UN PERLA Mí�S DEL LOCUTOR
La crisis de valores morales en nuestra sociedad ha generado una serie de realidades íntimamente relacionadas que originan sucesos deplorables y, consecuentemente, el actuar del ser humano ya no se rige por principios sino por conveniencias, alejándonos del bien común o el bien de la sociedad para dar paso al bien personal, egoísta y embustero.
Cuántas veces nos hemos preguntado por qué tenemos los mismos políticos de siempre. Cuántas veces nos hemos lamentado porque se elige a gente incapaz de solucionar los problemas que nos aquejan como sociedad. Cuántas veces más tenemos que soportar que nuestro país, en su conjunto, no pueda avanzar como debiera.
En nuestro medio, el locutor Javier Castro Cruz es precisamente uno de esos personajes, que gustoso de vivir al margen de toda norma pone en práctica los antivalores más degradantes en el espectro radial, mancillando la honra de sus ocasionales víctimas.
Este personaje, que para mala suerte del distrito de José Leonardo Ortiz ocupó dos veces su sillón municipal, lleva en curso (entre otros) un proceso judicial en el que las pruebas desnudan su accionar como persona, como seudo político y las argucias de las que se vale para disfrazar la verdad.
Por ello mismo, los magistrados del Poder Judicial tienen enorme responsabilidad de sancionar, de acuerdo a ley y a su criterio de conciencia, a quien osó jugar con la confianza del pueblo leonardino.
Además del proceso que se le sigue a Castro Cruz por el alquiler de maquinaria para una obra fantasma cuando fue alcalde por segunda vez, el ex alcalde está involucrado en otro, donde se le acusa del presunto delito de colusión y por el que se pide la pena de diez años de prisión en su contra, luego que el Ministerio Público comprobara que la pavimentación de la calle Kennedy y de los parques de Micaela Bastidas y Francisco Cabrera carecen de la sub base, que es una de las partes de la estructura de todo pavimento, acusación ante la que este ha querido, a través del perito de parte (es decir contratado por él) ingeniero César Tiparra de los Santos, convencer que la estructura del pavimento, tanto de la sub base como de la base se han compactado en una sola y por eso no se distingue una de la otra.
Buen intento de disfrazar el delito, porque a ese argumento solo bastaría comparar la profundidad del pavimento que según el expediente técnico debe ser aproximadamente de 70 centímetros, pero que según el estudio realizado por la Contraloría General de la República apenas llega a 45.
Sería bueno que los magistrados que deben resolver este caso, doctores Magdalena Chávez Mella, Jimmy García Ruiz y Cronwell Seclén Núñez del Arco, vocales de la Sala Penal Liquidadora Permanente, se pregunten ¿qué pasó con los 25 centímetros de pavimento que faltan en las tres obras?, ¿cuánto significa en soles ese faltante? y ¿a qué bolsillos fue a parar el dinero que no se utilizó en la sub base?
No se puede argumentar que la inexistencia de la sub base se deba a la compactación, porque el expediente técnico indicaba la profundidad final del pavimento que es 70 centímetros.
Por si lo irregular de la estructura fuera poco, Castro Cruz liquidó las obras y de mutuo acuerdo con las empresas ejecutoras decidió resolver los contratos con sendas resoluciones de alcaldía que llevan su firma, dejando oleada y sacramentada la deuda que la Municipalidad de José Leonardo Ortiz tenía con estas por valorizaciones no pagadas hasta el nivel de imprimación.
Es sabido que la estructura de un pavimento en esencia consta de sub rasante, capa de sub base y la capa base. Sobre estas se aplica la parte no estructural, que es la imprimación y la carpeta asfáltica (la que todos vemos).
Javier Castro, a pocos días de terminar su primer mandado edil, aceptó y dio por válidas deudas de saldo pendiente de la segunda y tercera valorización, que corresponden a la base e imprimación, para que sean pagadas por la gestión entrante. Lo que sí se aseguró de cancelar fue el monto de la primera valoración, que se refiere sorprendentemente a la preparación de la sub rasante y sub base de dichos pavimentos, componentes que aparentemente no existen.
Si de acuerdo a los exámenes, muestras y ensayos hechos por Contraloría, la profundidad de las tres obras: pavimentación flexible de la calle Kennedy, y la de los parques de Micaela Bastidas y Francisco Cabrera es de aproximadamente 45 centímetros, ¿qué pagó Javier Castro?
Para mala suerte del ex alcalde, todos los ingenieros especialistas en pavimentos consultados concuerdan que aún no se han inventado rodillos que sean capaces de compactar y hacer desaparecer toda la sub base o integrarla a una sola capa, reduciendo el espesor de la estructura de 70 a 45 centímetros.
Veamos qué sucede el tres de septiembre próximo cuando se dicte la sentencia de este proceso. Yo particularmente creo en la justicia de Dios y en la justicia de buenos hombres y mujeres, y este caso está en manos de jueces probos e idóneos, a quienes, estoy segura, no les temblará la mano para sentar un firme precedente y castigar con rigor a quienes mal usaron los dineros del pueblo.
No le tengo miedo a los insultos y diatribas de Castro Cruz, porque soy una mujer de bien, que no se sirve de la política; porque soy una ciudadana que trabaja honestamente y porque en esta región todos sabemos quién es quién.
Finalmente, puedo decir que la justicia tarda, pero llega.
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