso? ¿Seremos capaces de aprovechar la presencia de León XIV no solamente para noviembre, sino para los próximos 10, 20 o 30 años?
La respuesta dependerá de que las autoridades y las instituciones comprendan que el turismo religioso no es una actividad secundaria ni una moda generada por la visita de un Papa. Es un segmento turístico de alcance mundial, con capacidad para movilizar millones de personas y generar desarrollo local. Y Lambayeque cuenta con algo que ninguna campaña publicitaria puede fabricar: historia, patrimonio, fe, identidad y memoria viva. La tarea pendiente es convertir todo ello en una propuesta profesional, sostenible y permanente.
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